95 - Poesia Online

95. Poesía más Poesía: Miguel Oscar Menassa

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Miguel Oscar Menassa

Del libro LA MUJER Y YO

32 LA MUJER Y YO

Estábamos acorralados pero libres,
Vivíamos solos, pero vivíamos del amor
y nos arrastrábamos entre las piedras
pero siempre estábamos en el aire.
Buscábamos la luna en pleno día
y el sol a medianoche, buscábamos
la caridad en los burdeles
y, claro, nunca encontramos nada
pero gozábamos como locos.

Una noche, eufórico, le dije:
Si no quieres naufragar, pequeña,
aléjate de mí porque a mi lado
estarás siempre atada, encadenada al goce
porque yo soy el que goza con el goce ajeno.

Estar a mi lado es encerrarse para siempre
en ese tiempo donde la mujer puede
arrasar el pasado, desterrar los recuerdos
y comenzar la nueva historia del amor.

Ella, corriendo todo el día por la calle
buscando algún trabajo, un falso amor
y yo, plantando legumbres y lechugas
en el patio de nuestro piso céntrico,
la espero, hago como que la espero y escribo,
la espero, hago como que la espero y pinto,
la espero, hago como que la espero y retoco
algunas fotografías del pasado lejano o cercano,
para que todo mi pasado, también el día de ayer,
alcance la belleza de la luz, del color, de la poesía,
de este porvenir radiante que aún no he vivido
pero que puedo sentir cuando lo escribo,
cuando con algún color desesperado
mancho, para siempre, la pureza del negro.

Me gustaría dejar de jugar hoy
para seguir jugando siempre.

A veces, toda la vida es eso, le dije.

Me gustaría adelgazar
para poder seguir comiendo
o trabajar de noche para no soñar
o emborracharme todo el día
para mirar mi sexo y verlo doble
y a ella, esta vez, no la besaría,
la arrastraría de los cabellos
tal cual un hombre primitivo
hacia las orillas de un poema
y la arrojaría a ese vacío de luz,
a ese abismo insondable
donde la palabra
tiene de la magia
todo el poder.

No éramos, exactamente, un hombre y una mujer.

Yo de ella lo sabía todo.
Ella de mí no sabía nada.
Cuando yo le hablaba en voz alta
de mi propia inteligencia o de mi amor,
ella no entendía nada pero me amaba.
Un día se lo dije con valentía:
¿Qué puedes amar de mí, si nada conoces?
Eso, me dijo ella, de ti amo el misterio,
lo que prefiero no conocer
para que la fantasía de mis sueños
sea la realidad de nuestro amor.

Con esos pensamientos, a veces,
la atropello conduciendo un camión
alrededor de la mesa del comedor
y ella no se da cuenta de nada.
Tornados, dice, terremotos
y ahí, en medio del mundo cayéndose,
los dos solos, abrazados uno al otro,
resistimos la inclemencia del tiempo.

A mí me pasa que, como la conozco tanto,
me da vergüenza dominarla con mi saber
pero debo confesar que me divierte
verla saltar de alegría o llorar hondamente
cuando le digo así o de aquella otra manera
que, directamente, la enloquece.

Ella cierra los ojos y me escucha
y ese es nuestro amor, nuestro poder.

No encontré el siguiente relato: 23 “Monólogo entre la vaca y el moribundo”

Intergaláctico y coloquial (3 de mayo de 1979) del libro Poética del exilio

Aquí hubo un error ya que más adelante se lee de nuevo “Intergaláctico y coloquial” pero con otro contenido. Supongo que lo correcto es buscarlo con la fecha pero no lo encontré en internet.

Del libro La poesía y yo

¿DÓNDE ESTARÁ EL AMOR?

¿Dónde estará el amor?
El amor. El Amor.
¿Dónde estará el amor?

Cuántas veces dibujé
la esquina
donde nunca llegaste
y te busqué
por los salones
y fui ladrón
para buscarte entre las sombras
y hubiera sido capaz de matar
si alguien me hubiese dicho
que en ese gesto te encontraba.
Fui solo y fui muchos.

Todos los cuerpos
fueron investigados
palmo a palmo.

Todas las máscaras
fueron arrasadas
para buscarte
en el centro de la verdad
y tampoco estabas.

Te busqué entre los pobres
entre las espesas capas del dolor
entre entrañas y sucios alcoholes
en el propio asco de la vida.

Después no te busqué más
encontré otras palabras.

Del libro Al sur de Europa

NERVIO ANGULAR

Nervio angular torciéndose en recodos.
Lo fue todo el amor, esa caricia boba.
Así fui, medio siglo, el bobo del amor.
Delirante, temeroso de que cualquiera me robara lo mío.

No tuve nunca nada,
sólo la reja que separaba lo mío de lo ajeno.

Embarcado por mi propio delirio
en una gran ola fantástica,
hice un viaje de luz y de palabras,
un viaje a poblaciones sin retorno.

Cuando veía de lejos un ser humano,
me ponía contento, golpeaba las manos
y el corazón me latía apresuradamente,
pero nunca intentaba emocionarme.

Al principio hasta me daba asco,
cuando los hombres se mataban o
simplemente se morían.
Luego fui la queja sin límites.
Quejas del alma quieta, quejido lujurioso,
y nadie me escuchó.

Del libro Poemas y Cartas a mi Amante Loca Joven Poeta Psicoanalista

HOY HE SIDO TOCADO POR VIENTOS DE VIRTUD

Hoy he sido tocado por vientos de virtud,
vientos de amor, de bellezas universales.
Hoy, espléndidas criaturas del ancho mar,
dejaron sobre mi piel sonrisas de futuro.

Vi cómo la bondad se anidaba en mi cuerpo,
cómo, lasciva, lamía una a una mis vísceras.
Mis manos, antaño criminales, se detenían,
serenas mariposas, enamoradas, en el bien.

Hoy, Dios, ha llamado, sin piedad, a mi puerta,
sin piedad, han llamado, los ángeles benditos,
los arcángeles y santos han llegado hasta mí.

Hoy han golpeado, en mi puerta y han entrado,
en mi cuerpo, iluminado, las santas doloridas,
en mi sexo, las siemprevivas vírgenes de Dios.

INTERGALÁCTICO Y COLOQUIAL

X

Intergaláctico y coloquial,
soy,
el fin de la locura.

Pequeña razón hecha pedazos.

Musgo naciente y firme
canción para el ocaso.
Paradoja brutal.
Máquina enfrentada a su pasión de ser.
Loca energía queriendo estallar el universo.

Una carne en medio, exacto, de la pupila astral,
una vagina, siempre descuartizada y abierta,
pariendo en los abismos celestes de la noche,
el infinito tiempo del amor.

Vejamen y luz,
vacilación instantánea entre los soles,
astillas de astros y astillas entre los astros.

Planetas mancomunados para vivir,
estallan en todas direcciones,
intentan en diálogo fulminante,
un jaque mate a la muerte.

Pájaro de nieve.
Pájaro de montañas nevadas.
ALAS Y NIEVES Y PÁJAROS DE SAL.

Pájaros ardientes de agua y luz,
lombriz del tiempo.

Pico de águila voraz sobre la única serpiente.

Manzanas y rojas esmeraldas
y magnolias sangrantes para los ojos
de aquel que vive entre las estrellas,
para vivir.

Debajo de la vida,
la tierra,
se abre majestuosa al opulento espacio de los soles.
Viajo, por ese tajo, hacia el espacio,
descubro el universo.

Serpiente y ángel,
siembro sobre los cielos el apocalipsis del sentido.
Busco,
en la propia corteza de la tierra,
un cielo azul,
pájaros entre montañas.

FRAGMENTO DE EDITORIAL INDIO GRIS Nº 134 AÑO III

CS: ¿Es necesario un maestro en una comunidad psicoanalítica?

MOM: Cuando un grupo psicoanalítico se divide para ponerse a favor y en contra de un discurso, deja de ser un conjunto de fragmentos para transformarse en un grupo disociado, todavía, no es un grupo de producción, pero ya no padece los fenómenos de la masa. En realidad, a mi entender, lo que se elabora en el nombramiento de un maestro es el canibalismo y esta elaboración no es toda la civilización que debe alcanzar una comunidad psicoanalítica, pero es su comienzo.

Del libro Al Sur de Europa

HAY MOMENTOS DONDE NO SE PUEDE MÁS

Hay momentos donde no se puede más.
Hay días donde la vida es inalcanzable,
donde el dolor produce pensamientos
de una muerte lejana, aquí, conmigo.

El futuro me llama con su voz de delirio,
acorta las distancias, se posa levemente
en mis cansados músculos, cierra mis ojos,
levanta la tapa de mis sesos y todo es gris.

Hay días donde no alcanzan las palabras
ni los recuerdos juveniles llenos de amor,
esos días secos, retorcidos, sin lágrimas
donde el dolor es tánto que no hay dolor.

Amada, amada mía, ayúdame a esconder
estas páginas blancas para que nadie sepa
para que nunca nadie conozca este dolor:

hubo una tarde, un día, que no pude escribir.

Del libro El amor existe y la libertad

EL AMOR EXISTE

La voluntad de amar,
única y poderosa voluntad
contra los misterios de la noche.

El silencio,
una brusquedad entre las sombras,
un saber,
un sigiloso silbido cortando el dolor
y, después, el silencio.

Descorro el telón, desclavo el ataúd
y hundo entre las carnívoras excrecencias,
inmaculado y bestial, mi sexo,
-arrogancia y esclavitud-
y el silencio.

Del libro La poesía y yo

SOMOS EL FRUTO MADURO DE UNA ESTACIÓN LEJANA

25 de Abril de 1982

En plena noche
Ella sigue siendo mi luz
y descansar me parece
absurdo en su presencia.

Ella produce luz cuando vibra su cuerpo
cuando su cuerpo tiembla de volcanes perdidos
de volcanes abiertos cual pestilente herida
escupiendo y llorando
calientes tempestades de silencio.

Abro los ojos para verla temblar
y Ella me enceguece con su luz.

Cuando su cuerpo recorre
los escándalos de la noche
cuando su cuerpo se detiene
violín interminable
en infinitas notas imposibles
como una música
loca de silencio
la luz
infinita luz
se enceguece a sí misma.

Al compás
de los últimos movimientos de su cuerpo
todo es gris.
Como cuando la lluvia
te parte el corazón
como cuando en invierno
las heladas razones del odio
en tu cuerpo
hacen fracasar todo temblor
todo sueño.

Y el gris es
más que la soledad
más que el silencio
como cuando las piedras
se defienden de las piedras
como cuando la noche estalla
de oscuridad y sombras.

Reina la noche
y Ella, todavía,
es Poesía.

Animal de luz.
Bestia del tiempo
baila para mí
última danza.

Se contornea y salta entre la muerte y la locura
sin brusquedad como danzando entre corales
como danzando entre nubes ardientes de plenitud.

Su cuerpo es el amor
es el amor que nos lleva más lejos que la muerte
amor de amores más imposible, aún, que la locura.

Amor no sabe nada de la vida
es una carne abierta
a las palabras más pequeñas.

Amor no reina sobre nada
danza sin esperar respuesta
como si la vida fuera su compás.

Furtiva
entre la espesa niebla
donde se pudre el tiempo
envuelta en mis palabras
crucificada por el amor
sonríe
abierta como nube
partida por el sol.

Yo era el inefable
hombre de las cavernas
buitre feroz sin patria
caía
con toda mi destreza
sobre tu pequeño tiempo
muerto entre la niebla
y me lo comía.

LA GUERRA

La guerra,
hoy estuve pensando en los señores y la guerra.
Y tengo que decirlo, aunque nadie lo crea,
mil litros de sangre coagulada rompieron a llorar.
El vientre de mi madre partido en mil pedazos,
sus brazos, sus amores, sus nervios congelados.
Mi padre, su mirada quebrada por el tiempo,
mi padre muerto, podrido, agusanado
y mis tristes hermanos y yo mismo, viviendo de silencios.

La guerra,
hoy estuve pensando en las señoras y la guerra.
En mi pueblo nadie dormía bien,
el corazón de la ciudad vivía alborotado.
Las mujeres tejían por las noches trapos de sangre,
los hombres murmuraban, urdían venganzas, se morían.
Los más jóvenes vestían de luto permanentemente
y los pequeños ángeles futuros morían antes de nacer
y mis tristes hermanas y yo mismo, muriendo de silencios.

La guerra,
esta vez, también, será con otros.
Hablaré con las voces ocultas de la tierra,
con aquellos muertos que fueron, totalmente,
privados de su libertad.
Hermosos muchachos, llenos de energías,
muertos antes de tiempo.
Soy esa grandiosa energía liberada,
nadie podrá conmigo, soy un millón de muertos,
el himno que la muerte reclama para sí,
lo negro de lo negro,
los brillos de lo negro,
las esmeraldas de la muerte.

SOCORRO NO PUEDO DETENER MIS PALABRAS

Este año quiero comenzar el año
brindando y no escribiendo
como todos los años anteriores.

Brindo por la revolución
porque nací en su tiempo
y por ser éste el tiempo de la furia
brindo por el amor a la revolución
y en ese amor
bebo la sangre y, también,
bebo la poesía de la revolución.

Levanto mi copa cual estandarte
para brindar por la mujer
porque Ella es de la revolución
su poesía.

Brindo por el hombre que no podré ser.

Tiro el contenido de mi copa
a la tierra
y brindo con los muertos.

En mi copa vacía penetran
los espíritus burlones
y poéticos de la noche,
y yo me los bebo
no sólo para divertirme
sino también,
para brindar contra la muerte.

Oscuridad para las luces
que huyen de mi cuerpo
violencia de claveles afiebrados.

Me detengo en la mirada de los amigos
para llenar mi copa con este verso.
Arranco de la espesura de la mañana
palpitantes estrofas.

Dejo caer sobre mi cuerpo
vertiente iluminada,
licores y sueños.

Unto mi cuerpo con babas perfumadas,
pólvoras humedecidas por el llanto,
olores de una revolución asesinada
y brindo por mi Patria.

En el intento
de universalizar mi canto
pongo sobre mi cuerpo
las sedas del ocaso
terráqueo sin medida
palabra rota
descuartizado ser
hacia el espacio
brindo por mí.

Delicado y fugaz
me parto en tus entrañas,
como el cristal del tiempo
como el cristal que suena
en la garganta cósmica
canción del Universo.

Hago de las astillas una flor,
dejo que los más pequeños,
rompan la flor entre sus manos
y arrojen al viento
las partes más bellas de la flor.

Caballero de la poesía
monto en pelo
a lo indio
una yegua con alas.

18 de noviembre de 1976, Madrid

Crecer no es beneficioso, ni placentero, sólo absolutamente necesario
(dicho popular árabe)

Querida:
Debes permitirle a tu escritura que crezca,
permitirle que sea más que vos.
Que ella no tenga la medida de tu cuerpo,
ni siquiera,
la medida de tus pasiones.
La poesía es inconmensurable.

Sería bueno
que escribieras sin esperar mis respuestas.
Sería bueno
que tu escritura rompa las barreras del sentido.

No intercambiemos.
La escritura no es un arte marcial,
la escritura es un complejo sistema de relaciones.
Escribir, no es deseo de nadie. Escribir, es un mandato social.

Volverse loco es siempre un torpe intento de libertad.
Amarremos a los idiotas,
y contemplemos sin ninguna otra intención el cerco de cerezos.
Limpiemos la celda,
es para toda la vida.
Ya zarpamos,
Quedarse quietos para que nada ocurra, es inútil.
Lo terrible ya sucedió.
El hombre es mortal.
Maravillarse frente al fenómeno es insuficiente. La poesía es un ardid.

Del libro Poemas y Cartas a mi Amante Loca Joven Poeta Psicoanalista

Querida:

En el rosado rozagante espectro
donde el moderno amor se deshilacha
encuentro tu perfume de mujer
y el tiempo es irreal, antigua la mirada.

Y para que no confundas más filete empanado con corazón enamorado, te diré: encanto espectral y diurno, como las espléndidas mariposas de la casa de mi abuela la conchuda. María, la inolvidable María, la de los pelos hondos y los ojos verdes como una lechuga recién nacida.
Huyamos del hambre, veneno cruel, que es simplemente por una locura que escribo. El ruido de la máquina me enorgullece como si fuera una canción famosa que un cantor famoso canta para mí.
Un ruido de lata contra lata, con variaciones de sepulcros abiertos a los gritos nupciales de las babosas cuando cohabitan entre los altos espineles alados. Voy vociferando lentamente mi destino como si mi destino fuera el destino de 1as pobres bestias inmaculadas, que no pudieron todavía hablar con ningún dios que les explicara el misterio de la vida. Como esas pobres bestias amantes de la muerte.
Oh, cuerpos del calor extremo, perfectas mariposas desesperadas, tenues ruiseñores alocados y ciegos, como usted, cantores de los días más espectaculares de nuestro proceso de fracasar, de nuestro gran error .

Yo soy el que se hunde silenciosamente en mí, para que puedas volar.

Ya tenés alas, volá para donde quieras, yo sigo en mi rincón a pan y mate, el resto es triste, lo cantaré a solas cuando tú ya no estés. Querida, quiero que comprendas, ¿cómo decirle a Dios que deje de serlo, cuando ya ha sido amado como tal?

Cuando ella me insulta es porque me pertenece, cuando ella me injuria es cuando más me ama. Está desesperada de amor, por eso me insulta, tiene celos de las letras de la máquina, porque las letras de la máquina tomadas en su conjunto son más que ella.

Alguna vez dirás que escribo porque escribo, y tendrás tus razones. Sin mucho dinero como para que las muertes cotidianas sean más breves o insignificantes, la mejor muerte a mi alcance es morir escribiendo. Se pierden con la escritura las necesidades pequeñas y el hombre escribiendo está hambriento de libertad más que de pan y cuando está hambriento de pan, siempre es algo general, muchos hombres y millones de niños mueren por falta de pan. El que escribe si no lo matan antes, los Estados o los medios de comunicación social, termina amando cosas grandes, praderas inmensas como las palmas del cielo, varios millones de piojos queriendo rescatar el picor que producen, un verdadero ejército de piojosos queriendo rescatar del mundo la mugre que padecen. Y, mientras tanto, una estrella se parte entre los ojos de los amantes.

Y todo es grande para el que escribe, cometas enarbolando banderas invisibles, espacios subterráneos, cárceles abiertas como brazos abiertos.

Velocidades supersónicas donde cada música encuentra su palabra.

El vuelco de los días, querida, ha de ser para adelante, nadie morirá del pasado.

Mis manos vuelcan sobre el papel palabras condenadas a morir en mí. Desarticulado aluvión de nuevas combinaciones para detener la muerte del moribundo.
Sólo tu madre puede más que la muerte.

Del libro La mujer y yo

17 LA MUJER Y YO

Una vez, ella me intimidó con sus preguntas:
¿Has tenido alguna vez pasiones verdaderas?
¿Alguna mujer, una idea, algún vicio, el poema?
Quedé como tocado por la nieve, helado.
Venirme a preguntar, precisamente, a mí,
si alguna vez, apasionadamente, entregué mi canto
a la mujer amada o a mis vicios secretos
y sorprendido me pregunté ¿Y ella me lo pregunta?
Ella, que transformó en virtud todos mis vicios
y se quedó a mi lado y, libre, amó todo mi amor.
Pero se fue poniendo triste de sí misma
triste de gozar de la vida y comenzó a sufrir.
Y nada le alcanzaba para seguir sufriendo.
Se ataba a los postes telefónicos,
para escuchar todas las conversaciones
y se metía en la vida de todo el mundo
pero ¡oh! singular mujer, ella,
no estaba en el mundo.
Y se engañaba a sí misma todo el tiempo,
se miraba en el espejo y se decía:
Soy una mujer, y se engañaba a sí misma,
cuando decía: soy una mujer independiente.
Y cuando se daba cuenta hasta con dolor
que no era ella misma la mujer de sus sueños
y que, ella misma, no era para nada independiente
dijo con pasión: Así es la vida, siempre nos engaña.
Hubo mujeres a mi lado
por decir algo, dije,
a quienes les bastaba
que yo tuviera sexualidad,
yo vivía y ellas se conformaban
mirándome vivir.
Esos días, cuando jugábamos a existir
terminábamos destrozados, sin fe
gritándole a la luna nuestro fracaso:
Existir no es posible, ni siquiera jugando.
Soy este trozo oculto para mí,
me decía ella llorando arrebatada
y tú no existes
a menos que esta mujer que soy
lo quiera.
Y el sol existe porque nos da vida
y de tanto nombrarlo lo hemos hecho posible
y nuestro amor, ¿qué sería nuestro amor
sin el beso o la frase de mañana,
que lo irán produciendo?

A mí no me gustaba filosofar,
yo era un hombre concreto
hecho de cal, de arena, de cemento
por eso que, cuando ella hablaba
tratando de eludir en el hablar
el compromiso de poder hacerlo,
yo la amaba por ese desparpajo,
por esa insolencia casi ingenua.
Hablaba del mundo como si ella
no estuviera en el mundo.
A mí me maravillaba su cordura,
su indiferencia, su disociación.
Hablaba de los hombres de las otras mujeres
como si ella fuera extraterrestre o divina
y a mí, hoy quiero confesarlo totalmente,
me enamoraba de ella esa pasión de soledad.

Ver programa de televisión sobre el poeta Miguel Oscar Menassa.

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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