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146. Poesía más Poesía: Alfredo Le Pera

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ALFREDO LE PERA

BIOGRAFÍA

Las letras de Alfredo Le Pera siguen vivas, tan vivas como Gardel que las canta cada día mejor. En el propio corazón del tango, quedó marcada la huella de este gran poeta que es Alfredo Le Pera, al que todos conocemos por sus metáforas e imágenes que en nuestra escucha hace vibrar la voz del zorzal. El que nos ha hecho emocionar en el latido de la tierra lejana y el volver de un tiempo que ya no se puede recuperar. Sumergiéndonos en los suspiros de los recuerdos acompañado por bandoneones de la vida de este poeta romántico del tango, autor de las letras de las canciones más conocidas cantadas por Carlos Gardel.

Alfredo Le Pera nació en junio de 1900 en la ciudad de San Paolo (Brasil) aunque existe polémica acerca del día de su nacimiento. Algunos biógrafos dicen el 6 de junio, otros el 4, y para otros fue el 8 de junio, que es el mismo día que se indica en su lápida. En su partida de nacimiento dice el 7 y le da por único nombre el de Alfredo. También existe cierta confusión con respecto a este dato ya que su hermano afirma que su nombre completo era Alfredo Alfonso de Paula Le Pera, y otros autores le atribuyen el nombre de Alfredo Le Pera Sorrentino.

Fue el segundo hijo de Alfonso Francisco de Paul Le Pera y María Sorrentino Moreno, inmigrantes italianos de Consenza (Calabria) que llegaron a Buenos Aires en 1898. En uno de sus viajes de Italia a Argentina se vieron obligados a permanecer dos meses en Brasil por encontrarse su madre a punto de dar a luz, hasta que nació Alfredo, y dos meses después continuaron su viaje a Buenos Aires. Su hermano mayor Rodolfo falleció prematuramente y tuvo dos hermanos menores, Elvira y José.

Le Peracreció en la ciudad porteña y vivió en el Barrio de San Cristóbal. Sus padres tenían una buena posición ya que eran propietarios de una fábrica de calzado ubicada en las calles Boedo y San Juan. Otra fuente de datos por nosotros consultada se refiere a la familia Le Pera como miembros de la burguesía industrial italiana, inmersos en el negocio del aceite, que establecieron un eje entre Buenos Aires y Sao Paolo para comercializar el producto de la familia.

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Alfredo Le Pera cursó la primaria en el colegio Gervasio Posadas y el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadabia. Allí tuvo como profesor de literatura española al dramaturgo, crítico teatral, abogado, doctor en derecho, periodista y docente Vicente Cuitiño al que sorprendió con una monografía de 40 páginas excelentemente escrita. Él fue quien influyó en su vocación como poeta y quien comenzó a vincularlo a los círculos literarios presentándole a personajes como José Ingenieros, Alberto Vacarezza y Julio F. Escobar.

Le Pera había estudiado piano en el conservatorio privado “La Salvia” y estudió cuatro años de la carrera de medicina por complacer a sus padres. Durante la carrera fue compañero de Vicenta Rodolico, “La china” una novia perpetuamente enamorada de él. Y mantuvo relaciones sentimentales con Carmen Lamas, vedete de la compañía de Enrique Santos Discépolo y también con una bailarina de primera línea Aída Martínez.

A la vez que estudiaba, trabajaba en el establecimiento paterno, hasta que, debido a cuestiones comerciales, su padre tuvo que liquidar el negocio y marchó con su madre a Europa. Le Pera recibía una pensión, pero sus ganas de aventura le llevaron a emprender otros caminos. Decidió abandonar la carrera de medicina en cuarto año para dedicarse al periodismo. Y también rompió relaciones con Vicenta.

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Trabajó como colaborador en la página del teatro de “Última hora” y en otras redacciones como crítico teatral, como por ejemplo el diario “La acción”, “Noticias gráficas” y “El telégrafo”. Por entonces comienza también a escribir teatro: Su primera revista se llama “La sorpresa del año” (1927) y a partir de ahí escribe una serie de obras dramatúrgicas:   “Los modernos mandamientos”, “Gran circo político”, “Melodía de arrabal”, “¡Qué quieren los brasileños”, “Piernas locas”, “Rojas bocas”, “La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, “Ya están secando con Broadway”, “La plata de Bebé Torres”, “Ópera en jazz”, “Piernas de seda” y “Un directo al corazón”, alguna de ellas en colaboración con otros autores como Alberti, Sofovich y Romero. Ser jefe de la sección Teatros de El telégrafo le permitió entrar en contacto con importantes hombres del espectáculo y empresarios.

Alfredo Le Pera, el genio olvidado que murió a la sombra de Carlos Gardel -  Infobae

También trabajó en la traducción y creación de subtítulos para películas de cine mudo junto con Leopoldo Torres Ríos, relevante director de cine argentino. Impactaron sobre él, tal y como se muestra en las notas críticas en las que dejó constancia de ello, los directores de cine René Clair y Alfred Hitchcock.

En 1923 fue secretario y asistente en algunas compañías teatrales como Podestá y empezó a escribir escenas para la revista del teatro Sarmiento. Ese mismo año conoce a Carlos Gardel que había ido a saludar a un actor del elenco. Primer encuentro que le encaminará hacia su gran faceta como letrista de tango, ya que, a partir de sus primeras colaboraciones con Gardel, todas sus letras serán un éxito.

Su romance con Aída terminó con una enfermedad de ésta de las vías respiratorias que fue agravándose. Le Pera la llevó a Suiza y a París en un intento de salvarle la vida. Tras una intervención quirúrgica Aída falleció y Le Pera regresó a Argentina.

Lepera era un muchacho activo, tranquilo y reservado por lo que no era muy conocido e incluso algunos hablan mal de él describiéndolo como antipático. A pesar de ser esquivo, era culto y muy querido por sus camaradas y por los artistas. Se le ha definido como un artista-empresario con ideas anticipadas a su época, intuitivo de modos de representación y producción de imágenes.

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En 1925 viajó a Paris y allí comenzó a investigar el cine mudo francés y las primeras pruebas sonoras en el cine. Comienza su pasión cinematográfica. Al regresar a Buenos Aires comenzó a trabajar en la productora de Leopoldo Torres Ríos, director y pionero del cine nacional argentino.

Entre 1927 y 1930 estrena varias obras teatrales. Su primera obra “La sorpresa del año” se estrenó en el Teatro Sarmiento. En 1928 se vinculó al cine por medio de la empresa United Artists. Del teatro de revistas Le Pera se pasó al cine de Hollywood. Accedió al cine hablado en sistema Movie Tone bajo dirigencia de Joseph M. Schenk, traduciendo anónimamente al castellano los parlamentos de sus películas y redactando los subtítulos sobreimpresos. “The Iron Mask” (1929), “Reaching for the Moon” (1930) y “Mr. Robinson Crusoe” (1932), “Coquette” (1929), “The Taming of the Shrew“ (1930) y “Kiki” (1931). Filmes todos ellos muy taquilleros.

Carta de Gardel a Le Pera 1934. Archivo gardeliano. - Poesia Online
Carta de Gardel a Le Pera 1 1 - Poesia Online
Carta de Gardel a Le Pera 2 - Poesia Online
Carta manuscrita de Carlos Gardel a Alfredo Le Pera

 
Trabajó en varias películas del director David W. Griffith, el creador del modo clásico de la representación cinematográfica: “The Battle of the Sexes” (1928), “Abraham Lincoln” (1930) “The Struggle” (1931). También intervino en una película de Charles Chaplin, “City Lights” (1931) en la que tradujo los subtítulos.

En 1930 viaja a Chile para presentar un espectáculo de tangos, acompañado de Tania y su marido Enrique Santos Discépolo. Estando en Santiago de Chile, Enrique Santos Discépolo compone la música de un tango “Carrillón de la merced” y Lepera le pone inmediatamente letra. Su primer tango que sería yn éxito en la voz de Tania en el Teatro Victoria y que algunos dicen que salvó a la compañía de la bancarrota.

Como corresponsal, entre Londres y París, Le Pera se entrevistó con Josephine Baker, René Clair, Marlene Dietrich y Alfred Hitchcock. De igual forma estuvo en Roma y Berlín. En enero de 1932, mientras trabajaba como cronista en Londres, coincide con el representante de Gardel, que estaba trabajando en dicha ciudad, cantando en la radio. Su manager estaba negociando la contratación del cantor en el cine y buscaba asesoramiento para los libretos. Ese fue el motivo del gran encuentro entre Gardel y Le Pera en París en mayo de 1932. Ellos ya habían mantenido algunos encuentros en Buenos Aires, pero fue en Europa donde sus proyectos se concretaron y adquirieron el compromiso de trabajar juntos.

Carlos Gardel y Alfredo Le Pera: 85 años de vigencia - Con Fervor

Comenzaron los preparativos para empezar a filmar en la Paramount. Esta será su primera etapa cinematográfica junto a Gardel, y Mario Batistella como colaborador y asesor artístico de Gardel. Los tres forman un trío cinematográfico inigualable que marcará una etapa en la historia del tango. Su cine es culto y popular. Con gran carga de literatura y de teatro y colmado de metáforas y armonías costumbristas, caracterizado por el desprecio por la moral burguesa, lo institucionalizado por costumbres societarias frente a las que el personaje crea una ética individual con otros valores más desembarazados.

Le Pera comenzó a escribir el argumento de casi todas las películas de Gardel: “Melodía de arrabal”, “Espérame”, “La casa es seria”, “En la ciudad luz”, “Cuesta abajo”, “El tango en Broadway”, “El día que me quieras”, “Tango bar en Nueva York” y todas las canciones de estas películas.

Pero a Le Pera le disgustaba los procedimientos que se utilizaban en Norteamérica con respecto al trabajo de Gardel, manifestándolo así en una carta que escribe al cronista de cine Adolfo R. Avilés: “Ellos están acostumbrados a ganar mucho dinero con las películas de Gardel, sean malas o buenas, y están dispuestos a seguir haciéndolo sin importársele un cobre de la reputación del artista y las consecuencias futuras de tanto film mediocre.  Yo he empleado toda la escasa influencia que tengo sobre Gardel para hacerle renunciar a toda actuación futura en EE. UU. y para que haga sus próximos films en la Argentina. No sé sí lo conseguiré. Carlos cree en la técnica americana con los ojos cerrados sin advertir que el trabajo que se hace en nuestros films puede hacer en Lanús o en Hawai con simple cámara y un cajón de kerosene donde haya un receptor de sonido…”

“Yo le deseo a Carlos, a quien quiero bien y en quien creo firmemente, una sola cosa: que no vuelva a hacer películas en español fuera de la Argentina…”

Y en referencia al éxito de Gardel en el país norteamericano, dice:

“No puedes imaginarte el grado de popularidad de Gardel en esos países. Su llegada significa una fiesta nacional. Miles de personas le esperaban en el puerto (y el barco llegó a las 6,30 de la mañana.) y su arribo cada noche en el teatro señala una agitación increíble en los centenares de gentes que le esperaban, truene, llueva o haga un calor sofocante.”

“Las mujeres aquí están desatadas por él. A veces Gardel quería hacer mi elogio en las reuniones femininas, en vano. Las  muchachas me miraban con lastima… y se iban con el …”

Antes de emprender la fatal gira que terminó tan desgraciadamente en Colombia, tanto Carlos Gardel como Alfredo Le Pera dejaron grabadas sus impresiones sobre sus películas, sus canciones y sus futuros trabajos para la nueva marca que los contrató en Nueva York.

Dijo Gardel: «Queridos amigos de la América Latina, de mi tierra y de mi raza; la casa Victor quiere que les anuncie la firma reciente de mi contrato de exclusividad con ella, y lo hago muy gustoso porque sé que nuestras grabaciones serán cada vez más perfectas y encontrarán en ustedes, oyentes cordiales e interesados. Yo acabo de terminar dos nuevas películas Paramount, El día que me quieras y Tango Bar, y voy a comenzar una gira que comprenderá Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y México. Luego visitaré otros países de nuestra lengua, donde espero tener el gusto de saludarlos personalmente. Estoy ahora en los estudios Victor, de Nueva York, registrando las canciones de El día que me quieras, la película que quiero de todo corazón y que dedico a los amigos de España y de la América Latina. Estas canciones, como las de Tango Bar, las encontrarán ustedes en discos Victor, y ahora cedo el micrófono a mi amigo Le Pera, que es el autor de mis películas y de la letra de mis canciones».

Por su parte Le Pera expresó: «Yo felicito a Gardel y a la casa Victor por este contrato y en cuanto a mí mismo, el placer de ver registradas mis composiciones en discos de magnífica calidad, se agrega la satisfacción de saberme interpretado por un artista del gran talento de Gardel». (Alguien dijo, y bien: «¡Hermanados en el arte y en la muerte!»).

¿Cuándo se conocieron Gardel y Le Pera? El actor Tomás Simari escribe en su libro ¡Mi historia la escribo yo!: «Corría el año 1923. Terminada mi actuación en la sala del centro, el siempre animoso José Martínez, me apalabró para formar compañía y presentarme en su nuevo teatro de verano, sito en la calle Pasco, entre Cochabamba y San Juan. (…) Tenía para mi administración a un jovencito reconcentrado y muy inteligente, que mientras llenaba los bordereaux, escribía letrillas de tango. ¿Su nombre? Alfredo Le Pera. Me acompañaba también en pleno éxito de su trayectoria, la cancionista Azucena Maizani que allí justamente hizo gala de su amplio repertorio, con la emoción de su personalidad. Representamos en tarde de lluvia torrencial, sobre chapas que captaban apenas el eco, El casamiento de Chichilo. Llegó Carlitos Gardel y así conoció en el Teatro de Verano al gran pibe Alfredo Le Pera. ¿Que de antes habían confraternizado? No lo creo. Pero lo único cierto, es que ambos se tomaron de la mano para el éxito popular, que sólo el dolor de Medellín pudo quebrar».

El 24 de junio de 1935, Lepera se encontraba en Medellín junto con Gardel y los guitarristas José María Aguilar, Ángel Domingo Riverol y Guillermo Barbieri. El aeroplano en el que viajaban, a punto de despegar en el aeropuerto Las playas, chocó con otro avión, ocasionando un grave accidente que se llevó por delante las vidas de Gardel y Le Pera. Aguilar sobrevivió, aunque le quedaron secuelas que le impidieron volver a tocar la guitarra. Según los datos aportados por nuestros informadores clave, un joven Piazzola, fue invitado por Gardel mediante dos telegramas para que se uniera a sus músicos en la gira por Latinoamérica. Pero a sus 13 años, su padre se negó y el sindicato de músicos de Nueva York tampoco le otorgó el permiso ya que no permitían trabajar a los menores de 14 años y eso fue lo que salvó al vanguardista compositor de haber corrido la misma suerte en aquel dramático final.

La poesía de Le Pera ha llegado al gran público, ha calado en nuestros corazones y su encanto y sutileza tienen la marca de la inmortalidad. Sus letras son eternamente usufructadas por cantantes eruditos o populares y aunque siempre quedará ligado su nombre al de Gardel, ocupa una posición importante en el grupo de poetas del tango que ha llegado a ser considerado como la poesía surrealista argentina.

PÁGINAS WEB CONSULTADAS:

POEMAS

Cuesta abajo

Tango 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero
cuantas veces, embozada,
una lágrima asomada
yo no pude contener…
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que hoy comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.

Era, para mí, la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
toda la humilde alegría
de mi pobre corazón.
Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
yo no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá.

Por seguir tras de su huella
yo bebí incansablemente
en mi copa de dolor,
pero nadie comprendía
que, si todo yo lo daba
en cada vuelta dejaba
pedazos de corazón.
Ahora, triste, en la pendiente,
solitario y ya vencido
yo me quiero confesar:
si aquella boca mentía
el amor que me ofrecía,
por aquellos ojos brujos
yo habría dado siempre más.

Gardel y Le Pera, la simbiosis perfecta - Actualidad | Diario La Prensa

El día que me quieras

Canción 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡como ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida..!

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá…¡que eres mi consuelo..!

Recitado:
El día que me quieras
no habrá más que armonías,
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa 
rumor de melodías
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor,
florecerá la vida,
no existirá el dolor…

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá… ¡que eres mi consuelo!

El día que me quieras (película de 1935) - Wikiwand

Golondrinas

Tango 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Golondrinas de un solo verano
con ansias constantes de cielos lejanos.
Alma criolla, errante y viajera,
querer detenerla es una quimera…
Golondrinas con fiebre en las alas
peregrinas borrachas de emoción…
Siempre sueña con otros caminos
la brújula loca de tu corazón…

Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
la golondrina un día
su vuelo detendrá;
no habrá nube en sus ojos
de vagas lejanías
y en tus brazos amantes
su nido construirá.
Su anhelo de distancias
se aquietará en tu boca
con la dulce fragancia
de tu viejo querer…
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
con las alas plegadas
también yo he de volver.

En tus rutas que cruzan los mares
florece una estela azul de cantares
y al conjuro de nuevos paisajes
suena intensamente tu claro cordaje.
Con tu eterno sembrar de armonías
Tierras lejanas te vieron pasar;
otras lunas siguieron tus huellas,
tu solo destino es siempre volar.

Guitarra, guitarra mía

Estilo
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Guitarra, guitarra mía,
por los caminos del viento
vuelan en tus armonías
coraje, amor y lamento.

Lanzas criollas de antaño
a tu conjuro pelearon,
mi china oyendo tu canto,
sus hondas pupilas
de pena lloraron.
¡Guitarra, guitarra criolla,
dile que es mío ese llanto!

Azules noches pamperas
donde calme sus enojos,
hay dos estrellas que mueren
cuando se duermen sus ojos.
Guitarra de mis amores,
con tu penacho sonoro
vas remolcando mis ansias
por rutas marchitas
que empolvan dolores.
¡Guitarra, noble y querida,
calla si ella me olvida!

Midiendo eternas distancias
hoy brotan de tu encordado
sones que tienen fragancias
de un tiempo gaucho olvidado.
Cuando se eleva tu canto
como se aclara la vida,
y a veces tienen tus cuerdas
caricias de dulces
trenzas renegridas.
¡Como ave azul sin amarras
así es mi criolla guitarra!

Lejana tierra mía

Canción
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Lejana tierra mía
bajo tu cielo,
bajo tu cielo,
quiero morirme un día
con tu consuelo,
con tu consuelo.
Y oír el canto de oro
de tus campanas
que siempre añoro;
no sé si al contemplarte
al regresar
sabré reír o llorar…

Silencio de mi aldea
que sólo quiebra la serenata
de un ardiente Romeo
bajo una dulce luna de plata.
En un balcón florido
se oye el murmullo
de un juramento,
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.

Siempre está
el balcón
con su flor
y su sol…
Tú no estás, faltas tú…
¡Oh! Mi amor…

Lejana tierra mía
de mis amores,
como te nombro
en mis noches de insomnio
con las pupilas
llenas de asombro…
Dime, estrellita mía,
que no son vanas mis esperanzas;
bien sabes tú… que pronto he de volver…
a mi viejo querer.

Los ojos de mi moza
Jota
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Son los ojos de mi moza
como el filo de un puñal,
son los ojos de mi moza
y yo no vivo sin ellos,
Virgencita del Pilar,
sin los ojos de mi moza,
Virgencita del Pilar.

Arroyito de mi aldea,
a ti te puedo contar,
arroyito de mi aldea
que por mi amor hoy la vieron
una lágrima derramar,
una lágrima derramar,
arroyito de mi aldea.

Melodía de arrabal

Tango 1932
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera / Mario Battistella
 
Barrio plateado por la luna,
rumores de milonga
es toda su fortuna.
Hay un fueye que rezonga
en la cortada mistonga,
mientras que una pebeta,
linda como una flor,
espera coqueta
bajo la quieta
luz de un farol.

Barrio… barrio..
que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas…ruego…
¡esto todo el barrio malevo
melodía de arrabal!
Barrio… barrio…
perdoná si al evocarte
se me pianta un lagrimón,
que al rodar en tu empedrao
es un beso prolongao
que te da mi corazón.

Cuna de tauras y cantores,
de broncas y entreveros,
de todos mis amores.
En tus muros con mi acero
yo grabé nombres que quiero.
Rosa, “la milonguita”,
era rubia Margot,
en la primer cita,
la paica Rita
me dio su amor.

Mi Buenos Aires querido

Tango 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Mi Buenos Aires querido
cuando yo te vuelva a ver,
no habrás más pena ni olvido.

El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su quieta lucecita yo la vi
a mi pebeta, luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja
de un bandoneón,
dentro del pecho pide rienda el corazón.

Mi Buenos Aires
tierra florida
donde mi vida 
terminaré.
Bajo tu amparo
no hay desengaños,
vuelan los años,
se olvida el dolor.
En caravana
los recuerdos pasan,
con una estela
dulce de emoción.
Quiero que sepas
que al evocarte,
se van las penas
de mi corazón.

La ventanita de mi calle de arrabal.
donde sonríe una muchachita en flor,
quiero de nuevo yo volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y de pasión,
una promesa
y un suspirar,
borró una lágrima de pena aquel cantar.

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más pena ni olvido.

Por una cabeza

Tango 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar,
y que al regresar
parece decir:
No olvidés, hermano,
vos sabés, no hay que jugar.
Por una cabeza,
metejón de un día
de aquella coqueta
y burlona mujer,
que al jurar sonriendo
el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera
todo mi querer.

Por una cabeza,
todas las locuras.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.

Cuántos desengaños,
por una cabeza.
Yo juré mil veces,
no vuelvo a insistir.
Pero si un mirar
me hiere al pasar,
sus labios de fuego
otra vez quiero besar.
Basta de carreras,
se acabó la timba.
¡Un final reñido
ya no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero.
¡Qué le voy a hacer..!

RUBIAS DE NEW YORK - por Carlos Gardel / Secuencia en 35 mm (HQ) de la  película El Tango en Broadway - YouTube

Rubias de New York

Foxtrot
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Peggy, Betty, July, Mary,
rubias de New York,
cabecitas adoradas
que mienten amor.
Dan envidia a las estrellas,
yo no se vivir sin ellas.
Betty, July, Mary, Peggy,
de labios en flor.

Es como el cristal
la risa loca de July,
es como el cantar
de un manantial.
Turba mi soñar
el dulce hechizo de Peggy,
su mirar azul
hondo como el mar.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas
del olvido y del placer;
ríen su alegría,
como un cascabel.

Rubio cocktail que emborracha,
así es Mary.
Tu melena que es de plata
quiero para mí.
Si el amor que me ofrecías
sólo dura un breve día,
tiene el fuego de una brasa
tu pasión, Betty.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas
del olvido y del placer,
ríen su alegría,
como un cascabel.

Sus ojos se cerraron

Tango 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Sus ojos se cerraron…
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundido en mi quebranto,
las lágrimas pensadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.

¡Porqué sus alas tan cruel quemó la vida!
¡porqué esta mueca siniestra de la suerte!
Quise abrigarla y más pudo la muerte,
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento.
¡Hoy está solo mi corazón!

Como perros de presa
las penas traicioneras
celando mi cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la suerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor;
y mientras en las calles
en loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.

Volver

Tango 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
“Tuya es su vida, tuyo es su querer”,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.

Volvió una noche

Tango 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: “Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá”

Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo una mueca del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad.
Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: “Es la vida”. Y no la vi más.

Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.

Arrabal amargo

Tango 1935
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Arrabal amargo,
metido en mi vida,
como la condena
de una maldición.
Tus sombras torturan
mis horas sin sueño,
tu noche se encierra
en mi corazón.
Con ella a mi lado
no vi tus tristezas,
tu barro y miserias,
ella era mi luz.
Y ahora, vencido,
arrastro mi alma,
clavao a tus calles
igual que a una cruz.

Rinconcito arrabalero,
con el toldo de estrellas
de tu patio que quiero.
Todo, todo se ilumina,
cuando ella vuelve a verte
y mis viejas madreselvas
están en flor para quererte.

Como una nube que pasa
mis ensueños se van,
se van, no vuelven más.

No digas a nadie
que ya no me quieres.
Si a mí me preguntan
diré que vendrás.
Y así cuando vuelvas,
mi alma, te juro,
los ojos extraños
no se asombrarán.
Verás cómo todo
te esperaba ansioso:
mi blanca casita
y el viejo rosal…
Y cómo de nuevo
alivia sus penas
vestido de fiesta
mi viejo arrabal.

Amargura

Tango 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
 
Me persigue implacable
su boca que reía,
acecha mis insomnios
ese recuerdo cruel,
mis propios ojos vieron
cómo ella le ofrecía
el beso de sus labios
rojos como un clavel.
Un viento de locura
atravesó mi mente,
deshecho de amargura
yo me quise vengar,
mis manos se crisparon,
mi pecho las contuvo,
su boca que reía
yo no pude matar.

Fue su amor de un día
toda mi fortuna,
conté mi alegría
a los campos y a la luna.
Por quererla tanto,
por confiar en ella,
hoy hay en mi huella
sólo llanto y mi dolor.

Doliente y abatido
mi vieja herida sangra.
Bebamos otro trago
que yo quiero olvidar,
pero estas penas hondas
de amor y desengaño
como las yerbas malas
son duras de arrancar.
Del fondo de mi copa
su imagen me obsesiona,
es como una condena
su risa siempre igual,
coqueta y despiadada
su boca me encadena,
se burla hasta la muerte
la ingrata en el cristal.

Amores de estudiante

Vals 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera / Mario Battistella
 
Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente.
Quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.

Por un mirar que ruega
perder la quietud.
Mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca.
Hay un collar de amores
en mi juventud.

Fantasmas del pasado,
perfumes de ayer,
que evocaré doliente
plateando mi sien.
Bandadas de recuerdos
de un tiempo querido,
lejano y florido
que no olvidaré.

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

Silencio

Tango 1932
Música: Carlos Gardel / Horacio Pettorossi
Letra: Alfredo Le Pera / Horacio Pettorossi
 
Silencio en la noche.
Ya todo está en calma.
El músculo duerme.
La ambición descansa.

Meciendo una cuna,
una madre canta
un canto querido
que llega hasta el alma,
porque en esa cuna,
está su esperanza.

Eran cinco hermanos.
Ella era una santa.
Eran cinco besos
que cada mañana
rozaban muy tiernos
las hebras de plata
de esa viejecita
de canas muy blancas.
Eran cinco hijos
que al taller marchaban.

Silencio en la noche.
Ya todo está en calma.
El músculo duerme,
la ambición trabaja.

Un clarín se oye.
Peligra la Patria.
Y al grito de guerra
los hombres se matan
cubriendo de sangre
los campos de Francia.

Hoy todo ha pasado.
Renacen las plantas.
Un himno a la vida
los arados cantan.
Y la viejecita
de canas muy blancas
se quedó muy sola,
con cinco medallas
que por cinco héroes
la premió la Patria.

Silencio en la noche.
Ya todo está en calma.
El músculo duerme,
la ambición descansa…

Un coro lejano
de madres que cantan
mecen en sus cunas,
nuevas esperanzas.
Silencio en la noche.
Silencio en las almas…

Soledad

Tango 1934
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera

Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
vos ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad,
en mi larga noche el minuto muele
la pesadilla de su lento tic-tac.

En la doliente sombra de mi cuarto, al esperar
sus pasos que quizás no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusión.
Y que al desvanecerse va dejando su visión,
cenizas en mi corazón.

En la plateada esfera del reloj,
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral,
se va con ella tu boca que era mía,
sólo me queda la angustia de mi mal.

Me da pena confesarlo

Tango 1932
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera / Mario Battistella
 

Nace el hombre en este mundo
remanyao por el destino
y prosigue su camino
muy confiado del rigor,
sin pensar que la inclemencia
de la vida sin amor
va enredando su existencia
en los tientos del dolor.
Pero llega y un momento
se da cuenta de su suerte
y se amarga hasta la muerte
sin tener ya salvación,
pues comprende que la vida
fue tan solo un metejón
al perder la fe querida
de su pobre corazón.

Me da pena confesarlo,
pero es triste ¡qué canejo!
el venirse tan abajo,
derrotado y para viejo.
No es de hombre lamentarse
pero al ver cómo me alejo,
sin poderlo remediar
yo lloro sin querer llorar.

Si no fuera que el recuerdo
de mi madre tan querida
me acollara en esta vida
con sentida devoción,
no era yo quien aguantaba
esta triste situación,
ni el que así contemplaba
sin abrirse el corazón.
Pero hay cosas, compañero,
que ninguno las comprende:
uno a veces se defiende
del dolor para vivir,
como aquel haciendo alarde
del coraje en el sufrir
no se mata de cobarde
por temor de no morir.

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