
PROGRAMA ESPECIAL NÚMERO 300 DEDICADO A MIGUEL OSCAR MENASSA
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SELECCIÓN DE POEMAS DE MIGUEL OSCAR MENASSA
EN UNA SOCIEDAD JUSTA, EL TRABAJO ES UN DON
1
Y éste es el verso donde intentaré
dejaros la enseñanza más necesaria:
En una sociedad justa, el trabajo es un don:
una alegría, un bien, humano propiamente,
con el cual se puede modificar lo natural
la vida, los enjambres de sueños, el sol.
Con el trabajo
el hombre pudo volar sin alas
navegar por la mares sin conocer el mar.
Del árbol
estupefacto de sorpresa ante el hombre
pudo el trabajo arrancar una silla
y de la piedra las señales
que forjan el porvenir del hombre,
su casa,
sus monumentos,
su propia lápida.
2
Quiero que siempre llevéis a vuestro lado
la gubia, la garlopa, el martillo, la hoz,
esas frases que servirán hasta el final,
para limar, las asperezas de la muerte.
Y si alguien os preguntara, para qué tanto,
para qué tanta pasión puesta en el trabajo,
vosotros responderéis, con celeridad:
para nada, trabajamos para vivir la vida
trabajamos
para que en el humano mundo
haya señas de que nosotros estuvimos,
creando y trabajando,
tal vez, en este mundo,
que hicimos un trabajo para vivir,
para amar,
para congelar la propia mirada de la muerte
hicimos un trabajo y escribimos un verso.
Del libro La maestría y yo
LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO
Un sí o, bien, un no, me hicieron
abrir nuevos caminos, abandonar caminos.
Hasta que topé, una noche, con la Poesía
me la pasaba volando de un lado para otro
según el capricho de mis tiernas amadas
que del amor, sólo sabían hacer el amor.
La Poesía me dijo con solvencia:
Para vivir, un hombre, no necesita volar
menos aún de un lado para otro tras su amada.
Un hombre debe tener los pies a la altura de los pies.
El alma al alcance de una breve caricia,
el sol sobre la tierra a la hora del sol,
el cuerpo y la palabra cual ríos disponibles
y a la noche algún sueño, una historia de amor.
Un hombre tiene todas sus esperanzas en el hombre.
Un hombre tiene como bandera la libertad.
Le da agua al sediento y lucha por un trozo de pan
y ama, hace como que ama pero no sabe amar.
Un hombre, dijo la Poesía, con severidad,
un hombre sabe que morirá y no le importa.
Sabe que muere cuando escribe y, sin embargo, escribe.
Sabe que cada amor le mata y, sin embargo, se enamora.
Un hombre, le dije, ambiciona volar
y aunque no pueda no le importa.
Ambiciona volar, ama la ilusión de volar.
Sentir en ese instante que algún día…
Un hombre, Poesía, es capaz de matar,
es capaz de comerse el corazón amado,
quitarse de la boca con asco un beso de amor
y amar, de sus cautivos amantes, el dinero.
También una tarde cualquiera un hombre
se deja acariciar por una brisa, un aire,
un sentimiento lo golpea en el pecho
y el pobre hombre cayendo se enamora.
Y hace como si tuviera sangre en las venas
y salta y corre y se acaricia con frenesí
y quiere entregarse, totalmente, por amor
y, ahí, viene la policía y lo encarcelan.
¿Me sigues, Poesía? Del hombre hablamos.
Es capaz de morir por ideales falsos
capaz de hacer la guerra por casi nada
dejar morir su otra mitad, en silencio.
Se mete en el centro del volcán y lo desafía.
Quiere atravesar los océanos con su cuerpo,
tocar la inmensidad, el cielo con sus versos
agujerear el vientre de la montaña, la piedra.
El hombre quiere llegar con sus latidos
al centro desconocido de la tierra,
a la vida íntima de todos sus amantes,
quiere llegar, al corazón de las cosas.
Y se enamora, Poesía,
y se pudre como una flor al sol
cuando alguien se muere o lo abandona.
Del libro Al sur de Europa.
Poema 18
Ser viejo como ser rico, le dije,
es una propuesta de la mente.
Y ella contenta me preguntó:
¿Acaso no habremos de morir
si escribimos y hablamos?
También ha de morir el hombre
que al escribir rompe los bordes del abismo
y algo habrá de enfermar el hombre que, al hablar,
pretenda entregarse a las palabras, ser de la voz
pero enfermar y morir para ese hombre
serán, también, sólo palabras.
Después estaba todo el día con hombres y mujeres
pero no eran amantes, eran misterios,
dramas insondables dominados por el odio,
la envidia, el menosprecio o, bien, el desamor.
Están cerca de mí pero dar el próximo paso
los sume en el delirio del amor, los agota.
Y después están los hombres las mujeres
que no necesitan de mí ni el pan ni la caricia
están ahí sólo para entorpecer los caminos
del poema, del pensamiento, la distancia
y en esas cosas del amor prefieren no saber
que el polvo aquél no era un regalo a nadie,
el polvo al que se vio obligado era su deseo.
¿Y tú qué opinas? le dije por decir, y
ella me dijo toda la verdad:
Cuando estoy supuestamente enamorada,
él piensa enseguida que le pertenezco
y cuando estoy como cansada por la vida,
por el mundo absurdo que nos hacen vivir
él enseguida piensa que yo no le amo.
Y, después, es todavía más ridículo:
cuando yo le sonrío, olvidada del mundo,
él enseguida cree que me ha ganado en algo.
No es que sea fanfarrón, es un ignorante,
nada sabe de mí, ni del tiempo, ni de la mujer.
Cuando lo abandone llorará como un niño,
pedirá perdón, querrá lavar los platos
pero ya será tarde, el mundo no perdona.
Entonces, pobre hombre, será mujer y niño
al mismo tiempo que hombre y nadie lo amará.
Como hombre nadie lo amará
porque su hombre ha renunciado a serlo.
Y tal cual una mujer nadie la amará
por no diferenciar lo grande de lo bueno
y como niño, el pobre, hará cosas de niño
pero será un hombre que sufrirá por serlo.
Inadecuado el canto. Débil la voz.
Del libro La mujer y yo.
COMO ELEFANTE TRISTE
Deseo hacer el amor en pleno verano,
como en mi tierra hacían los sin-tierra,
se reclamaban los unos a los otros
y ya no había amor.
Hacer el amor, me digo, con determinación,
con cierta alevosía,
como les pasaba a las mujeres de mi pueblo,
con sus amores únicos.
Hacer el amor hasta romper
el equilibrio que me permite amar.
Como las flores que agonizan,
quemadas, rotas,
por el mismo sol que les dio vida.
Ahora, en esta lenta mañana de verano,
quiero que el viento produzca,
ese sonido agudo y desgarrado,
del amor sin barreras.
Como hacen el amor las mariposas,
donde gusano y alas,
se juntan para morir.
Hoy quisiera practicar el amor bestial.
Como los cerdos hacen y las gaviotas,
y los vampiros quietos y las vacas.
Hembra y macho, animales en celo,
sin palabras
y un día dije:
hoy quiero amar todo lo que pasó.
y mi vida se llenó de muertos.
Confieso haber sido como ellos,
llegué a gozar sentado en una silla,
quieto, sin alma, esperando un verso.
Y, después, me gustaría amar,
de país a país, de océano a montaña
y dejarme caer como los soldados
que mueren abrazados al arma que los mata.
Tengo que amar, me digo, tengo que amar.
Como aman los jóvenes en primavera,
sin importarles nada, burlándose del mundo.
Me gustaría, porqué no, hacer el amor
tendiéndome en un verso,
como las letras,
las palabras hacen
y me pongo celoso
porque no puedo tanto
y lloro como una mujer,
lo que defendiendo como hombre
no sirvió para nada.
Amar, hoy me dejaría amar.
Sería el hombre muerto-vivo,
que la mujer desea.
Quedarme quieto, digo,
atarme, sin más, al porvenir.
Besar la boca que besa el universo
y apagar la luz.
Hoy es una tarde calurosa
de verano en Europa.
Y quien se lo imaginara
no hubiera podido nunca
imaginarlo así:
Sentado y escribiendo,
haciendo el amor en las cloacas de mi ciudad.
Conociendo a fondo la vida cotidiana.
«Amor y odio se parecen»
amor y odio se parecen,
gritaba el condenado
y se abrazaba
con ardor a sus propias palabras
y amaba
todo lo que no podía ser y caía,
se dejaba caer sobre su cuerpo.
Así quisiera amar, así quisiera.
Con el alma partida de soledad,
sin que nadie me vea llorar por lo perdido,
como elefante triste que no verán morir.
Del libro Llantos del exilio
CERTIDUMBRE
Puedo ponerme triste
por aquello que nos diferencia
y aquello que nos une.
Me identifico:
Soy un hombre del sur
Parado
los vientos cálidos pasan por mi cabeza
y los fríos
por mis pies.
Mis genitales miran hacia oriente
donde nació mi padre
donde crecen los linos
donde el amor -me dicen- y los ríos
son parecidos en el color y la frescura.
Conozco de los pasos hacia adelante
y de los pasos hacia atrás
de las peligrosas caídas
y de los saltos hacia el cielo.
Tengo
ciertas costumbres extranjeras
en mi país,
hago el amor y sueño.
Del libro Yo Pecador
EL GENOMA HUMANO
Hoy te escribo un poema y te lo digo,
a mí, la sonrisa, no me la tocarán.
Ni el amor, ni la brisa,
ni las ciencias, ni el arte,
ni el humano genoma que todo lo sabrá.
A mí, la sonrisa, no me la tocarán.
Ni el amor con su furia que te toca y te mata.
Ni la brisa o el aire de la rancia ciudad.
Ni las ciencias ligeras, exactas y arrogantes.
Ni las artes profundas de alguna humanidad.
Y el genoma sapiente, del hombre nos dirá:
De los seis mil millones que habitamos la tierra
humanos, debería saberse, todos por igual,
tres mil millones ya están muriéndose
por la «maldita» falta de pan.
Mas al pedir explicaciones
porque yo creo que sobra el pan,
el mundo entero de poderosos,
me respondieron con amabilidad;
que algunos mueren de sarampión,
la droga mata dijo el ministro
y otros se mueren por diversión.
Los que no comen no es para tanto
un error muy pequeño en la distribución.
Y en cuanto al resto, los tres mil millones,
viviendo y muriendo siempre la mitad,
el genoma supersapiente, del hombre nos dirá:
Ese medio cerebro que no podéis usar,
es la mitad del hombre que se muere por pan.
Esa doble vida: la realidad, los sueños,
es del hambre de la tierra sólo la mitad.
Si sólo muriera la mitad, dice el poeta,
el hombre llegaría a cierta claridad,
mas lo que pasa, genoma amado,
es que la culpa nos matará.
El hombre actual
el que se muere de su mitad
odia a los seres queridos
y ama la paz.
Maltrata hasta la muerte o el dolor
sea mujer, amante o concubina,
educa tan mal lo que produce
que envenena a los jóvenes
para que nadie le robe
su puesto de trabajo,
su único trabajo:
seguir matando a su mitad.
El genoma infinitamente sapiente,
al llegar a este punto, del hombre nos dirá.
El hombre vive enfermo y no se curará
para poder curarlo no alcanza la mitad.
Del libro Al Sur de Europa
SEGUNDO MANIFIESTO DEL GRUPO CERO
Escribo, escribo todo el día para saciar mi sed. Debo de pertenecer a esa clase de bebedores insaciables. Los de mi estirpe deben ser considerados seguramente como hombres que viven fuera de la ley. No somos lo que se dice apasionados, somos los que calculamos el destino, tenemos planes acerca del mal que nos corroe, queremos que él sea nuestra manera de vivir.
No queremos abolir la justicia, queremos agregarle a la justicia la capacidad de detectar las diferencias.
El hombre siempre es una encrucijada que se resuelve con un asesinato; la justicia debe saberlo.
La precisión de un acto (aunque en si mismo sea un acto salvaje) debe tener siempre el perdón de la justicia, si es un acto perfecto no volverá a repetirse.
Las imprecisiones habrá que castigarlas severamente; ellas anuncian la repetición inútil y ciega de una realidad infantil sin sentido social.
¿O mí ser no es acaso esa diabólica combinación de nuestros destinos?
Y el que no cree por que no sabe o por que nunca le tocará creer, que haga pruebas, que se desgaste hasta el final, que se vaya, que cierre de un golpe la puerta de nuestra casa, que vuelva malherido, que muera de espanto en un callejón sin salida, que comunique sin ningún cuidado las claves secretas de nuestro poder, que comente entre putas y rancios olores de semen fermentado, nuestros combates como si fueran frescas historias de amor. Nosotros sabemos que volverá. Nadie olvida lo que no se puede olvidar. Somos especialistas en altas cumbres, nuestro oficio es mostrar lo innombrable. En el principio éramos costureras del alma, remendones del piso de la vida, reanimábamos, dábamos calor y esperanzas. A cuanta inmundicia encontrábamos en el camino ofrecíamos nuestra comida y nuestra casa teníamos para cada uno las palabras de sus mediodías y las palabras de su noche. Nuestro oficio, en definitiva, era lavarle los oídos a los sordos. La cantidad exagerada de fieles probaba que nosotros éramos unos imbéciles. La cantidad exagerada de enemigos probaba que las pasiones no sirven para nada.
Pero ya era tarde, la carne habría de estallar cuando ya nadie esperaba su estallido. La sorpresa hizo imposible toda defensa. Y conocimos el chiquero y nos dimos cuenta que entre nosotros vivían los miserables.
Los que se comen siempre el pan que no les corresponde.
Los que nunca están dispuestos a hornear el pan que comemos. Los que se aburren por las cosas chicas y por las cosas grandes, digo: los que se aburren en general son los traidores.
Nosotros sabíamos desde el principio que la carne hablaría. Y la carne habló. En voz baja; solo unos pocos escuchamos, y dijo de la muerte y habló de que la piel se resquebraja con el tiempo, que nuestro sistema muscular estimulado constantemente ( y no sujeto el estímulo a ninguna LEY) termina por agotarse. Su sentido se pierde en su fatiga.
Ella dijo que todo podía ser gozo, pero que la violencia acercaba a la muerte Cuando dijo de la muerte de nuestros padres, dijo la verdad.
Amo mi carne por que en ella se encuentran los secretos de los secretos. Porque aprendí a amar mi carne en medio del chiquero, digo que desde hoy el misterio de la cifra exacta de mi ser, sólo será para quien comprenda su verdadera dimensión.
A los deportistas les aconsejo apartarse de mi camino, soy para ellos una luz mala,
Impiedad para quienes festejan todas las ocurrencias.
Impiedad para los que repiten el gesto amado en lugar de amarlo.
Impiedad para el que siempre diga que no; es un extranjero.
Impiedad, pura impiedad, para quien confunda nuestra carne con los ensangrentados bofes, que resucitarán, se cree, con la fornicación.
Impiedad, perfecta impiedad, para quien huyendo de nosotros tropieza con nosotros.
Y su voz se perdía entre el chapoteo de nuestros excrementos.
Y la carne dijo antes de morir
El goce será el encuentro con lo que no soy ni me pertenece; el goce será: el goce de las diferencias.
Si nada altera mi razón, si todo es igual, si ningún latido es diferente, si mi pulso es perfecto, si mis genitales mueren a causa de la quietud, no caben dudas, estamos en presencia de un idiota. Lo aconsejable, armar las maletas y partir. Siempre es mejor partir en la búsqueda de nuevos dioses, que morir entre las ruinas de los templos de de un dios que se desploma. Huir no siempre es la orden, sabemos que en medio de las catástrofes se encuentran las almas más puras, nuestras almas fueron encontradas en medio de las catástrofes.
Del libro Salto Mortal
32
Estábamos acorralados pero libres, Vivíamos solos, pero vivíamos del amor y nos arrastrábamos entre las piedras pero siempre estábamos en el aire.
Buscábamos la luna en pleno día
y el sol a medianoche, buscábamos la caridad
en los burdeles
y, claro, nunca encontramos nada pero
gozábamos como locos.
Una noche, eufórico, le dije:
Si no quieres naufragar, pequeña, aléjate de
mí porque a mi lado
estarás siempre atada, encadenada al goce porque yo
soy el que goza con el goce ajeno.
Estar a mi lado es encerrarse para siempre en ese
tiempo donde la mujer puede arrasar el pasado,
desterrar los recuerdos y comenzar la nueva historia
del amor.
Ella, corriendo todo el día por la calle buscando
algún trabajo, un falso amor y yo, plantando
legumbres y lechugas en el patio de nuestro piso
céntrico,
la espero, hago como que la espero y escribo, la espero,
hago como que la espero y pinto,
la espero, hago como que la espero y retoco algunas
fotografías del pasado lejano o cercano, para que todo mi
pasado, también el día de ayer, alcance la belleza de la luz, del
color, de la poesía, de este porvenir radiante que aún no he
vivido pero que puedo sentir cuando lo escribo,
cuando con algún color desesperado mancho, para
siempre, la pureza del negro.
Me gustaría dejar de jugar hoy para
seguir jugando siempre.
A veces, toda la vida es eso, le dije.
Me gustaría adelgazar
para poder seguir comiendo
o trabajar de noche para no soñar
o emborracharme todo el día para mirar mi
sexo y verlo doble y a ella, esta vez, no la
besaría, la arrastraría de los cabellos
tal cual un hombre primitivo
hacia las orillas de un poema
y la arrojaría a ese vacío de luz, a ese
abismo insondable
donde la palabra tiene de
la magia todo el poder.
No éramos, exactamente, un hombre y una mujer. Yo de ella lo
sabía todo.
Ella de mí no sabía nada.
Cuando yo le hablaba en voz alta
de mi propia inteligencia o de mi amor, ella no
entendía nada pero me amaba. Un día se lo dije
con valentía:
¿Qué puedes amar de mí, si nada conoces? Eso, me
dijo ella, de ti amo el misterio,
lo que prefiero no conocer
para que la fantasía de mis sueños sea la
realidad de nuestro amor.
Con esos pensamientos, a veces, la atropello
conduciendo un camión alrededor de la mesa
del comedor y ella no se da cuenta de nada.
Tornados, dice, terremotos
y ahí, en medio del mundo cayéndose, los dos
solos, abrazados uno al otro, resistimos la
inclemencia del tiempo.
A mí me pasa que, como la conozco tanto, me da
vergüenza dominarla con mi saber pero debo confesar
que me divierte
verla saltar de alegría o llorar hondamente cuando le
digo así o de aquella otra manera que, directamente, la
enloquece.
Ella cierra los ojos y me escucha
y ese es nuestro amor, nuestro poder.
Del libro La mujer y yo
IV
Nunca te dejes llevar por torpes sentimientos.
No ames, demasiado, el puro amor del alba
ni bebas, demasiado, del néctar de los labios
ni mires, demasiada, televisión por las noches
ni vayas a la guerra ni mates por la espalda.
No te dejes coger por la miseria de los ricos
ni por las ambiciones de los pobres.
Tú tranquilo, hombre, que no pasa nada.
No te dejes engañar por el amor de una mujer
y mucho menos por el amor de un hombre.
Lo mejor de todo es no servirle a nadie y
trabajar duro, por las dudas nadie te sirva a ti.
Y después si todo lo bueno no te alcanza
escribe versos de costado, sin caer en el abismo,
sin derramarte en lágrimas, sin morir en el final,
sin abrirte, sin llamar la atención, un verso sólo,
fuerte que desgarre las fibras de las letras,
pero que a ti te pase por encima, más allá de tu carne.
Después, descansa, toca la lira y canta en extranjero,
así, cuando ya nadie, nadie, pueda comprenderte,
serás, enteramente, libre, abierto a la vejez.
Del libro Amores perdidos
ALGO DE MIEDO TENGO
Algo de miedo tengo o mucho,
vivo como asustado,
como si no hubiese pagado los impuestos,
como si hubiese mirado lo que no debía
o me hubiese apropiado de mi trabajo.
Qué mal que la he pasado, pero qué mal,
agachándome todo el día para evitar
el balazo que sería certero en medio de los ojos
de no haber vivido estos últimos años agachándome.
Era la parte de las cloacas que sobresalía,
con la cabeza a ras del suelo conocí el amor,
con la cabeza torcidita para ver llegar al agresor,
descubrí sus piernas de brillantes desnudos.
Quise besar sus nalgas de nácar o delirio
y mis labios besaban con fervor la vereda.
La bella mujer se burlaba de mis cosas,
hacía como que bailaba sobre mi cabeza
y me tiraba un beso con la mano al partir,
indiferente,
como si yo pudiera alcanzar algún beso.
Después al trote movía sus caderas con intención,
diciéndome, tal vez, que si la amaba, la siguiera.
Le pregunté al primer transeúnte
si me ayudaba a levantarme
y el pobre, con ternura, me preguntó. ¿Por qué?
¿acaso te preocupa algún sueño de amor?
Es un amor sin límites, le dije al caminante,
un amor que alejándose me quiere en libertad.
Libre de pies, de manos, de palabras,
todo para el amor.
Del libro Al sur de Europa
VI
No estamos, exactamente, en ningún sitio,
somos esos arcángeles negros,
que sólo aparecen para enfrentarse con la muerte.
Vivir, vivir en el deseo, sin hambre, sin sueño,
invencibles en nuestro empecinamiento de vivir.
Y así comenzamos cada día, ciegos amantes del sol,
pero, también, enloquecidos amantes de la lluvia
y nos dejamos llevar por el viento de los huracanes
y nunca necesitamos volver a ningún sitio
porque de ningún sitio somos o hemos partido.
La vida nos entra por los ojos, casi siempre
y nos burlamos de todo lo que nos circunda,
sin otra razón que estas crueles lágrimas,
que no pensamos derramar,
que no pensamos ofrecer a ningún Dios,
porque nosotros somos dioses en nuestra burla
y ni siquiera ambicionamos morir
porque de alguna manera ya hemos muerto.
Del libro Amores perdidos
DOÑA POESÍA: LA DUEÑA DE LAS PALABRAS
(Extracto de la entrevista publicada en la Revista Oliverio en septiembre de 2003)
Porque ella, La Poesía, es la indiscutible dueña de las palabras, más aún de la propia locura, del simple hablar, en donde cada vez que pronunciamos una nueva palabra, adviene a nosotros, un nuevo sentido, aunque no lo sepamos.
Porque la poesía es la que legisla ese saber, y ese no saber, Y es en la Poesía donde el deseo y la locura, plasman su ser. Se sabe de antaño que la Poesía, mucho antes de que las matemáticas dieran un nuevo rumbo a la humanidad, hablaba de una voz, más acá de Dios y sin embargo, humana.
Y la Poesía como sin razón, como estallido sangrante en medio de cualquier vida, de cualquier frase, de cualquier historia, aún como sin razón, cuando los más ambiciosos, tratando de hacerla más aceptable, la transformaban en Filosofía. Quiero decir, que mucho antes que la locura hablara por sí misma, la Poesía habló por ella.
La diferencia entre la Escritura y lo que el hombre que escribe puede con su vida, es un drama que hasta ahora solo pudo ser solucionado con la muerte, la locura o la terrible enfermedad; en todos los malditos o en todos los aquellos que sin llegar a serlo, lo ambicionaban.
La vida de la Escritura es la vida de la Escritura y la vida del escritor es un mínimo inconveniente que la Escritura supera en todos los casos.
Pretender hasta ahora por hacer concordar la vida de la Escritura con la vida del escritor, es en todos los casos, llenar la Escritura de opacidades.
Si la Escritura, es decir, la formación material histórica de la producción del lenguaje escrito, ha de ser materialidad de toda producción científica y literaria, no ha de ser ella la que se verá sobredeterminada por el sujeto psíquico que ella misma utiliza en su realización, sujeto que padecerá al caer bajo la sobredeterminación del sistema Escritura, un desvío precisamente en aquello que por ahora le determina como sujeto del Inconsciente y como sujeto de las relaciones de producción.
La Escritura no respeta ninguna enfermedad, ni ninguna posición de clase, ella dispone de sus propias categorías, ella otorga posiciones de clase que nada o muy poco tienen que ver con los sistemas de producción imperantes,.
Las leyes de la Escritura no son siquiera las leyes del lenguaje, así que, si el Inconsciente está estructurado como Lenguaje, será una cosa y si está estructurado como escritura será otra.
Y escritura es, todavía, si me animo, diferente a escribir. No es el trazo, es el tiempo del trazo, es decir, su propia temporalidad.
Escribir de aquello que nos enceguece para usarnos en su desarrollo, es fuerte, algo así como intentar detener mi propia circulación sanguínea para estudiarla, ella no se lo permitirá a nadie. Detener su curso, para que alguien pueda poseerla, para que alguien pueda decir algo de ella, antes de que ella misma produzca sus sentidos, ni me lo puedo imaginar.
Y sin embargo, sé que sin imaginación, será imposible, insistiré, se ve que todavía me dan miedo las combinaciones, Edipo todavía me domina, todavía estoy esclavizado a dos ilusiones: tener el valor, tener el falo. Todavía deseo solo ausencias, soy un amante de la inmortalidad, temo la infinitud, prefiero que el mundo siga siendo un poco de dinero y la fotografía de mis familiares muertos.
Pretendemos una página en blanco permanente, ese ha de ser nuestro lecho de amor y también nuestro campo de guerra.
Hemos aprendido que la bestia de la Poesía, no puede ser saciada por ningún dinero, aunque su confort sea el más alto, ni por ningún sexo, aunque su promesa sea la más bella, por eso decimos que la bestia, no habrá de morir, la Poesía nos acompañará hasta el final y nada de versitos porque la Poesía es una manera fuerte de vivir en el mundo, una manera valiente de los terráqueos de mostrar lo que habrá sucedido.
Queda claro que si estará al final, tendrá que estar en el principio, y ese es el orden que Poesía y Psicoanálisis propone. El orden poético, la jerarquía de una lectura poética que no pueda ser comprendida sino por aquellos a quienes va dirigida.
Una lectura que cuyo procesamiento. Produzca una escritura nueva, que señale de un modo definitivo que en el siglo XX algo ha pasado: Poesía y Psicoanálisis.
Del libro Casi una autobiografía de casi un premio Nobel I
NO ES SÓLo
No es sólo inventar nuevos caminos, sino, también, retomar ciertos caminos que abandonamos por imposición de la cultura; del trabajo forzado, por imposición de nosotros mismos, reconozco haber abandonado caminos de placer para mi escritura, para mis estudios, por querer ser grande, por sobresalir.
Hoy, mirando la lista de autores y libros publicados, me di cuenta de que mis libros son los menos difundidos ¡qué horror!
¿Ves? hacer cosas por mi escritura, además de escribir, es uno de los caminos abandonados.
Difundir mi escritura me llenaba de alegría; recuerdo con verdadera emoción, caminando hacia el correo central con 200 libros ensobrados con direcciones de todo el mundo.
Llegué a mantener correspondencia con más de 100 poetas y directores de revistas de poesía de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Corea del Norte.
Al decirte por teléfono que no puedo hablar con nadie, de ciertos temas, me sentí caretne de amigos, hombres de mi edad manteniendo una conversación. Inmediatamente me doy cuenta de que no tengo amigos, porque tengo amigas con las cuales hablar.
Tal vez esto de los amigos por las amigas, se decidió en 1077. Cuando agrupé alrededor del significante Grupo Cero (claramente un grupo de hombres, algo machistas) muchas mujeres, bastante más que hombres, ahí comencé un camino, que me alejaría de los hombres de mi edad.
Nadie soportaba del todo bien, la cultura madrileña tampoco, que tantas mujeres estudiaran, escribieran, publicaran, discutieran, que tuvieran proyectos, ideas y que, además, pusieran dinero que ganaban con su trabajo en el conocimiento y embellecimiento del Grupo, ningún hombre podía soportar esa algarabía, ese ruido a mujer.
Yo pude, porque nunca me propuse soportar nada. Participaba en esa algarabía y hacía mi propio recorrido de hombre y nunca me importó que alguien escuchara.
Del libro Casi una autobiografía de casi un premio Nobel I
COMENCÉ A DARME CUENTA
Comencé a darme cuenta de que no era libre.
Nadie toleraba que a los 61 años,
amara el amor en lugar de hacerlo.
Nadie toleraba que a los 61 años,
todavía amara la libertad
que nunca había conseguido.
Ni yo mismo a los 61 años
puedo amar mis deseos sexuales.
Y después, las tardes de domingo,
me dejaba caer como una flor marchita
para que ella me pisoteara y nunca, nadie,
ni siquiera ella misma en su temblor,
podía tolerar mi resurrección.
Y yo me alzaba como los que saben volar
y ya tenía 61 años y siempre me veía caer
pero la vida misma es una sola para todos
por eso hubo días que algo en mí no caía.
Ella, rezando arrodillada
y yo, alzándome en la frase
hasta tocar su alma,
su vientre
su canción.
Ahí estaban las luces y éramos todos ciegos.
Nadie podía ver más allá de su amor.
Nadie podía llorar por desgracias ajenas.
Nadie podía dar comida al hambriento,
nuestra desgracia se lo llevaba todo.
Nunca hubo justicia entre nosotros
y jamás conocimos la libertad,
somos un pueblo muerto,
desde el comienzo nunca hubo pan.
Así eran las frases que ella recitaba
cuando, valientes, hacíamos el amor.
Y nadie toleraba que nuestro amor
fuera ese suave galope cibernético
a los 61 años
casi sin piernas
sin ganas de volar
sin cabellos al aire
sin manos al unísono
grabando en tu cuerpo
las huellas del tiempo.
A los 61 años,
cuando hacíamos el amor
todo era alucinación
verbo y locura.
Y lo peor de todo
era que nadie podía soportar,
ni siquiera ella misma,
que yo la mirara a los ojos
durante las comidas,
en el baño,
un momento antes de parir,
hijo o poema,
y la miraba a los ojos
cuando hacíamos el amor
y eso, en verdad, la enloquecía
y su goce era magistral y nuevo
pero nunca pudo tolerarlo.
Un día me lo dijo claramente:
no soporto que a los 61 años
seas tan feliz.
De Al sur de Europa
25 de Abril de 1982
SOMOS EL FRUTO MADURO DE UNA ESTACIÓN LEJANA
En plena noche
Ella sigue siendo mi luz
y descansar me parece
absurdo en su presencia.
Ella produce luz cuando vibra su cuerpo
cuando su cuerpo tiembla de volcanes perdidos
de volcanes abiertos cual pestilente herida
escupiendo y llorando
calientes tempestades de silencio.
Abro los ojos para verla temblar
y Ella me enceguece con su luz.
Cuando su cuerpo recorre
los escándalos de la noche
cuando su cuerpo se detiene
violín interminable
en infinitas notas imposibles
como una música
loca de silencio
la luz
infinita luz
se enceguece a sí misma.
Al compás
de los últimos movimientos de su cuerpo
todo es gris.
Como cuando la lluvia
te parte el corazón
como cuando en invierno
las heladas razones del odio
en tu cuerpo
hacen fracasar todo temblor
todo sueño.
Y el gris es
más que la soledad
más que el silencio
como cuando las piedras
se defienden de las piedras
como cuando la noche estalla
de oscuridad y sombras.
Reina la noche
y Ella, todavía,
es Poesía.
Animal de luz.
Bestia del tiempo
baila para mí
última danza.
Se contornea y salta entre la muerte y la locura
sin brusquedad como danzando entre corales
como danzando entre nubes ardientes de plenitud.
Su cuerpo es el amor
es el amor que nos lleva más lejos que la muerte
amor de amores más imposible, aún, que la locura.
Amor no sabe nada de la vida
es una carne abierta
a las palabras más pequeñas.
Amor no reina sobre nada
danza sin esperar respuesta
como si la vida fuera su compás.
Furtiva
entre la espesa niebla
donde se pudre el tiempo
envuelta en mis palabras
crucificada por el amor
sonríe
abierta como nube
partida por el sol.
Yo era el inefable
hombre de las cavernas
buitre feroz sin patria
caía
con toda mi destreza
sobre tu pequeño tiempo
muerto entre la niebla
y me lo comía.
De La poesía y yo
YO QUISIERA PRODUCIR
Yo quisiera producir
en el alma de la gente
un saber incuestionable
sobre la vida y la muerte.
Tengan cuidado, señores,
no se dejen convencer,
la muerte siempre es la muerte
pero el que muere es aquél.
Y en el trabajo
puedo asegurar
que aquél que trabaje
comerá su pan.
Y si no le alcanza
trabaje algo más,
mas tenga cuidado
no vaya a enfermar.
En el hospital central
y también en lo privado
según la suerte que tengas
vivirás o morirás.
Y no quiero aconsejarte,
mas follar es evidente,
te entretiene, te entretiene,
y te cura de algún mal.
Y después queda muy bien
hacerle ciertos regalos
que mejoran la salud
y la ponen muy contenta.
Cuando ella ríe, ríe,
muchacho, ponte a temblar,
porque su amor verdadero
está a punto de estallar.
De Poemas olvidados
LA MUERTE DEL HOMBRE
Es otra vez de noche
y en general
la casa duerme.
Una voz en la radio
dice últimas palabras.
Me entretengo con el humo
y me ocurren mil fantasías
y ninguna tiene que ver
con recostarme
tranquilamente en la cama y dormir.
Entre tantos papeles
terminaré siendo un escritor
y fijo mi mirada en la lejanía
y dejo que la historia del hombre
irrumpa
con la violencia de su sino
mi noche.
Enciendo cigarrillos a mansalva
uno detrás de otro como si fueran
centelleantes granadas contra los opresores.
Desde hace millones de años
el hombre vive de rodillas.
Las granadas estallan en mi rostro.
Primitivas presencias
pueblan mi noche de salvajes ritos.
Ceremonias donde la muerte
siempre es una canción
sublime y misteriosa.
Bestias indomables
semejantes al hombre
por la torpeza
de sus movimientos
danzan a mi alrededor
iracundos
silvestres.
En un mal castellano me dicen que su jefe
quiere charlar conmigo.
Sentado en mi cama escribiendo
pido que dejen de rugir tambores
que cese la danza
que me dejen escribir este poema.
El hombre tiene hambre y sed desde milenios.
Somos ese hombre hambriento y sediento poeta
cantad con nosotros:
Venimos de la Mesopotamia y del Caribe
y buscando la perfección hemos llegado
hasta los mundos que se esconden
por encima del cielo
y no hemos encontrado nada.
Siempre hay un hombre que tiene hambre.
Siempre hay un hombre que se muere de sed.
Aquí mismo poeta
en tu casa
anidan el opresor y el oprimido.
Sentado sobre mi cama escribiendo
les digo a los salvajes
que ya es noche tarde
que por favor dejen de danzar
que necesito
hundirme entre las letras
mi hambre
mi única sed.
Dejaron de danzar
y el que se destacaba
por su tremenda humanidad
me fulminó con su mirada.
¿Quién es más cruel?
Poeta
¿Quién más salvaje?
El que muere peleando
por un trozo de pan
o el que no muere nunca.
Quién producirá el exterminio
poeta. Mis armas o tus versos.
Y ahora poeta deja la pluma
echa a andar y piensa.
Sentado sobre mi cama
escribiendo le digo al salvaje
que no quiero irme de mi pieza
y que siempre supe que pensar
no era necesario y que deseo
es la última vez que se lo digo
seguir escribiendo este poema.
Antes de continuar me detengo
en la inteligencia del salvaje:
habla bien y mientras habla
deja escapar entre las palabra
el aliento
para que todo suene vital desgarrador.
Yo soy el hombre
grita la bestia encadenada
y tú poeta ¿eres el hombre?
Escribir para quién
dónde los amigos
y dónde los enemigos.
Dime poeta
¿tu canto
necesita del futuro
para ser?
Ese poema que escribes
contra todo
a quién le servirá.
A ver poeta un verso
que me diga ahora mismo
¿Qué es el hombre?
Sentado sobre mi cama escribiendo
me doy cuenta
que la inteligencia del salvaje
terminará quemando
todos mis papeles escritos
en esa hoguera
que fueron construyendo
a mi alrededor
sus palabras.
Dejo de escribir lo miro fijamente a los ojos
y murmuro sus propias palabras
en un solo verso un hombre
en un solo verso un hombre
y me decido a escribir ese verso.
Sostengo con mi mirada la mirada del salvaje
y con rápidos movimientos
tomo la ametralladora
y disparo varias ráfagas
sobre el cuerpo del salvaje
que con los ojos desorbitados
por el asombro
cae
para morir y desaparecer.
Sentado sobre mi cama escribo
ahora con la seguridad
de quien ha llegado a la cima:
Un poeta asesinó su hombre
para escribir este poema y eso
es un hombre.
Del libro La Poesía y yo
UN HOMBRE SOLITARIO NO ES UN HOMBRE
Un hombre solitario
no es un hombre
pero
un hombre que construye
semejante soledad
semejante fortaleza
de palabras
unas contra otras
águila voraz
en medio de las cumbres
y todavía más
no es un hombre solitario.
Un hombre
que se deja llevar
por sus palabras
no puede ser embalsamado.
Un hombre que canta
desesperadamente
el porvenir
brújula atascada
en una dirección
siempre diferente
no tiene Norte.
No hay altura que sobrepase
mis últimas palabras.
Escribo y lo sé el viento
me llevará lejos de mí.
Alguien tocará mi voz
en algún campo de batalla
y alguna tarde espléndida
morirá por mí.
Me fuerzo a comprender
y el hombre es inasible.
Se pudre y no se pudre.
Muere y canta a la vez.
Se deja volar
y para caer
pesadamente
corta sus alas.
Vértigo de luz
el hombre
un perfume
una música
a punto de olvidarse.
Abro la boca
y en un bostezo universal
aspiro profundamente tu cuerpo
y salto por los aires:
Hombre,
ave solitaria
minúscula y grandiosa
vuelo tembloroso
el último vals.
Del libro La poesía y yo.
CONSEJO I
No te detengas
lo que nada lo puede
lo podrá tu amor
lo que no puede tu amor
lo podrá tu deseo.
Y si tu amor y tu deseo no pueden
el estallido debe haberse producido
seguramente en tu corazón, en tu cabeza.
Repliégate.
Húndete en el mar
CONSEJO II
No hay que temer: el mar es para todos.
En marea alta dejarse llevar
no hacer movimientos contradictorios.
En marea baja dejar librado todo a la imaginación.
Es necesario que el mar
sea navegable en todos los casos.
CONSEJO III
Cuando llueve
hay que tener cuidado con los ángeles.
Suelen caer pesadamente sobre nosotros
cuando mojan sus alas.
No hay que tener piedad.
Uno solo de ellos
puede alegrarnos la vida para siempre.
Del libro Yo pecador
PARA QUE ALGO NAZCA, ALGO TIENE DE DEJAR DE VIVIR O LA NUEVA LEY DE EXTRANJERÍA
Ahora a crecer, que quiere decir:
entrenarse con voluntad fecunda
para poder dentro de unos años
saber vivir, amar en otro mundo.
Ahora a crecer,
a desviar nuestros principios,
a encarcelar nuestras pasiones,
hacerlas llevaderas y si un día,
siento una pulsación extraña
que al liberarme me condena,
diré que no, mil veces no.
Ahora a crecer,
a comprender el valor del dinero.
El dinero puede, cuando quiere,
de un solo golpe,
aniquilar toda virtud,
preñar la nada,
embellecer con flores el desierto
y hacer del hombre y de la piedra
dos amantes perfectos.
Ahora a crecer,
a dejarse llevar por el contrato.
Conocer a fondo nuestros sentimientos
para abandonarlos.
No poner nunca de excusa,
en el trabajo, un amor,
porque me quitarán el amor
y no me darán ningún dinero.
Ahora a crecer,
que quiere decir ahora a descansar.
No me fue posible encontrar nada en ningún sitio
ni amores, ni ventajas, ni pan, ni soledad
por eso me condeno a escribir un poema.
Un poema de un hombre
que ya lo tuvo todo
y desea soñar.
Un poema de un hombre
que sueña todo el día
pero no puede amar.
O la historia de un hombre
que trabajando duro 20 años
pudo al fin veranear.
o aquel hombre que amaba
sólo a su madre y que tuvo
un trágico accidente en el mar.
Hombres valientes,
hombres de acero firme,
combatientes,
en las calles de la ciudad,
todos contra todos.
Yo soy un hombre
y escribo con violencia.
A veces termino sabiendo
cosas que nunca viví.
Otras, me doy cuenta, vivo vidas
que nunca imaginé.
Soy elegante y voy vestido de palabras,
al mismo tiempo deseo y me desean
y eso me da coraje para seguir en el poema.
Me hacen sentir que escribo para el mundo.
Digo violeta, pongo violeta aquí
y el horizonte se tiñe de violencia.
Digo violencia, pongo violencia aquí
y un hombre arranca sus genitales
y los ofrece a Dios.
O bien, una mujer le dice al hombre,
¡mátame! por favor,
y él la mata con cierto nerviosismo
y la mujer, complacida,
goza mientras se muere.
Al hombre
lo meten en la cárcel 30 años
y cuando lo liberan
una luz lo enceguece
y muere atropellado y ciego
por un niño andando en bicicleta.
Un hombre, una mujer chocan en la vida
y se llevan por delante como bestias
y se sonríen, cálidamente y se abrazan
antes de caer.
Ese abrazarse, mutuamente, los salva.
Después sus vidas se llenan de papeles,
papeles de nacer, de haber nacido
en un país, un pueblo.
Papeles que confirmen
que padre y madre hicieron el amor.
papeles que me digan
que soy un hombre aquí.
Aquí, en este papel, se dice claramente
que este hombre que soy
nació de humanos seres
y el papel asegura,
con la fuerza de la palabra escrita,
que en el momento de la foto,
este hombre que soy, estaba vivo.
Vengan a mí, que tengo para daros nada.
nada de nada tiene el extranjero, nada
y, sin embargo, tiene un verso en los ojos:
Rueda la vida, rueda y, también, se detiene.
Aquí están, mi vida, mis hijos, mi dinero
mi trabajo futuro, todos mis amores.
Al menos dadme un papel que diga:
El extranjero Juan no tiene nada,
todo lo dio por un papel.
No tengo nada, ni dignidad me queda,
al menos un papel que diga que he vivido.
Éste fue Juan, nació de padre y madre
fue, exactamente, un hombre
pero vivía como un perro, sin amor y sin dueño.
Al morir, también, le fracasaron los papeles
y nadie se dio cuenta de su muerte.
”No estaba”, “no venía”, “lo habrían contratado”
pero nadie podía pensar que había muerto.
papeles, dadme papeles,
soy la mujer del valle donde la radiación
se comía, vorazmente, a los pájaros,
tengo en mi cuerpo marcas de la explosión.
Los salvajes carros de la guerra al alba
atravesaron nuestro cuerpo.
Ni alma nos dejaron.
Fuimos quemadas vivas y, sin embargo,
en mi cuerpo aún brilla,
la caricia del amado al partir.
Tengo los labios rotos por la sal de la vida
y, sin embargo, cuando vuelve,
dulce es el beso del amado
aunque vuelva a partir.
Cristos y deidades al pasar por mi pueblo
no encontraban consuelo al ver lo que pasaba.
Caín, el asesino, estaba vivo
y Abel de sueños era, inalcanzable.
En mi pueblo se violaban las vírgenes
para no contraer enfermedad
y ataban a los niños de la cintura para abajo
para que no pudieran, los pobres, caminar.
Y cuando no había pan o carne o gasolina
se mataba algún pobre, alguna puta.
Y hubo noches, en mi pueblo: la tierra,
que se llamaron las noches de las bombas
donde nos acostábamos uno encima del otro
para que los de abajo no murieran.
Y después hubo horrores que se olvidan,
horrores donde toda la culpa
la tenía Dios.
LA PATRIA DEL POETA III
Soy el que llega del centro profundo de la tierra.
El ozono vil,
el oxígeno apasionado del universo,
la sangre bestial.
He decidido vivir en un trapecio astral,
ser la marioneta intergaláctica.
Provengo de la tierra,
soy el furibundo vendedor de ilusiones.
Mi vida es la de todos.
Yo también clamo por lo que clama todo el mundo, quiero igualdad, libertad, trabajo para todos. Que nadie explote a nadie, que nadie ame a nadie, que nadie tenga necesidad de enseñar a nadie a vivir. Que no existan ni los colegios, ni las carceles, ni la homosexualidad, no la heterosexualidad, ni el individuo, ni la familia, ni el Estado, no la revolución, ni derecha, ni izquierda, sino tan sólo como las márgenes de un río.
La razón y la locura serán antigüedades de la ideología, y la burguesía y el proletariado, un error.
Bebo de este néctar de esperanzas, una copa más.
explotados y no explotados, intelectuales, artistas, reventados sociales, madre o padre de familia, dispuestos a todo, enfermeras, personal subalterno de las casas de masajes, homosexuales, feministas, poetas en general, partidos revolucionarios equivocados, prostitutas de cualquier edad y de cualquier sexo, ladrones solitarios, religiosos y religiosas con ganas de vivir, madre soltera, padre soltero, hijo sin padre y sin madre, extranjero con identidad precaria, buzos, mineros, destapadores de cloacas, trabajadores del metro, en fin, todo aquello que trabaje bajo tierra, los muertos en general. Fetichistas de todo tipo, amantes del dinero, de las plantas, de los animales, de las mujeres, de los hombres, amantes de los niños, de la cultura, de la civilización, del progreso. Curadores de todo tipo, instructores, guardianes de cárceles, sabios de la vida, maestros en general, guías de todo tipo, trabajadores de los baños públicos, personal de servicio, médicos en general.
Hombres y mujeres: Salud.
Bebo de este néctar de esperanza, una copa más.
No quiero la guerra y tampoco quiero la paz, porque la paz siempre es un trozo de la guerra.
No quiero ni los esclavos, ni los amos. Puestos en libertad los presos, deben ser puestos inmediatamente en libertad los guardias. Si los esclavos consiguen por fin su libertad, que haya, también, para los amos, libertad.
Que la sexualidad sea libre y que también sea libre la reproducción. Que no se vuelva a cometer el error de creer que la transformación de los modos de producción, quiere decir transformación de la ideología.
Todo humano debe saberlo, ahí, la revolución todavía no ha comenzado.
Que no exista el respeto, porque si no se va a maltratar a nadie y nadie se va a sentir maltratado, no será necesario respetar a nadie.
Chicos y grandes: Salud.
Bebo de este néctar de esperanzas, una copa más.
Que el espacio y el tiempo sean infinitos, como infinitas son las formas y el tiempo de lo humano.
Que el sol no sea nuestro fin, y que tampoco el sol sea nuestro límite. Que nuestra propia muerte no sea nuestro límite.
Que se termine, si es necesario por decreto, la paranoia intergaláctica. Que el mundo sea para todos, y que para todos sea el universo, también para sus actuales habitantes y, también, para nosotros.
Y basta de seguirnos tirando estrellas, pequeñas y grandes, a los ojos. Y basta. Y basta de que exóticos experimentos, tanto de vuestra parte como de la nuestra, traten de demostrarse desde hace miles, y miles de años, quién puede más, quién puede menos. A quién le corresponde dominar.
Y basta de mío y de tuyo, de nativo y de extraño, y basta de escritores y lectores, porque ha llegado la hora de conversar.
Terrestres y extraterrestres: Salud.
PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

