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94. Poesía más Poesía: Miguel Oscar Menassa

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MIGUEL OSCAR MENASSA

DEL LIBRO MONÓLOGO ENTRE LA VACA Y EL MORIBUNDO

CAPÍTULO 25

Todo comenzó con mi viaje a Cuba.
Nunca hasta ese momento me había dado cuenta, y la vaca tampoco, que mi obra era tan grande, mis cojones tan importantes, nuestros amores tan magníficos, la herencia acumulada para dejar a mi familia no era tan poca, mis pensamientos tan generales, mi juventud, a pesar de mi edad, tan fuerte, mi poesía más bella que el pan y mis deseos de vivir 200 años, tan originales.
La vaca enternecida golpeaba, sordamente, con sus patas sobre mi corazón y mugía alegremente estar al borde de la felicidad.
-Si tú quieres, mi amor, mugía tiernamente, no nos pasaremos el resto de nuestra vida enseñándole a vivir a la gente que no quiere aprender. Y aya no será necesario, mi amor, detener nuestro paso para reconfortar a los débiles o volver nuestras cabezas al pasado para verificar quiénes no alcanzaron su cuota de goce o de dolor. Porque nosotros hemos conocido lo más bajo y lo más alto del ser, terminó la vaca, dejándose caer sobre mí hasta aplastarme.
Traté de respirar profundamente, para no tener que echarle la culpa a la vaca de mis trastornos respiratorios y recordé aquellas noches enormes de soledad, donde la muerte llegó a lamer mis seres más profundos, mis más delicados versos. Esas noches donde respirar era casi imposible, porque toda la humanidad había caído en el horror y, en el recuerdo de haber superado semejante trance, hundí mis manos entre la grasa tibia de la vaca y apreté, casi sin pasión, sin esperanzas, los saludables pezones de la vaca que, con alegría extrema y dando brincos de sorpresa, porque yo todavía estaba vivo, comenzó a cantar con su voz de vaca cálida y doliente:
-Tú me quieres dejar, yo no quiero sufrir… Mhumuuhmuuuuhmuhhhhuhummmmhuuuuuuummmm….
Librado de la opresión, llegué a pensar que para vivir 200 años, no sólo tenía que dejar de preocuparme por lo que moría o no crecía del todo, sino también, de la educación de la vaca.
Ella respondió, a mi entender, con demasiada prontitud:
-Yo no necesito ser educada, yo soy diferente y eso es lo que prefiero ser. A principios de siglo comenzamos una lucha equivocada, queríamos ser iguales a los hombres, pero impedíamos por todos los medios a nuestro alcance, que los hombres fueran iguales a nosotras. Mhumuuhmuhummmmmm …
La vaca parecía decidida a todo cuando pronunció la siguiente frase:
-Nos salió todo al revés, nosotras no conseguimos casi nada y ellos casi consiguen ser como nosotras.
Se metieron en la educación de los hijos y generaron una nueva especie (los drogadictos).
Se metieron en la cocina y produjeron la comida enlatada.
Quisieron controlar el amor, nos prohibieron la heterosexualidad y cuando se quedaron a solas inventaron el sida.
Es por todo eso que, ahora, no quiero que nadie me eduque y aunque usted, poeta, está más cerca de la muerte que del poder y algún día le darán el Premio Nobel, usted también al educarme intentaría hacerme como usted y yo, sabe, soy diferente y eso es lo que quiero para mí.
Tuve ganas de mugir y si no lo hice fue sólo para que la vaca no me dijera que me quería parecer a ella, pero si hubiera mugido, hubiera mugido un grito desesperado y abierto de independencia, de soledad.
Por fin era libre, por fin dejaría a la vaca seguir sus propios deseos. Si ella quiere libre seremos, sencillamente, eso, una vaca y un moribundo paseando por el mundo.
-Libre, dijo la vaca, quedándose sin voz, y decidimos libremente quedarnos cada uno en un rincón de la habitación pensando cómo iría a evolucionar en un futuro nuestra libertad naciente.
Respirábamos lentamente y al extender nuestros cuerpos para dormir, decidimos, cada uno por su cuenta, libremente, que nuestros pies se rozaran levemente.
Y al compás de esa caricia tenue que nos unía, nuevamente, soñamos sueños diferentes.
No mugimos, al comprender que todo el mundo mugía por nosotros.

INFIDELIDAD?

DEL LIBRO “PSICOANÁLISIS DEL AMOR”, 1994

¿QUÉ HACER?

Diría que esta es una pregunta moderna y antigua.
Una pregunta,
que no merece desatenciones.

Sin fuertes deseos,
sin grandes energías,
vivir,
es complicado.
Está claro que yo he sido torturado.
La libertad por lo tanto,
me sirve de poco.

Quedé atemorizado.

Fui arrastrado por sórdidas cadenas hacia esta nada inconmensurable.
Fui amado por varias mujeres,
fui,
atrozmente descuartizado.
Ahora,
soy escritor.
Otro tiempo.
Una voluntad desmedida,
todo cojones.
Fui aquél,
que tomándola entre mis brazos le quité la vida.
Fui aquél,
que entre mis brazos, le devolví el aliento.
Bien,
no puedo más,
que ahora,
haga lo que quiera.
La inseminación artificial,
también,
hará sus estragos.

Se volverá una vez más a sentir que las razas superiores deben ir exterminando,
lentamente las razas inferiores.
Las ciencias vienen asegurando el porvenir de esta ilusión.
Lo artificial,
nos terminarán diciendo,
siempre es más perfecto que lo humano.

Y para controlar el proceso,
irán prohibiendo la heterosexualidad.

¿Usted vio alguna vez un orgasmo?

¿Usted se dio cuenta que desde hace varios siglos, nos vienen diciendo,
que somos,
demasiadas personas,
para tan poco mundo?
¿A usted no le dijeron todavía,
que el trigo o el petróleo,
que el sol o la energía atómica,
son más que usted?

El goce propuesto,
como usted se dará cuenta,
es en definitiva,
superfluo,
ya que no encuentra en el sistema su propio tiempo,
y ocurre entonces,
en el tiempo de las producciones sociales.
Donde toda furia se hará sonido.
Donde toda energía se hará cosa.
Y el amor no existe,
porque el amor,
es un desvarío incontenible a plena luz,
delante de todo el mundo.
Ningún sistema que se precie de tal,
puede sostener su vigencia.
Perdón.
Y Gracias

DEL LIBRO “POEMAS Y CARTAS A MI AMANTE LOCA JOVEN POETA PSICOANALISTA”, 1987

Querida:

Doctor, sabe una cosa, puedo llegar a ser una escritora genial. Ayer a la tarde le dije a mi marido que me había acostado, perdón por la palabra, con usted, con mi psicoanalista. Y yo, sabe doctor, asombrada, con los ojos abiertos por sus gritos le pregunté, ¿por qué, querido, es más grave que haya sido con mi psicoanalista?

La pregunta detuvo mi corazón, mi pensamiento, la pregunta estaba dirigida a mí. ¿Por qué?, me pregunté yo a mi vez, habría de ser malo hacer el amor con el psicoanalista y entonces le pregunté a Ella, ¿y cómo le fue? Pero si todavía no hemos hecho el amor, doctor, qué me pregunta ¿Cómo le fue? ¿Sintió acaso deseos de morir, deseos de ser otra? No, doctor, usted ya sabe cómo me fue, se lo digo yo, para que usted no se gaste, si hiciéramos el amor a mí, su pequeña reina, me iría mal, yo sólo puedo con mi madre, con Ella en general, con la Muerte, con usted, si fuera capaz de llevarme toda la vida con usted. Pero usted es más que un cobarde, usted es una fruta madura a punto de pudrirse, ya casi no desea y sin embargo este arrebato que siento por usted, pero no, no podría.

Y a usted, doctor, ¿cómo le fue?

Hasta aquí y sin saber del todo por qué, te he complacido más que lo que tu propia salud mental podía soportar, sin sufrir los desequilibrios que en el momento actual te aquejan. Yo he sido tu madre y, ahora, te pasa como a ese niño que la madre tiene en sus brazos hasta los siete años y después lo lleva al médico porque el niño tiene un retraso para caminar. Acepto sin dilación tus reproches a mi trabajo, por no haberme dado cuenta antes de semejante situación entre nosotros, para poder decirte inmediatamente, que en muchas otras oportunidades hablamos estas mismas palabras y quiero recordarte, que tú rechazabas la idea, te ponías muy nerviosa, encendías un canuto y por fin me decías que me dejara de decir tonterías y que si yo seguía trabajando de esa manera tan brutal, no me volverías a pagar nunca más cinco mil pesetas la página.

Hoy no podré llegar hasta el final, hoy será preferible que guarde cierto silencio, ella ya dirá cuando diga.

Señor, somos las tristes marionetas amordazadas. El tiempo se ha roto, las horas huyen despavoridas unas de otras.

Ha llegado el amor. Los minutos son siglos, usted es el sol, su calor llega a mí desde lejos, cuando estoy enamorada, su luz, me acompaña todo el día y gran parte de la noche en mis sueños, por eso, doctor, yo prefiero odiarlo, alejarme de usted, olvidarlo.

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DEL LIBRO “YO PECADOR”, 1975

CONSEJO I

No te detengas
lo que nada lo puede
lo podrá tu amor
lo que no puede tu amor
lo podrá tu deseo.

Y si tu amor y tu deseo no pueden
el estallido debe haberse producido
seguramente en tu corazón, en tu cabeza.

Repliégate.
Húndete en el mar.

CONSEJO II

No hay que temer: el mar es para todos.
En marea alta dejarse llevar
no hacer movimientos contradictorios.
En marea baja dejar librado todo a la imaginación.

Es necesario que el mar
sea navegable en todos los casos.

CONSEJO III

Cuando llueve
hay que tener cuidado con los ángeles.
Suelen caer pesadamente sobre nosotros
cuando mojan sus alas.

No hay que tener piedad.

Uno solo de ellos
puede alegrarnos la vida para siempre.

DEL LIBRO “ESCRITOS DEL AMOR”

QUERIDA

Encuentro estos momentos de nuestra relación propicios para comenzar a decirte cómo es que a mí me gustarían las cosas entre nosotros. Y, sin embargo, elijo el silencio entrecortado de mis versos para no decirte del todo, para dar cabida, una vez más, a tu frondosa imaginación, sin la cual, debo reconocerlo, ya me sería muy difícil seguir viviendo.

Soy, mi querida señora, el que quiso matar la paloma de la paz.

El buitre ensangrentado lleno de furia por haber sido maltratado en el amor desde pequeño. Por eso, en los encuentros mortales, en la desavenencia nocturna del alba, allí puedo decirle los olores de las tristes mariposas muertas antes de volar verdaderamente.

Esas almas sin destino.
Voladoras para recreación de algún espíritu volador,
sin nada para ellas en ese arte de volar.
Quisiera, junto contigo, amada,
ser el estruendo mortal de la ineficacia.
Portero de la nada, del viento contra el viento,
un ser confundido con las más airadas protestas de
libertad.

Embelesado de no saber volver a ningún sitio,
abierto después de la tremenda ineficacia, en llamas multicolores, envuelto entre las razones de su odio, la espero. Malherido, lleno de horror por lo inevitable.

Envuelto en ramas, sacrificando algún olor, conteniendo la ira y el miedo, el amor ha permanecido en mí, inalterable. Lo sé, en los odios y las envidias más fuertes, en los desgarros más profundos, ahí, anida la poesía.

No es a un imbécil liberado a quien se le entrega la poesía, sino a quien le costó la vida liberarse, es a quien se le entrega la poesía.

Me ama cuando le muestro mi rostro ensangrentado. Cuando en mi cara aparece la mueca de la muerte, me adora.

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DEL LIBRO “LA MUJER Y YO”

37

He fabricado días donde el sol
no conocía su función de amor.
Incendiaba los bosques,
secaba la piel hasta romperla,
derretía los hielos eternos,
descomponía el alba.

Creyendo entender lo que decía
intenté, esta vez, responderle.

Para triunfar en eso que hacíamos
se necesitaban, al menos, treinta años
pero nosotros dos, que éramos geniales,
queríamos producirlo cada vez
que hacíamos el amor o sonreíamos.

Y cuando gozábamos de manera especial
creíamos que a la mañana siguiente debía
estar todo hecho y a las mil maravillas,
creíamos que mientras nosotros gozábamos como cerdos o como animales enloquecidos
o como estrellas perdidas para siempre,
miles de personas hacían nuestro trabajo.

Al otro día, al levantarnos a la mañana
y encontrarnos sin nada, sólo el goce perdido,
sólo esa música de ayer que se comió la noche,
pensábamos que el mundo no nos escuchaba,
que nuestros increíbles esfuerzos cotidianos
por hacer las cosas bien, eran inútiles.

Cuando nos quedábamos a solas,
sin saber por qué y sin motivos,
también, éramos injustos.

Cuando ella decía “me duele aquí”
la causa siempre era psíquica y banal.
Cuando yo decía “me duele aquí”
la causa siempre era mortal y quirúrgica.

Yo siempre la observo con mucha atención,
ella, a veces se cree y otras, se maldice.
Entenderla, y parece mentira, siempre,
es más complejo que poseerla.

Hay varios caminos para poseerla
pero casi ninguno para entenderla.

Cuando quiero entenderla
por el lado del corazón
ella se define por las tripas.
Cuando busco afanosamente
por el camino de su sexo.

Ella se define poeta o equilibrista
o líder internacional del movimiento
“LA MUJER, QUERIDO, ES MÁS QUE UN COÑO”.
A veces consigo tranquilizarla
pero siempre es a causa de un poema.

Después se hace la distraída
y me habla de follar a la deriva.

Sin nombre y sin dirección, le digo por decir,
y ella arremete lúcida, encantadora:

Sin esa estúpida mirándonos,
sin aquel otro que quiere que me vaya bien,
sin mi madre muriéndose en la página
cada vez que te beso o me acaricias,
libre de ti, ¿comprendes?
libre de nuestros cuerpos.

Sórdido sonido de la noche, murmuré,
llevas razón amada, vendrán otros amores,
vendrán otros amores a generar la nada,
pero tu piel, amada, no se detendrá jamás.

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DEL LIBRO “SALTO MORTAL”

20 DE NOVIEMBRE DE 1976, MADRID.

Los vaivenes de mi escritura no pueden ser soportados por un solo
[cuerpo.
O las palabras o las cadenas,
y para esto no es preciso recurrir al psicoanálisis.

Temen lo que se temía en 1900
¿Conciencialistas o ciegos?
Piensan donde son
¿Espartanos o pobres de espíritu?
Pero ya sabemos que no existen,
ni los hombres,
ni los espacios,
ni los tiempos.
Se piensa donde no se es.
Convivir es difícil.

Vida o poesía
serán sinónimos de muerte
en un tiempo
donde sólo se pueda
combinar hasta el paroxismo,
envenenar todos los sentidos.

Reconozco virulento que el goce femenino advenga,
sólo en las diferencias,
en un territorio
donde la mujer
lucha por la igualdad.

y si ellas son iguales a nosotros ¿Quién nos hablará del amor?
y si ellas no gozan,
¿quién gozará en este mundo?
Recomendamos romper los espejos. Ni buenos, ni malos. Esclavos.

DEL LIBRO GRUPO CERO ES IMPOSIBLE Y PSICOANÁLISIS DEL LÍDER

ACERCA DE UNA PREOCUPACIÓN ESTROBOSCÓPICA

Podemos asegurar que el submundo de las ideas puede lo que puede el submundo del sexo.
Si se trata del hombre, tienen sus límites, llegan sólo hasta el poder. Donde cada basura vale más de lo que pesa.
Vengo de un mundo, donde las piedras mueren en las piedras y el hombre sólo las transforma.
Voy hacia un mundo incalculable, donde todo brilla por sus uniones. Un mundo construido por conversaciones humanas. Un claro desafío contra las costumbres, un gran alboroto que anuncia la muerte de dios y el fin de la era animal para el hombre. Basta de piedras.
Vivir fue para nosotros, este tiempo, concebir estos textos. Queremos decir que también vamos a escribir sobre el amor.
Todos queremos vivir tranquilos. Ese imposible nos une en el lenguaje. Tomar un té tranquilamente, matar tranquilamente, morir ¿por qué no? tranquilamente. Tranquilamente quebrar la vida del hombre en un instante, doblegar el último sentido.
Morir, mueren las águilas nocturnas, los pájaros, las celestes civilizaciones y también, por qué no decirlo, mueren los humanos. Y tampoco está del todo mal. Morir, amar, dos zonas imposibles para el hombre.
Simbolizar, simboliza cualquiera ¿pero amar? ¿pero morir? ¿desencadenar un universo humano? Casi imposible, sólo poseo poder sobre el curso de los ríos, sólo conozco la dimensión de las montañas. Amarnos, amarnos, ya lo sé, un imposible.
Las palabras tienen todas las posibilidades de combinación. También la muerte. También el amor y sus apariciones, propias del desvarío.
Queremos decir: no sólo lo que se separa de nosotros es sustituido, sino también lo que muere en nosotros. Otros tiempos, otras palabras, son más convincentes que el pasado.
Feria de olores contra humanas ideas, seguramente, perderá la cosmética.
Los brotes de pasión, son breves para la historia. Los masturbadores crónicos, se desvanecen, antes de fin de siglo.
Un hombre solo, al igual que las piedras, pierde el sentido de lo humano y se fragmenta en la violencia de ser más.
Decimos que al hombre le falta casi todo, no sólo el inconsciente.
De todas las ilusiones, la nuestra es la mejor. Quería decir que todavía nuestros escritores no habían hablado de la muerte.
Fuimos jóvenes. Mamá todavía vivía con nosotros, y nuestra mujer fue nuestra mujer. Ellas, esclavas. Nosotros, proletariado desmedido. Se trataba como vemos de distintas liberaciones. Del ser y la muerte no había entre nosotros ningún enviado.
Esa fue la época del psicoanálisis. Grupo pequeño y transferencia, las palabras de moda. Todo fue sangre y medidas. Reino de lo biológico, donde la idea de progreso fue para todos salvación y ética.
Decimos que después de diez años de práctica psicoanalítica, el hombre que no transformó su vida, será todo lo hombre que su mujer le permita, pero afirmamos que su práctica no fue psicoanalítica. Le aconsejamos, antes de suicidarse, leer de nuevo algunos libros. Los libros pueden, a veces, con la vida del hombre. Fueron buenos médicos. Trabajadores de la normalidad y sus alrededores. Buscar científicos entre ustedes es tiempo perdido.
Decimos que la vida es una sola. Y, también, aprovechando que hoy día tanto se habla del marxismo, su práctica, como la práctica psicoanalítica, envuelve al practicante en su determinación. Queremos decir: o pervertimos la vida del practicante o pervertimos la teoría. Para que no haya perversión, ya lo dijimos, se trata de una verdadera transformación.
La revolución ¿se acuerdan? Un hálito contra nuestra propia moral. Un instante, el estallido atómico de un deseo, muerte y resurrección y después, otro mundo.
Venimos de las sombras, fuimos anunciados en un poema. Una palabra entrelazada al ser. Vinagre y maleza, hondas y nuevas preocupaciones. Palabras destinadas a lo más profundo del hombre.
Exquisito néctar olvidado. Antigua mutación donde el hombre, abierta sed, hambre desesperada, hechizado, por un pedazo de pan, pierde sus alas. Pierde, por una jarra de agua envenenada, la nobleza del vuelo.
Estamos, a esta hora de la noche, borrachos de fantasmas. Apocalipsis de los humos. Hoguera donde la humanidad tiende su fina red intemporal, sanguínea, orgía biológica, dolor y carne, fibras atómicas, células extraviadas en ese imponderable maravilloso del crecimiento atípico. Salvajes cánceres, creciendo por doquier, denunciando el destino mortal de una ética. El fin de una ilusión. Un feroz latigazo a la belleza.

DEL LIBRO “EL HOMBRE Y YO”

20

Y el dictador
soberbio y despiadado que me obliga
todo el tiempo a matar, enajenar,
despedazar o pervertir, todo lo que no piensa como piensa él.
Y después en el mundo
sólo viven sus sueños.

Esos días,
cuando el tirano me doblega, no existe la belleza,
ni el rubí, ni la flor,
ni el amor, ni el odio,
ni siquiera el poema. Todo el goce,
todo el placer que existe, nadie puede gozarlo sólo el tirano.

Y para mí,
sólo queda soñar, soñar, intensamente, que algún día,
cuando el tirano muera, podré vivir en libertad, conocer el amor
pero ya será tarde:
si espero,
para sentirme libre,
que el tirano muera,
al morir el tirano
me daré cuenta
que el tirano
soy yo.

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DEL LIBRO “ESCRITOS DEL AMOR”

QUERIDA

No habiendo encontrado, después de intensa búsqueda, el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso, he decidido, ya lo ves, que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.

El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del otro tu mensaje, de otros, para otros, hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.

En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio, porque después vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú, yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza.

Y volveríamos a nuestra ciudad, a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro, por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.

Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro.

Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.

Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.

Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.

Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar, sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.

Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.

Voz de tu voz, palabra de tu palabra
enredadera atada sin piedad sobre ti.

DEL LIBRO “BELLA DE DÍA”

Capítulo 11

Después de la lectura del poema, me miró como un hombre normal…
VENIAS A BUSCARME PROVENIENTE DE UN VERSO

Venías a buscarme
proveniente de un verso, despeinado y abierto,
con el viento a favor
a tal velocidad
que no podías detenerte.

Después, para poder besarme, dabas vueltas y vueltas
hasta caer rendido,
casi muerto, en la arena.

Yo te besaba el rostro,
las manos, las mentiras;
con mi lengua limpiaba
la arena de tus pies.

Y tú, muerto o cansado,
soñabas que dormías
a mi lado, en la arena,
y cristales del tiempo
caían en bandadas
sobre nuestra piel.

Después del poema, él me miró con cierta ternura de hombre y me dijo:
—Nunca seré un hombre normal, vine a la tierra para morir.
—Ja…Ja…Ja…. Todos venimos a la tierra para morir. Somos una especie mortal. —No, eso ya lo sé, lo inventó mi padre, pero yo vine a la tierra a cumplir una misión. —¿Y qué misión es esa que se cumple muriendo? ¿no serás un esotérico?
—No, mi muy Bella de mis pocos días, he venido a morir, según mi padre, para salvar a la humanidad.
—A mí me parece que tu padre está equivocado.
—¡Cómo dices eso de mi padre, nunca se equivoca!
—Todos los padres se equivocan.
—¿Ah, sí? ¿Cuál es la equivocación de mi padre?
—Mira, Jesús, te lo digo una sola vez y no te lo digo más. La humanidad no tiene salvación, así que
te prohíbo (y diciendo esto tomé una lanza del aire y le apunté a la cabeza) que mueras, la humanidad no tiene salvación.
—¿Entonces, mi padre se habrá equivocado? —Todos los padres se equivocan.

Miguel Oscar Menassa

DEL LIBRO “LA MUJER Y YO”

34

Hay hombres que no saben tratar a una mujer,
él me lo dijo, con algo de dolor, pero lo dijo:
Otra mujer me da lo que te pido a ti
y yo te doy lo que corresponde a otra mujer
y, sin embargo, nos amamos, seguimos juntos
yo recibo con ternura tu ternura y, también,
todos tus proyectos, todas tus ilusiones
pero no puedo entender del todo
mi sexo, ahí, como muerto, y tú feliz.

Es que pensamos diferente sobre el hombre
tú, querido, crees que el hombre es eso,
pero yo, en realidad, amo de ti la vereda,
la casa en que vivimos, el jardín y la flor,
la posición social de ser una mujer casada
y ¡oh maravilla! sin ninguna obligación
porque tú eres un hombre moderno.

Tus versos, eso me gusta mucho,
vivir junto a un poeta creo que me hace bien y,
después, el dinero fácil, sencillo,
ese dinero que se puede ganar
y que no se necesita para nada.

Te das cuenta, querido, que follar o no
pierde importancia frente a esta montaña
de ternura y pasividad, podríamos decir,
de un amor eterno, como el amor de Dios.

Hay hombres que nunca pudieron
decirle a una mujer que la amaban.
Ella llamaba por teléfono, desesperada,
de un país lejano y extranjero
para preguntar si él la amaba
y él siempre le decía:

Mejor lo hablamos cuando vuelvas.

Ella nunca volvía y cuando volvía
era para vengarse, para despreciarlo,
para hacerse amar por otro hombre,
para que alguien que no fuera él
le pudiera decir cuando ella viajaba:
Te amo y cuando nos encontremos
te besaré de una manera distinta,
arrebatadora y asfixiante,
bordaré, en tu pecho, amada,
la memoria de mi piel gozando.

Y ella era capaz de sacrificarse
para conseguir que un hombre le dijera:

Quiero que seas como un águila,
que no se come el viento
que la ayuda a volar.

Lo ama, sí, pero no se lo come.

Eso quiero que entiendas, bien amada,
puedes amarme todo lo que quieras,
hacer un altar, adorarme por las mañanas
pero tú serás la encadenada, yo sigo libre,
en el poema, en el universo del poema,
mientras tú me amas hasta enloquecer,
yo seré el amante de la libertad,
y fue entonces cuando ella dijo contenta:

Y ¿por qué ha de ser más difícil amarte a ti
que amar ese imposible de la libertad?

Cuando se juega fuerte, quise explicar,
hay que mantener las cosas en secreto
y tú, querida, estás jugando fuerte,
pretendes que el poeta que soy
te lleve por delante, te atropelle
y eso no está bien visto por el amor,
así que yo me quedo aquí,
en el poema, en plena libertad, esperándote.

DEL LIBRO “INVOCACIONES” 2007

POEMA CERO

Perseguido por todos los universos
más que satanás, distinto de dios
enfriaré con mi maldad
los fuegos sagrados del infierno
y encenderé pasiones
allí
donde la luz del bien refleje en mi mirada.

Diferente entre ángeles, superior entre demonios,
no tendré paz.

INVOCACIÓN A LOS DEMONIOS

Dónde están los demonios
Aquellos que me fueron anunciados
en el santo bautismo.

Aquí conmigo todos los pecados
y aquellos que vendrían por las noches
a vigilar mi sexo,

enamorados de mis ojos.

DEMONIO DEL NACIMIENTO

Venid blanco demonio
el manantial donde florecen las madréporas
espera nuestro abrazo final.
Nazco
y el estallido de la sangre
ciega tu ser.

DEMONIO DE LA PREOCUPACIÓN

Mi madre nació triste un tarde en Pompeya
donde seguramente
no cantó ningún pájaro

DEL LIBRO “LA POESÍA Y YO”

SIN BUSCAR SENTIDOS

Sin buscar sentidos
sin buscar sentidos
a veces no se puede vivir.

Buitre acostumbrado
a la carroña
vuelo sin olfato
perdiendo el rumbo.

Lumínico vientre
jugos
como vertientes de arrebato
contra los ojos mal-heridos,
desvariados.

La soledad
me tiende sus redes de brocato.

Me repito
un hombre solo no es un hombre
un hombre solo no es un hombre
y abro la boca hambriento
sin saber ¿Porqué?
me toca este camino.

Soñador
acostumbrado a vivir
empecinadamente la poesía
amo en general los silencios,
las brusquedades
los silencios.

Entendido en catástrofes
nazco
entre lo que se desmorona.

Piedras
antílopes caídos,
tigres
como llamas de seda.
Llamas
piedras
y entre los desperdicios
siempre encuentro una flor.
Una simple delicadeza
para el alma.

Volando entre galaxias
de nuevos pensamientos
mi vida
se llenó de malos pasos.

Normal. Normal
eso no pude nunca.

Soy una promesa
y el diente
posterior de la nada.
La poderosa serpiente
que le da vida a Dios.

Veneno y fe.
Veneno y fe
y azúcares
y olores
de azúcares quemados
y corales y negruras
y tiempo de paz.

Los hombres van y vienen
recuerdan y olvidan.

Panes y recuerdos
me repito a cada instante
panes y recuerdos
tuvimos todos.

Cuando partí de mi ciudad
lo sabía todo y lo olvidé
lo sabía todo y lo olvidé.

Viajo sin rumbo porque olvidé
el destino del hombre.

Tanta muerte y tanta locura.

Tanta soledad.
Mejor viajar sin rumbo
mejor detenerse
donde nadie se detiene
cielo hay
en todas direcciones.

Fui un perro, lo sé,
buscando en la basura
un pedazo de carne
y sin embargo
extranjero y feliz
quiero para mí
lo que me corresponda.

Orgulloso de mis defectos
soy un pavo real
sorprendido por sus colores.

Hasta aquí
amante de las virtudes de los otros
quedé sensible al asco.

Picoteo todo buscando el sabor deseado
y el sabor deseado
está en mí.

Normal. Normal
eso no pude nunca.

Alcanzo
las primeras arenas
a fuerza de coraje
no huyo del mar
lo abandono.
Incendio el mar.
Abro caminos
en los pantanos.

Busco
entre las fieras
un destino.
Mejor no tener nada.
Mejor
andar por la vida
como si el mundo
nos perteneciese.
Pisar aquí y allá
quedarse siempre
en el mismo sitio
y volar.

DEL LIBRO “SALTO MORTAL”

30 DE OCTUBRE DE 1976, MADRID.

He decidido dejarme crecer la barba, crecerá.
Se tiene que saber: todo crecimiento depende de una decisión.

La prohibición del incesto me sigue resultando una ley,
todavía adecuada
para el mantenimiento de las relaciones sociales.
Primero debe ser abolida la neurosis,
ver si es posible poner a punto la sexualidad que reclama,
la revolución burguesa.
Otras formas de sexualidad vendrán después.

El plus goce,
y esto es verdad en cualquier lugar del mundo,
antes o después del edipo,
delante o detrás del espejo,
tiene que ver con la esclavitud.

El que quiera su libertad que se la procure.
A mi, particularmente, la libertad no me interesa.
Me interesa condenar,
a quienes por el peso de una palabra teórica,
pretenden redimir la falta corporal repudiada.

El cuerpo no existe,
la palabra tampoco.

Se trata,
de una combinación

Los grupos deberían olvidarse de su prehistoria.
Si el pasado no existe,
la madre es un invento
Todo,
debe ser escrito nuevamente.

DEL LIBRO “EL AMOR EXISTE Y LA LIBERTAD”, 1984

LIBERTAD DIVINO TESORO

Soy un hombre de ciudad,
un hombre,
condenado a vivir entre las piedras.
Crecí entre el percal de los vestidos
y las babas de una señora inalcanzable,
la libertad.
Crecí sin vida interior,
en el pecho llevo un farol,
pequeña, simple luz y escribo versos.
En mi ciudad
cuando mueren algunos, alguien canta,
tenue luz,
murmura por las noches una tristeza,
un vendaval de furias,
repetición donde la muerte tiene su palabra.
De niño me dijeron que amáramos a Evita
y Evita estaba muerta
y yo la amé como se aman las sombras de la noche
y entre sus brazos y las sombras seríamos millones.
Un recuerdo:
fue muerto por la espalda, mi primo, Miguel Ángel,
como se mata a quien no se puede soportar la mirada.
Cuando murió Miguel, mi primo hermano, tuve un dolor,
una claridad definitiva y, sin embargo,
al otro día amanecí cantando.

Me fui quedando ciego,
de ver morir, de mirar matar,
de ver pasar a tanta gente indiferente.
En los ojos tenía gotas de sangre,
ardientes manchas de violencia en mis ojos.
Un odio, un amor, una lejanía sobre todo.

Bramidos ocres, quejidos de la bestia,
destrozados por la ilusión de ser,
por la ilusión de comerme las flores
y tus ojos
y las cosquillas en tus pies
y mis feroces mordiscos en tu sexo,
como si tu sexo fuera el fruto perdido del hombre
aquel limón, aquella manzana inolvidable.

La libertad se fue poniendo joyas,
piedras preciosas entre sus blancas sedas
y entre sus carnes, oro.
Se fue tornando inaccesible monstruo de la lejanía
y, entonces, fui creciendo entre las sombras
y entre las sombras amé la libertad:
fantasma acuático,
alondra muerta para siempre,
entre las pieles de vos,
señora lejana, perdida libertad.

DEL LIBRO “EL HOMBRE Y YO”

2

¿Mujer independiente o
tigre liberado de la selva?
¿Hombre o calmante
vitaminado para los nervios?

¿Soy acaso el que piensa
que nunca llegaremos
o el iluso que se levanta
todas las mañanas
para vivir un nuevo porvenir?

3

¿O bien seré, feliz mujer
que triunfó en la vida
por no haber vivido casi nada
y escribirlo todo?

Belleza la de un hombre
dejándose llevar
por una palabra fracturada,
partiéndose,
también él, en su sonido.

DE “CANTO A NOSOTROS MISMOS TAMBIÉN SOMOS AMÉRICA” 1978

CANTO PRIMERO

Y si quieren buscar
busquen en el tango.
Cantando y bailando,
descansando su cuerpo en las quebradas,
encontré,
todo lo necesario.
Escenarios dantescos donde la sangre,
era el alimento de los desposeídos,
una mancha de rubor
entre los ojos de la puta,
las manos del ladrón,
los versos del que dice,
amores extraviados,
crímenes perfectos.
¡Oh las locuras juveniles y los versos de Carriego!
toda la calle Florida lo vió,
con sus polainas,
galera
y bastón.
Nuestro tango aconseja,
dejarse caer,
morir alguna vez,
y la vida
sin titubear,
jugarla.

DEL LIBRO “LA POESÍA Y YO”

VERDAD HIRIENTE

Verdad hiriente
la verdad
de unos labios enamorados.

Allí donde la noche desanima
a los pequeños pobres taciturnos
en una voz extrema nace el amor.

Discreta alegría de saberme vivo.

Hoy amo la vida en general
y los pequeños pastos verdes
en el sosiego de la tarde.
Vivir enarbolando
mi propia piel
como bandera.

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