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93. Poesía más Poesía: Miguel Oscar Menassa

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MIGUEL OSCAR MENASSA

SELECCIÓN DE POEMAS

¿CON QUIÉN HACE EL AMOR UN HOMBRE ENCADENADO?

¿Cómo puede escribir un poema
un hombre que no conoce la libertad?

Hay días que me veo encantando serpientes.

Lujosas cobras como bandadas de calandrias
cantan sobre mis hombros.

El repiqueteo constante de mi voz
ha transformado sus entrañas.
El movimiento reptante .
de mis labios de marfil al hablar
anula repentinamente sus razones :
y yo soy ella.

Palabras como manos preocupadas
por los más leves movimientos.
El roce de un cabello con otro cabello
las pequeñas chispas
que se desprenden
de los ojos
el murmullo de las pieles deslizándose
unas sobre otras
anticipan que mis palabras
serán tragadas por la noche.

Ella deja de cantar y mis labios
bordan ahora los silencios.

Liberada del ruido ella repta
y toma posición de combate.
Mi cuerpo desnudo tiene
la palabra hermosura
untada en la piel.
Ella se enternece
por el milagro de mis formas
y repta
ahora envilecida
por la voluptuosidad
de sus propios movimientos
y desea besar
de toda la belleza
mis labios de marfil.

Cuando se detiene
es para decir que todavía
no ha comenzado el amor.

Y recorre mi cuerpo
como si mi cuerpo fuera
el camino hacia la montaña negra
y deja que su cuerpo
recuerde en silencio
mis palabras.¿Con quién hace el amor
un hombre que vive encadenado?

¿Cómo puede escribir un poema
un hombre que no conoce la libertad?

Hay días que me veo encantando serpientes.

Lujosas cobras como bandadas de calandrias
cantan sobre mis hombros.

El repiqueteo constante de mi voz
ha transformado sus entrañas.
El movimiento reptante .
de mis labios de marfil al hablar
anula repentinamente sus razones :
y yo soy ella.

Palabras como manos preocupadas
por los más leves movimientos.
El roce de un cabello con otro cabello
las pequeñas chispas
que se desprenden
de los ojos
el murmullo de las pieles deslizándose
unas sobre otras
anticipan que mis palabras
serán tragadas por la noche.

Ella deja de cantar y mis labios
bordan ahora los silencios.

Liberada del ruido ella repta
y toma posición de combate.
Mi cuerpo desnudo tiene
la palabra hermosura
untada en la piel.
Ella se enternece
por el milagro de mis formas
y repta
ahora envilecida
por la voluptuosidad
de sus propios movimientos
y desea besar
de toda la belleza
mis labios de marfil.

Cuando se detiene
es para decir que todavía
no ha comenzado el amor.

Y recorre mi cuerpo
como si mi cuerpo fuera
el camino hacia la montaña negra
y deja que su cuerpo
recuerde en silencio
mis palabras.

De: “La poesía y yo”, 1981

CARTA A MI PATRIA

Todo está bien y todo está mal
y no diré, como se decía antaño:
un fuerte viento ha destruido nuestra razón
y no diré:
fuertes borrascas,
se han llevado en su seno nevado el último amor

Una tierra se descompone en el rumor alado de mi canto,
en el rumor de una tempestad sin fin,
un huracán que más que anunciar el porvenir
nos recuerda despiadadamente el pasado.

Entre las palabras que deshollo vivas,
están las de tu piel.
Fragancia de limón entre los higos,
pequeña fragancia de amor entre las enredaderas.
Tajo de miel, tu sexo, abierto,
verde y natural.

Te enfrento en el fondo de tu mirada vacía
-obrera sarcástica de los pastos-
abro tu piel
y sobre alguna herida sangrante de tu rostro
una vía rápida y segura, entre tus venas
dejo caer mis palabras, veneno mortal,
gritos desmedidos sobre tu carne.

Soy un hombre que morirá casi seguro en sus andanzas.
Amante de los perfumes, la mujer, siempre me sobrecoge.
Un día cualquiera como me pasaba de muchacho,
escribiré un poema, encenderé la luz.
Soles, estrellas fugaces y soles majestuosos,
para que tu piel salte en pedazos.
Pradera verde y natural,
pradera infinita.
Ojo descuartizado de américa-latina,
pastos helados en plena primavera,
bajo el sol, exactamente, bajo el sol,
todos muertos.
Esfera de cristal,
banderita azul y blanca de mi pequeña patria muerta,
sobre mi ojos, en pedazos de sol, tu cuerpo resucita.

De "El amor existe y la libertad", 1984

POEMA DEDICADO AL GOBIERNO ESPAÑOL

Una vez llegué a decirle a una mujer
que mi bolígrafo no tenía ganas de escribir.
Después estando a solas escribí un poema,
pero a máquina.

Estoy atado a las consignas del amor,
decía el condenado,
pero estoy en la fábrica.

Y esa no es la única vez que me equivoco,
a veces, estoy atado a las consignas de la pobreza
y quiero hacer el amor.

Vivo atado a las consignas de la esclavitud
y sólo amo la libertad.

Me parto en dos de risa y, después,
vivo partido para siempre.

Fui ese soldado que le tocó
hacer la guerra todo el tiempo
y sólo tenía la ilusión de la paz.

Y vi caer palomas de la paz
atraídas por el fragor de las batallas
y yo mismo disparé contra palomas falsas
que te hacían creer que la comida era la libertad
o bien, que la libertad y la paz eran posible sin comida.

Y hubo días negros, tenebrosos, catástrofes incontables,
donde las palomas de la paz se mataban entre ellas.

la paloma, en definitiva, era un pájaro cruel
y por eso fue elegida como símbolo de la paz.
Es capaz de matar por casi nada
a un hermano herido que se declara perdedor.

Vivo atado a las consignas de las palomas
y voy por el mundo buscando un ser humano,
alguien que amando la libertad no quiera volar
alguien que al declararse vencido no piense en morir,

un hombre, una mujer que amen por amar,
una mujer, un hombre que construyan las sombras
que atraviesen el sol con una lágrima
y rompan las cadenas, del amor, al partir.

De "Al sur de Europa", 2002

DEDICATORIA

Dedico este poema,
en general,
A Todos.

A Latino-América,
porque amo,
su futura explosión

A la famosa América del norte,
porque mi poesía,
canta también,
a todo lo que muere.

A la vieja Europa,
y también,
a la Europa segunda,
porque temo,
por el futuro en general,
del Hombre.

A mis amigos,
a mis bellas mujeres,
y a los sobrevivientes de cualquier matanza.

A los mugrientos,
en general
a los extranjeros,
a los que todavía,
no tienen,
lugar para vivir.

A los conquistadores,
a la famosa reina,
cristiana y masculina,
nuestra amada Isabel,
y a su Fernando,
amado,
su gran amor,
su cálculo perfecto,
y a cuanto delincuente,
haya pisado,
-sólo por el afán de la conquista-
nuestra pequeña y grande,
desorbitada América.

A mis hijos:
Cecilia,
Antonio,
Alejandra,
y Pablo,
y del acorazado potemkim,
a sus marineros.

A las cálidas madres de mis hijos,
a todas las madres,
por haber soportado,
durante 5000 años,
la misma tarea.

A las mujeres del amor y de la rabia,
y digan lo que digan,
se lo dedico también a la mujer,
que tuvo,
la alegría,
para no morir.

La Pasionaria,
para quién,
cuarenta años,
de errores y ráfagas heladas,
no bastaron.

Y a Evita,
porque murió,
de un cáncer inmortal,
quiero decir,
de la ambición suprema,
comerse a sí misma.

A todos los malditos,
por una especie de amor,
por lo inútil,
de sus gritos al aire,
sin destino.
por las tremendas llagas
y los sublimes estallidos,
de sus infernales,
pobres locuras.

A mis amigos,
los únicos poetas de este siglo,
una especial dedicatoria,
Amigos,
NO VA MÁS,
se trata
simplemente de escribir,
un verso más que ellos.

El Ultimo,
que diga,
así debe ser,
todo lo contrario.

Dedico este libro,
para desprenderme de ellos;
a los surrealistas,
y a su pálida sexualidad,
acontecida,
después de la guerra,
y rodeada,
de amados familiares,
porque la cuestión,
era,
no llegar al fondo.
En definitiva,
tocar
y partir.

Partan por los caminos,
idiotas,
nunca protejan,
su propio pan,
y amen,
con una especie de rabia,
mezcla,
de unos pocos demonios
y tontas drogas,
a la increíble puta,
la virgen loca.

Y con un dejo de paternal tristeza,
amen,
a Nadia,
la piojosa,
la sucia pordiosera.

Y vociferen,
por las dudas,
que tan poca mierda entre las flores,
no tenga,
su verdadero olor.

Reservo,
mis últimas dedicatorias,
para hablar de la muerte.

Yo fui Pichón Riviere,
nuestro amado,
el inventor de la locura grupal,
y pido,
al quedarme sin voz,
que no se diga nada.
Sepan,
no puedo responder.

Yo fui mis queridos muchachos,
los de los ojos desmesurados,
abiertos al futuro,
los de los grandes ojos ciegos,
LOS AMETRALLADOS,
y pedimos,
para no morir,
banderas,
millones de banderas,
y de la poesía,
todo su fuego eterno.

Yo fui los célebres muertos,
los que murieron,
sin nada que perder,
los desposeídos;
los del pan,
sólo en algunos y fugaces atardeceres,
y sin embargo,
de pocas palabras,
y por el miedo secular a la muerte,
seremos,
si todo va bien,
los Esclavos Modernos.

Y para nosotros
no pedimos clemencia.

Cadenas contra cadenas,
rozándonos infinitamente,
a causa,
de la gran cercanía entre los hermanos,
lo prometemos:
no detendremos la muerte,
pero el ruido,
será ensordecedor.

Fui la poesía muerta,
y desde entonces,
habitan con nosotros,
los mejores.

Para ellos,
el funeral último.
la cremación definitiva
y a volar,
porque ya escribimos:
que nuestras palabras inunden,
-con el sólo objetivo de inundar-
las poblaciones vecinas.

Que todo sirva,
no nos dejemos convencer,
porque si se trata de ser,
fuimos también,
la muerte de la muerte,
el tenebroso viaje por el submundo de los cementerios,
y entre las tumbas de los próceres,
fuimos,
el salvaje erotismo.

Las más pesadas lápidas y sus violentas inscripciones:
Aquí yace el cantor
y próxima a su tumba,
yace,
su enamorada,
y todo,
puede ser un ardid,
una negra maniobra.

Era el cantor de los cantores,
vivió,
cinco mil años.

Fui todo lo que murió,
con la gran bomba.

Los enjambres de sueños,
acribillados por las partículas,
-horrores de las metálicas transformaciones-
y la espléndida y portentosa
escupidera atómica.
La cagada final.

Soy por último,
y esta vez,
pido perdón por la violencia,
el muerto que habla.

Un milagro de la poesía.
Una feroz combinación,
de todo contra todo,

El Mutante,
el diabólico experimento de la locura,
contra el final atómico del siglo:
en una sola voz,
todas las palabras.

Y ahora puedo decir,
que a la bomba feroz,
y a sus consecuencias,
soy inmune.

Una especie de salvaje indomable,
bárbaro del estilo.
El imbatible,
bólido parlante.

De " Canto a nosotros mismos también somos América", 1978

CUMPLIR 61 AÑOS CUANDO ESTALLA LA GUERRA

Hoy escuché a mi mundo,
el mundo donde vivo,
clamando por la guerra,
por la guerra total.

A matar, a matar,
gritaban los periódicos.
A matar, a matar,
decían por T.V.

A vengar nuestros muertos,
vociferaba el pueblo.
A matar, a matar,
enemigos, más allá.

Iremos por el aire;
iremos por el mar
y por la tierra iremos
escuchen el compás:

Vi morir una madre
de frío en la vereda,
esperando a su hijo
que nunca volverá.

Y una mujer moría
clavada en una espada,
que su amante muy joven
no supo manejar.

Y vi morir reptiles
atados a sí mismos
y vi morir el canto
en la voz del cantor.

Y mi madre moría
quemada por el fuego,
cual bruja o hechicera
del tiempo del terror.

La guerra se ha extendido
por mi mundo y el mundo.

Al aire libre no vivirá
ningún poema.

A aire libre no habrá
ningún amor.

En las trincheras se hablará
de la muerte
y por las noches se soñará
el horror.

Al alba, el miedo
vivirá en la palabra.
En los pechos maternos
se escuchará el fragor.

En el colegio el niño,
aprenderá a matar.
A cuidarse del compañero niño,
del maestro.
A cuidarse del cielo en su conjunto,
hasta del alma.

A cuidarse del viento huracanado
y de la brisa.
Del volcán poderoso que vomita
fuego y basura
y la pequeña colina perfumada
florecida y abierta.

En cualquier pequeño lugar
de cualquier Patria,
aunque sea la nuestra,
oscurece, se pliega la montaña,
se hace invisible el agresor.

En plena oscuridad
ya no se sabe:
¿quién es el asesino?
¿quién tiene que morir?

En semejante oscuridad,
que produce la guerra,
ya no se sabe
dónde está la amada,
ya nadie sabe
dónde anida el traidor.

Por eso nos miramos
los unos a los otros,
presintiendo un culpable
en cada humanidad.
Nos persigue el delirio
de una guerra sin fin.

El Capitán herido
gritaba a las estrellas:
Habrá guerra, habrá guerra
y todos morirán.

Cristianos, musulmanes,
ricos y pobres,
todo el mundo muriendo
por un poco de paz.

Todo el mundo muriendo
de una vieja moral:

La guerra es necesaria
aunque sea fatal.

Nada de nada,
no puedo escribir nada.
Todo el mundo está en guerra
y el poema está quieto,
detenido
como un preso de guerra,
en silencio
como en la esclavitud,
caído de dolor
cual torre muerta.

De "Al sur de Europa", 2002

CUADERNO Nº 5

Basta de amor, quiere decir que los resultados positivos, también, se consiguen por caminos diversos que no son el amor.

Cuando el resultado es negativo o poco beneficioso, el candidato ya ha dicho que no a varios caminos.

Por eso no vale la pena probar otros caminos, hay que cambiar de candidato.

Hoy pienso que puedo curarme hasta de mi frivolidad.

Oponer, por un tiempo, mi tiempo a todo tiempo.
Ahí, habrá algo novedoso, tal vez, lo poético, otro tiempo.
Después me vendrán a preguntar y yo, ya habré dicho.

Tenemos que liberarnos de viejas ideologías.
El poder que da el dinero no es para todos, pero las patatas tampoco y son mucho más baratas.

Hay algo que deberá ser encauzado en el mundo, pero eso no está en mí.

Basta de números, ya hemos alcanzado un nivel.
Ahora ambicionamos que se olviden que somos los triunfadores.

Fuimos los primeros, los mejores, los más numerosos.
Ahora ambicionamos mejorar nuestras lecturas, nuestras comidas.

Ambicionamos para nosotros, un amor fuerte, una escritura
delirante.

También hay locos a mi alrededor, que me obligan a cuidar mi escritura.

Ciegos compradores de oro me dejaron en libertad.
Ahora, sin ya necesitarlo, voy por mi deseo.

Hubo placeres despiadados,
todo el mundo gozaba,
todo el mundo lloraba de placer.

Después hubo días que alcanzábamos el infinito
y nos sentábamos a escribir.

De: “Poeta condenado” Sin fecha

DESPUÉS DE LA MUERTE

En el refugio de la noche
la vida se desplaza levemente.

Tan soberbio
tan espectacular era el poema entre las sombras,
que no me alcanzará para escribirlo,
ni la mañana, ni la noche,
ni el resto de mi vida.

Navego como navegaron los grandes navegantes,
a ciegas,
con el pulso detenido por la emoción de cada instante,
oliendo tierra firme en todas direcciones
y así,
otra vez el mar y el profundo cielo permanentemente.

Vientos perfumados
y peces enloquecidos por el hambre, festejan,
la inminencia de un nuevo fracaso.

Nadie ha de morir en ese olvido,
surgen, fortalecidas,
por el odio de seguir buscando,
imprecaciones y blasfemias.

Capitán del hastío,
siempre buscando tierra firme,
siempre encontrando abiertos mares y perfumes,
cerrados océanos.

Con la soberbia de un hombre encadenado
y libre,
un día terminaré gritando entre tus brazos:
yo maté a Dios, quiero la recompensa
y, seguramente, alguien me dará 30 dineros
y mi locura seguirá avanzando sobre todo.

Viene del sur, dirán, es un desaforado.

Anguila escurridiza y voraz,
eléctrico perfume entre las piedras,
palabra desmedida, es el poeta.

Vengo para que conmigo muera lo último.

Más allá de la nada comienza mi camino.

Un hombre es a otro hombre, su poeta y el Otro.

Olímpico destino y, a la vez,
embalsamada furia detenida.

Contraste primordial entre mi ser y el mundo.

Un hombre es a otro hombre, su mirada y el cielo.

Paloma mensajera y, a la vez,
nostálgico asesino entre las sombras.

Entrecortado canto poblado de silencios.

Un hombre es a otro hombre, la muerte y su milagro.

Intento arrancar la venda de mis ojos,
doy duros golpes en el propio centro del timón,
para desviar el rumbo y no consigo nada.

Fumo cigarros y bebo alcoholes fuertes.

Dibujo entre los ojos de la mujer que amo,
la posibilidad de un nuevo recorrido,
y frente a esa mirada maravillada por mi terror
rompo el sextante y la pequeña brújula marina,
y en el corazón pleno de la niebla
-en el comienzo de este nuevo final-
arrojo como si fueran desperdicios
mis últimos recuerdos al mar
y beso tus labios.

Tierra firme
y nuestro barco se retuerce entre las olas,
movimientos desesperados a punto de naufragar,
son el movimiento de nuestros cuerpos.

Babas y leches
se confunden con el torrente de aguas marítimas
y algas
y brillantes moluscos como perlas,
sacrificados a un dios.

Mar abierto
y nuestro barco encalla
en los afiebrados latidos de tu corazón,
tambor entre los leves murmullos de la selva.

Indómito
-salvaje anidando en la maleza-,
arranco tu sexo de la tierra, violines de la música,
movimientos como puñales clavándose en el cielo.

Antes de comenzar mi nuevo camino,
trato de señalizar el punto de partida.

Arranco desde donde el hombre se debate,
en los brazos sangrantes de la nada.

Yo soy ese hombre,
mordido por la vida humana a traición,
enajenado en el entontecido ritmo del reloj,
enloquecido por el palpitante ruido de las máquinas,
ensombrecido por la lujuria de los dioses asesinos
-hombres solitarios y, también, hombres habitados-,
y, sin embargo, doy mi primer paso.

Pequeño paso,
no emprendo veloz carrera hacia las tinieblas,
porque soy un hombre atemorizado,
que ya no sabe si su próximo paso
será marca o nivel de otros pasos humanos
o el callejón sin salida de su muerte.

En los pasos siguientes me desorienta
ver mi nombre en el nombre de las calles,
indicando la dirección deseada.

Brutal encuentro conmigo mismo y sigo andando,
porque seguir andando hacia otro descubrimiento cada vez,
después de los primeros pasos se hace costumbre.

Y, sin embargo, uno también se dice: aquí me detendré.

Detrás de mí, sólo montañas,
y sembraré esa tierra,
y atraeré con mi canto el agua de la lluvia
para que todo florezca y se reproduzca
y lo femenino sea ley del amor,
manzana delirante sin pecado,
y en ese paraíso viviré, tranquilamente, un tiempo.

Después algún humano habitante de la nada de Dios
intentará colonizarme y tampoco habrá guerra.

Cuando se sequen las flores,
cuando se pudran definitivamente los frutos,
porque ya no hay amor en su cuidado,
daré otro paso más,
pequeño paso conmovido como aquel primer paso,
y así, seguramente, veré distintos horizontes,
y así, seguramente, un día, moriré caminando
y nada pasará,
porque los violentos perfumes de mi cuerpo,
cuando camino, son mis propias palabras
y así, veo mi nombre volando en ese olor alucinado,
más allá de mi muerte,
caminando.

De “El amor existe y la libertad”

PARA HABITAR ESTOS NUEVOS INFIERNOS

Para habitar estos nuevos
infiernos que poseo
busco
nuevos demonios.

Demonios del olvido
conjurad mi milagro:
que no quede en mí
piedra sobre piedra
que sean descifradas
todas mis escrituras.

Que el viento azul
viento otoñal
donde la muerte
prepara sus encuentros
nos devele el singular
misterio de la carne.

Demonios del olvido
que ninguno
sepa toda la verdad.

Cubrid con tempestades
y violencias
el lugar de los hombres
donde la muerte
es sólo una palabra más

muerte

muerte…

De "La poesía y yo", 2000

ELLA QUERÍA ESO Y YO LE DABA ESO. NI SEMEN, NI SONRISAS, LATIGAZOS

Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

Al señor magistrado le podrás decir
que era el primer orgasmo de mi vida
y que esa emoción violenta me mató,
a mí no me lo digas, llévame una flor.

A mí, dame la opulencia de tus manos
pegándome,
abriendo surcos de amor sobre mi piel,
tu distancia viéndome gozar, eso quiero,
las blasfemias al oído para poder llegar:

Puta… Puta… Puta… hoy no te pegaré
y, ahí, comenzaba el gran concierto.

Los ayes de la bestia se tragaban el alma
la moral quedaba arrinconada en la ventana
y la carne en su ética, más allá de mi goce,
imponía la maravilla del dolor, su algarabía.

Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

A tus amigos puedes decirles
que no te amaba tanto.
Que me fui con un hombre
que permite el silencio.
Todos los amigos entenderán,
me fui con un hombre,
que amaba, con frenesí,
todos mis defectos.
Nadie preguntará por la que sólo goza
cuando sobre su piel el amor deja huellas
marcas que atestigüen que estuvimos, ahí,
amándonos.

Éramos únicos en esa soledad,
tú, enamorado de mis gritos,
yo, del dolor.

Tu cuerpo no existía,
sólo tu brazo firme
golpeando las nalgas de la muerte.

A tus amigos diles que un día me cansé
de tus modales delicados, de tu timidez,
que yo quería un macho a mi lado,
que me obligara a amar,
que me pegara siempre.

Y tú estabas lleno de palabras,
tu brazo, al pegarme, siempre tembló.

Cuando tu brazo dejó de ser tu brazo
y fue el viento de fuego del desierto,
la helada razón de los glaciares árticos,
ese día gocé,
ese día gocé desde la marca al alma,
ese día el dolor
gozó en mí como nunca.

Hielo sobre fuego y no se derretía.
Era un cristal que atravesaba el fuego
y al chocar con la piel se diluía.
Al recordar,
hielo y fuego eran el mismo sueño.

Quiero que intervenga la justicia,
que se abra un expediente
que se investigue nuestro amor.

¿Quién es el asesino?

Tus manos que apretarán mi cuello
hasta el orgasmo
o la tarde de otoño donde ciegos,
atravesamos las calles del delirio,
donde una gran maldad naciente
me hacía gozar.

¿Quién es el asesino?

Ese pobre hombre sin destino
que sólo desea mi deseo
de morir en sus brazos

o la pequeña mujer
que invade su cerebro
cuando me llama puta.
¿Quién el culpable, quién?

Si cuando su brazo se alzaba
omnipotente contra el mundo,
era la fuerza de su brazo, mi deseo.

Le digo no a la vida para poder amarte,
me hundo entre las piedras amargas
de tus universales reflexiones.

Esquivo bruscamente
caricias comprometedoras
y caigo, infinita,
en mi propia negritud.

Hoy no es el goce el que nos llama.
Hoy es la muerte la que quiere gozar.

¡Pégame!

Soy esa puta
que siempre quisiste maltratar.
La esclava por amor
que siempre ambicionaste.
La mujer extranjera y sin familia
que nadie reclamará.

¡Mátame!

Llénate para siempre de mis gritos
de goce con la muerte.
Toma distancia de nuestro amor
pidiendo piedad
y mátame.
Haz como que juegas con mi cuello
y rómpelo.
Desprecio tu cobardía
tu demencia varonil
y muero sin que me mates,
sin matarme muero.

Siembro en tu vida la duda, la sospecha.
No me has matado, no y, sin embargo,
eres el asesino, el que violó a su víctima
mientras agonizaba.

Escríbeme un poema,
no te olvides.
Dibújame en la cara
una sonrisa eterna.
Pon tersura en mis pechos
y en mis nalgas la salsa de la vida.
No dejes de decir en el poema
que yo, también, te amaba.

A mis mujeres amadas,
a nuestras novias amadas
les dirás toda la verdad:

Un día me pidió que la matara
y la maté.

Y a cada una de ellas, mis amadas,
le hablarás en secreto de nuestro amor
y del grandioso momento de mi muerte.

Ellas se volverán locas
y buscarán el goce del dolor
y tú serás el asesino en serie
que la historia jamás olvidará.

Ten un destino
pégame más fuerte
mátame.

De “La poesía y yo”, 2002

COMO ELEFANTE TRISTE

Deseo hacer el amor en pleno verano,
como en mi tierra hacían los sin-tierra,
se reclamaban los unos a los otros
y ya no había amor.

Hacer el amor, me digo, con determinación,
con cierta alevosía,
como les pasaba a las mujeres de mi pueblo,
con sus amores únicos.

Hacer el amor hasta romper
el equilibrio que me permite amar.
Como las flores que agonizan,
quemadas, rotas,
por el mismo sol que les dio vida.

Ahora, en esta lenta mañana de verano,
quiero que el viento produzca,
ese sonido, agudo y desgarrado,
del amor sin barreras.
Como hacen el amor las mariposas,
donde gusano y alas,
se juntan para morir.

Hoy quisiera practicar el amor bestial.
Como los cerdos hacen y las gaviotas,
y los vampiros quietos y las vacas.
Hembra y macho, animales en celo,
sin palabras.

Y un día dije:
hoy quiero amar todo lo que pasó.
Y mi vida se llenó de muertos.
Confieso haber sido como ellos,
llegué a gozar sentado en una silla,
quieto, sin alma, esperando un verso.

Y, después, me gustaría amar,
de país a país, de océano a montaña
y dejarme caer como los soldados
que mueren abrazados al arma que los mata.

Tengo que amar, me digo, tengo que amar.
Como aman los jóvenes en primavera,
sin importarles nada, burlándose del mundo.

Me gustaría, porqué no, hacer el amor
tendiéndome en un verso,
como las letras,
las palabras hacen
y me pongo celoso
porque no puedo tanto
y lloro como una mujer,
lo que defendiendo como hombre
no sirvió para nada.

Amar, hoy me dejaría amar.
Sería el hombre muerto-vivo,
que la mujer desea.
Quedarme quieto, digo,
atarme, sin más, al porvenir.
Besar la boca que besa el universo
y apagar la luz.

Hoy es una tarde calurosa
de verano en Europa.
Y quien se lo imaginara
no hubiera podido nunca
imaginarlo así:

Sentado y escribiendo,
haciendo el amor en las cloacas de mi ciudad.

Conociendo a fondo la vida cotidiana.
“Amor y odio se parecen”
amor y odio se parecen,
gritaba el condenado
y se abrazaba
con ardor a sus propias palabras
y amaba
todo lo que no podía ser y caía,
se dejaba caer sobre su cuerpo.

Así quisiera amar, así quisiera.
Con el alma partida de soledad,
sin que nadie me vea llorar por lo perdido,
como elefante triste que no verán morir

De “Llantos del exilio”, 2001

EL AMOR EXISTE Y LA LIBERTAD

Fui un hombre
amante de la libertad
y los venturosos días por venir.
Después cayeron sobre mí,
la guerra y sus estragos.

La libertad,
se fue poniendo negra entre mis brazos
y aquel bello rostro de los recuerdos infantiles,
su rostro,
se evaporó lentamente entre los ojos de la muerte.

Gritos desesperados saliendo a borbotones,
llamándola por última vez y, ella,
alta y desnuda, ráfaga inalcanzable de cielo,
ordena matar.

II

No sabemos, todavía, no sabemos:
¿Quién está vivo y quién está muerto?

III

A nuestro alrededor
la libertad seguía volando libremente
y volando,
se hablaba de ella en otros mundos
y volando,
había un reino más allá del cielo,
donde la libertad,
entre los soles de las galaxias superiores,
reinaba,
siempre intangible y serena,
la vida de los hombres.

IV

Para vivir, fue necesario
llenarse la cabeza y el alma de ilusiones.

Para vivir, fue necesario,
dejar de vivir.

V

De un ser despedazado hicimos escritura.
Una escritura hambrienta de porvenir,
libertad a los cuatro vientos,
amor, loco y vivaz, entre las letras.

Una escritura desesperada,
desenfrenada buscadora de amor.
de libertad, de humanidad.
Todo lo que no existe.

VI

Tiempo donde toda la música,
era el quejido de los moribundos.
Tiempo donde toda la alegría,
era recuerdo.

VII

Entre los bramidos de la muerte
me hundí en mi propio interior.
Quise encontrar sentido al universo
en el centro de mis tripas.
Hice de mi corazón,
un breve y opulento palacio de cemento.
Puse alambre de púas en mi piel,
me rodeé de fosos,
levanté los puentes levadizos
y puse cadenas a mi alrededor
y cadenas
y reflectores contra el sol
y dejé de escribir, porque temía,
que mi escritura transformara mi vida.

VIII

SILENCIO
era lo único que pedían.

IX

GRITAR
fue el único deseo.

X

Gritando y enmudeciendo para no morir.
Recordando y olvidando todo para no morir.
Levantando y agachando la cabeza para no morir.

XI

Quise volar como los pájaros, gruñir como las bestias

Quise ser Dios
y me moría de hambre con los hambrientos.
Quise ser millones
y lloraba con los desesperados porque llorar,
es un recuerdo del hombre inolvidable.

La alegría me caló los huesos cuando le opuse
mi primer verso a la muerte.

XII

QUERIDA MUERTE,

a tu pesar,
a mi pesar,
la vida continúa.

XIII

Grotescas olas, cataclismos inesperados,
retorcimiento visceral.
Torturas
y hambre
y pequeños pecados solitarios,
que el tiempo castiga con la muerte

Un tiempo que todo da lo mismo.

XIV

Un tiempo,
un viento,
un opaco murmullo,
te parte la vida en mil pedazos.
Después, un hombre es lo que es.

XV

Después de la catástrofe escribo versos
y hago el amor porque el amor,
también hace la guerra.

Hablo a mis hijos del movimiento de los astros:
es posible hablar de las estrellas sin tocarlas
y nos quedamos mirando, tranquilamente, la luna,
el vuelo borracho de alguna abeja entre las flores
y nos distraemos con cualquier tontería de la tarde
porque les hará bien, me digo,
que vayan olvidando el nombre de los muertos.
Y sueño todas las noches un futuro brillante
y me levanto buscando un sol que hoy tampoco estará
y busco entre los hombres con quién hacer la guerra,
porque la guerra, también, hace el amor
y escribo versos.

XVI

Creciendo contra todo,
ambicionando todo lo que pronuncio,
le fui poniendo alas,
bujías electrónicas,
motores supersónicos a mi canto.
Y creciendo hice versos
y mis versos creciendo,
fueron mi vida.

De “El amor existe y la libertad”, 1984

ADIÓS CULTURA MI SEÑORA

Cuando pequeño escuchaba hablar a los mayores:

Ella, un día, abriría sus puertas,
para que yo entrara, por fin, a la vida.
Joven príncipe entrando al palacio que le corresponde.

Yo crecía
y mis amigos crecían
y todo era esperanza.

Estábamos aniquilados por una ilusión:

Ella un día abriría sus piernas, sus puertas, sus ventanas
y nosotros entraríamos en ELLA como ELLA en nosotros
y, en ese instante, el reino de los cielos en la tierra,
sería la cultura.

Con el tiempo, esperando y haciendo nuestras cosas,
-esperando de día, haciendo nuestras cosas por la noche-
fuimos transformando todas las ilusiones en banderas.

Salimos a la calle para gritar:

¡la cultura es nuestra!

¡la poesía al pueblo!

¡la mujer a la poesía!

Gritábamos de todo, después,
percibimos los aullidos de Hiroshima,
empobreciendo cualquier dolor.
Dejamos de gritar.
Con los dientes apretados,
con una palpitación interior, increíble,
como si la vida fuera eso, apretar los dientes.

En la quietud de ese silencio pasaron años.

Éramos empecinados, amábamos con fervor las ilusiones
y esa pasión entre los hielos,
fuego brutal que aún me sobrevive
y canta en el propio centro del silencio mortal,
-que me sobrecoge para matarme-
una canción,
última entre tus brazos.

Adiós,
viejo deleite cuando niño
y pensaba llegar a las estrellas.
Mi señora, guardaré en mi corazón las huellas
de haber hecho el amor con usted y algún día,
no me lo perdonarán y, sin embargo, me confieso:

Yo fui feliz entre sus carnes de violetas

Cuántas veces un soneto hizo estallar mi corazón de porvenir.

Cuántas veces la armonía, la perfecta armonía, vuestro Dios,
hizo que de mis ojos cayera una lágrima.

Y acunando a mis hijos,
supe recitar, acompasadamente,
de los grandes poetas, los mejores versos.

Y viajé por las sílabas buscando la longitud exacta de la noche.

Y calculé el destino de una vocal durante años.

Y me até a las palabras.

Y viví maniatado entre las hojas de los libros.

De seguir por ese camino me tocaba la gloria,
más, una tarde, inexplicablemente, comencé a crecer.

Las palabras no cabían en las frases.
Las frases se caían de la página.

Mis sentimientos agrandaban el corazón del mundo peligrosamente.

Y al caminar,
tropezaba con las palabras
y caía.

Una y otra vez.

Y las palabras se metían por mis ojos abiertos
y me dejaban ciego, y ahí,
precisamente, vacío de negruras,
transparencia donde la blancura hace pensar en el infierno,
la Poesía me tendió su mano y en esa algarabía,
-borrachos de habernos encontrado-
rompimos,
trastabillando juntos, todas las barreras.

Ella deformó su ser en el encuentro
y yo,
entregué mi vida en el adiós.

De “La patria del poeta”, 1991

RECUERDO EL AMOR

Escribo con el dolor de escribir,
envejezco,
huyo al azar entre las letras
y el tiempo se desploma en tu rostro.

Ámbar y pedazos de cielos domesticados
detienen en tus ojos la fragancia del ser.

Escarbo detenidamente en tu mirada,
busco por una antigua manía de buscar
-en tu mirada-
el solitario patio de mi infancia:
el crudo malvón,
las rosas al borde del calor extremo
y la violencia del sol,
sobre mi piel de niño y los narcisos.

Magia de los calores en los países del sur.

Rojas y locas,
bocas sangrantes y perversas,
amantes de los jugos
y de la tierra resquebrajada por el sol,
un amor a la antigua, al aire libre.

Huyo en dirección contraria a las letras,
detengo el porvenir.
Abro de par en par con un tajo preciso
-dueño de mi saber-
mi cadáver actual: Mi pobre vida cotidiana.

Extranjero, enmohecido el corazón,
acostumbrándome a un sol a punto de extinguirse,
sólo me queda, del tango,
un asco contra todo, una violencia.

En tu mirada el patio de mi infancia anochece.

De: “El amor existe y la libertad”, 1984

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