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186. Poesía más Poesía: Horacio Ferrer

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Ver programa de televisión sobre el poeta del tango Horacio Ferrer.

BIOGRAFÍA DE HORACIO FERRER

Horacio Arturo Ferrer Ezcurra, más conocido por Horacio Ferrer, fue un poeta porteño de ambas márgenes del Plata, dramaturgo, periodista, escritor, compositor y prolífico letrista, autor de trabajos de investigación fundamentales del tango, su mundo y sus personalidades.

“Tengo la sensación de que empecé a escribir en la panza de mi madre”, dice el poeta. “Mi abuelo era médico, médico forense y ansiaba tener un nieto varón y tenía todas nietas mujeres y entonces en el atardecer de los finales del verano del año 33 iba mi abuelo con mi madre y con mi padre, caminando por la avenida principal de Montevideo y venían tres compadritos de gorra en sentido contrario, uno de ellos se adelantó, miró el vientre de mi madre, le miró a los ojos de mi madre y le cantó al vientre de mi madre “Varón, pa quererte mucho, varón, pa desearte el bien” y entonces, mi abuelo pensó que eso iba a ser la fiesta nacional, que iba a ser un varón y entonces, se sacó el sombrero y dijo, muchas gracias, le dijo al compadrito y, tres meses después, nacía yo. Así que bueno, no podía haber sido ni prior, ni albañil, ni sastre, ni bataclán, ni enfermera, sino que nací varón y milonguero.”

“Nací en Montevideo y fue a media mañana, mi mamá tan porteña, papá tan oriental. He nacido en medio del río de la plata, me acunó en sus milongas la noche tutelar. Moriré en Buenos Aires. Lo escribí porque mi mamá me contó que cuando yo nací, el 2 de junio de 1933, inmediatamente, papá que era docente y tenía las vacaciones de julio, entonces nos veníamos a Buenos Aires a vivir a la casa de la familia porteña. Siempre tuve dos casas, siempre, una en Montevideo y otra en Buenos Aires, Lavalle 1447, 5º A, que está todavía. Y entonces me contó mi madre que en el medio el Río de la Plata, ella que me llevaba en brazos porque mi padre tenía vértigo e iba en el camarote en la cucheta de arriba, me caí al piso y quedé así para siempre.”

De padre uruguayo y madre argentina, recitará su primer poema con sólo tres años. Su padre era profesor de historia. “Mi casa era la casa de un docente. Era una casa pobre porque todos los maestros del mundo están mal remunerados, desgraciadamente es así. Mi padre que era un docente extraordinario, una persona de una bondad y de una clase excepcional, trabajaba en la enseñanza de mañana y de noche trabajaba en el liceo nocturno. Al cual yo fui porque él deseaba que yo estuviera entre gente que laburaba de día y estudiaba de noche para tener ejemplo del esfuerzo que hacían y siempre trató de educarme de esa manera y eso fue una escuela imborrable hasta hoy”.

Horacio Ferrer - Wikipedia, la enciclopedia libre

“Mi mamá era porteña de una muy antigua familia argentina, la familia Ezcurra, de origen vasco. Una familia muy numerosa. Yo he conocido en mi adolescencia a muchos primos argentinos y fue siempre para mí una felicidad ser rioplatense del oriental y ser argentino. Y quise hacerlo efectivo. En mayo de 1984 tomé la ciudadanía argentina también.”

Su madre sabía cuatro idiomas. “Mamá era sobrina y bisnieta de Juan Manuel de Rosas (militar y político argentino que se llegó a convertir en caudillo de la Confederación argentina entre 1835 y 1852), descendiente de Encarnación Ezcurra y de Manuel de Rosas. Y la hermana de Ezcurra le dio un hijo a Manuel Belgrano (abogado, economista, militar y diplomático argentino de destacada actuación en el Alto Perú y la actual Argentina y Paraguay durante la dos primeras décadas del siglo XIX). Uno nace y después vive con lo que ha heredado. Desde el punto de vista familiar o desde el punto de vista profesional. Hay estudios de abogados que se perpetúan a través de la historia y hay estudios de atorrantes, a los que yo pertenezco, que se perpetúan también.

Yo me críe entre atorrantes cultos, o leyendo a, como Carlos de la Púa, Celedonio Flores, Homero Expósito y Cátulo Castillo que fueron maestros y amigos. Eran atorrantes cultos. Atorrante no es despectivo, es una manera de vivir.”

“Mi padre cantaba tangos mientras se afeitaba. Y mamá había estudiado canto, muy bien, canto lírico con una maestra francesa porque mi madre a propósito de ser miembro de una familia patricia heredó sus contactos y familiares y estudió en Francia con una prima que se llamaba Julita Saenz Rosas que no le gustaba viajar con gente de su edad porque decía que la manduteaban, pagaba los viajes y quería ser independiente, y entonces se llevaba a mi madre Alicia Ezcurra y a mi tía Sofía Ezcurra que era mi madrina, como damas de compañía. Entonces ligaron tres o cuatro viajes a Europa por todo lo alto con auto con chofer, eso es muy bacán. Mi mamá me contó muchas cosas de París, que cuando hice mi primer viaje a Europa con Piazzola, fue constatar lo que mi madre me había contado, la belleza de una de las ciudades más bonitas del mundo que es París, y después me enseñó un poco de francés porque mamá hablaba francés perfecto.”

La obra de Astor junto a Horacio Ferrer – Radio Nacional
Junto a Astor Piazzola.

Su madre era poetisa y junto con su abuelo, también aficionado a la poesía, habían conocido personalmente a Rubén Darío, Amado Nervo y Federico García Lorca. “Mi madre conoció a García Lorca en Granada, antes de venir por primera vez Lorca, y después lo conoció acá en Buenos Aires porque lo fue a visitar cuando mi mamá era muy bella y muy graciosa, recitaba muy bien, aprendió con Alfonsina Storni a recitar que era profesora de declamación y yo aprendí con mi mamá. Ella recitaba mucho mejor que yo.”

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Roberto Goyeneche-Horacio Ferrer- Astor Piazzolla

“Tenía modelos e ídolos muy importantes desde mi infancia: Gardel, Troilo y Piazzola son la columna vertebral de un arte absolutamente universal.” El tango abarca toda la existencia como entidad y hay tal variedad de temáticas y de estéticas que es un modelo dentro de la canción mundial. Pero aparte es la música clásica de hoy, yo lo digo en un tango como una especie de axioma.”

De niño escribía versos, obras para títeres y más tarde milongas que interpretaba, acompañado por la guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén.

En la década del 50 inició en Uruguay un programa radial semanal: Selección de Tangos, desde el cual se defendía a las tendencias tangueras vanguardistas y del grupo El Club de la Guardia Nueva. Redactó, ilustró y dirigió durante siete años la revista Tangueando, y condujo numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.

Horacio Ferrer | Spotify

“En el año 51 conocí y nos hicimos amigos con el Maestro Troilo, yo tenía 16 años y fui amigo hasta que él falleció. Y después conocí a Piazzola y a Salgán y a Grela y a Rivero y a Goyeneche y a todos.”

Dice: “La ciudad merced a la cual y a cuya naturaleza se ha gestado el tango es Buenos Aires. Montevideo siempre ha sido muy tanguera y especialmente muy milonguera porque hay toda una tradición de las milongas del bajo portuario, de la orilla, digamos, que son hermosas, pero el tango en Montevideo recién aparece alrededor de 1910 y porque había muchos músicos argentinos como Julio de Carol y Pedro Laurence que se fueron a vivir a Montevideo e hicieron parte de su carrera allá, pero el tango es Buenos Aires. Estudié tango en Buenos Aires y estudié Ingeniería y Arquitectura en Montevideo. Así que viví en las dos orillas venturosamente.”

En las vacaciones de invierno en Buenos Aires se iba a escuchar tango a los cafés de la Calle Corrientes. Conoció a todos los maestros. A Pugliese y su orquesta maravillosa. A Troilo, la primera vez que escuchó en presencia a la orquesta de Troilo se desmayó. Dos amigos le agarraban de los brazos para que no se cayera, pero para él fue como si hubiera escuchado a Mozart en persona. A Piazzola que era discípulo total de Troilo, fue a escucharlo al café Ateneo en Montevideo y se deslumbró. Llegó tarde para conocer a Discépolo y ser su amigo, pero vivió los últimos 15 años de Tania.

Horacio Ferrer, gran poeta del tango | Cultura | EL PAÍS

En una ocasión él y su hermano se apersonaron a Troilo y le dijeron que eran hinchas suyos, y Troilo les dijo: “si les gusta mi orquesta yo les invito esta misma noche al Cabaré Tibidabo”. “Escuchamos la palabra cabaré y se nos calló el mundo encima, porque teníamos miedo de las minas del cabaré. Teníamos 14 y 15 años. Yo le había llevado un poema que le entregó mi hermano que era más valiente que yo. “No deje de llamarme que esto que me ha traído es muy bueno”. “Cada vez que venga a Buenos Aires va a tener un plato de comida en mi casa” y además cuando vaya a Montevideo lo voy a buscar”, le dijo Troilo.

“El conocimiento con Troilo fue decisivo en mi vida porque era un hombre extraordinario. Cuando conocí a Pichuco (alias de Aníbal Troilo) yo ya era poeta, escribía desde que era chico, a él le encantó que yo escribiera versos y los versos que escribía sintió una especie de súbita admiración por un chiquilín que aparecía en su vida con unas letras de tango y unos poemas y cosas para contar.”

“La primera vez que subí a un escenario fue de la mano de Troilo. Me dijo, palabras textuales: “Esta noche véngase bien cajetilla”. Entonces me puse las mejores prendas que tenía, que le hizo mucha gracia porque yo tenía un saco sport y un pantalón, nada más, y tenía una corbatita de moño para “elegantear” de noche y un pañuelo criollo así, para andar a otras horas, y la corbata para ir a trabajar o para ir a estudiar, así que, la única variante era lo que me ponía en el cuello. Cuando me vio aparecer con el moñito, le dio un ataque de risa al gordo Pichuco porque le hizo gracia que era la misma ropa de siempre con un detalle. Y entonces subí. Él tocaba con un cuarteto que tenía con Roberto Grela y con Roberto Goyeneche, un lujo aquello… Pero no me puse nada nervioso, yo soy bastante caradura, después subieron ellos. Una actuación, una ovación. Y cuando termina me dice: “Venga Horacio que tengo que hablar con usted”. Y me llevó al mismo bar donde me había dicho que iba a subir, al bar del club donde actuaban, y me dice: “Yo te quiero decir una cosa, -yo tenía 18 o 19 años-, a usted le va a ir muy bien con esto, pero ni se imagina lo bien que le va a ir con esto, pero tenga cuidado con dos enemigos: uno está dentro de usted mismo, no se me vaya a engrupir. Y el otro está en los demás, es la envidia de los demás.”

“Para mi óptica de niño que yo soñaba y escuchaba a todos los grandes compositores y músicos, el haber podido colaborar con figuras como Troilo y De Caro y Pontier y Stamponi fue un sueño. Lo que ocurrió es que mis primeros tangos yo los había hecho en el 48 y mis primeros poemas antes. Empecé imitando a Verlaine, a Darío, a los franceses, una parafernalia. Yo encontraba que se parecían mucho a García Lorca, Homero Manzi, a Celedonio Flores, a Cadícamo y no me satisfacían, no es que estuvieran mal, los tengo guardados también, pero no tienen personalidad. No encontraba una poesía que me perteneciera”.

“Cuando publiqué un libro de poemas, el primero mío, en 1967, el Romancero Cayengue, que lo conocieron Troilo y Piazzola y lo celebraron como un advenimiento, era una cosa que yo sentía mi propia voz y mi propio pulso.”

Recital de 2006 con Horacio Ferrer, Amelita Baltar y José Ángel Trelles en un homenaje a Piazzola. Fueron acompañados por la orquesta Sinfónica en el Luna Park.
Recital de 2006 con Horacio Ferrer, Amelita Baltar y José Ángel Trelles en un homenaje a Piazzola. Fueron acompañados por la orquesta Sinfónica en el Luna Park.

A propósito de este libro Cátulo Castillo escribe: “Mi querido amigo Horacio Arturo Ferrer: resulta curioso que hayamos coincidido en la necesidad de este trato renovador del idioma (…) Usted siente y está en plena capacidad, madura capacidad para expresarlo. Además, en forma viva, sin dialéctica (…) con cuánto amor, con cuánta dolida intimidad de hombre están paridos estos poemas de su Romancero Canyengue, dignos de encabezar la futura antología de la verdad idiomática rioplatense”.

“Cuando Piazzola me invitó a escribir con él me dijo: “Tenemos que escribir por los menos cinco años solos vos y yo, no colabores con nadie más porque ahora que escribiste María Buenos Aires te van a venir todos a pedir que escribas obras con ellos, escribí solo conmigo”. Y me pareció muy razonable, no me pareció egoísta, me pareció que estaba bien, porque lo más importante es el estilo. En el arte lo más importante, aunque sea feo el estilo, pero lo más importante, es tener estilo.”

Piazzolla lo invita a escribir juntos, “Lo que vos haces con la letra del tango y con la poesía tanguera y con la poesía porteña no lo hace nadie, es lo que hago yo con la música, así que vos y yo tenemos que escribir juntos” lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita “María de Buenos Aires”, que en 1968 estrenan, en la sala Planeta de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitador en el papel de El Duende.

“Creo que a Astor lo que más le impactó y lo que más le gustó de mis versos, ya tenían cierta consolidación y afianzamiento y madurez fue lo que yo no tenía de tanguero. Yo he sido siempre tanguero, pero tengo una formación muy rica que viene de mi familia, de mi padre, de mis tíos, de mis tías, toda gente con una gran ilustración, con mucha gracia, además, nada de solemne. Y eso a mí me permitió tener una paleta muy rica. Y a Piazzola creo que lo que le llamó la atención precisamente era lo que yo no tenía de tanguero, lo que poéticamente excedía o salía del tango. Y creo que al público también, aunque al principio fue un impacto muy polémico y controversial, también al público le llamó la atención lo que yo no tenía de tanguero.

Porque él (refiriéndose a Piazzola) había sido muy criticado. Le decían que no era melodista de canciones. Yo sabía que lo era porque lo conocía muy bien y conocía muy bien todo su estilo, su música, su forma de armonizar y de contrapuntista, y también le daba mucha rabia que le dijeran eso. Cuando me encontró a mi, pero no para hacer una obra por año, para hacer una obra cada día, entonces él se despachó a gusto hicimos 100 títulos en los años que trabajamos juntos.

Tranvias.uy - Horacio Ferrer
En 2007, en el hotel Balmoral de Montevideo, Uruguay.

Y después, en el año 80 nos encontramos con Piazzola en París, un año, y en un año escribimos una cantidad enorme de obras lindísimas, que hace poco las ha grabado José Ángel Trelles, en un disco que se llama “Los inéditos de Piazzola y Ferrer”.

Hay obras que a mi me gusta mucho como el gordo triste, por ejemplo, tuvo un acierto porque se los escribimos en vida a Aníbal Troilo y él lo disfrutó mucho. Balada para mi muerte, La bicicleta blanca, Fábula para Gardel, Existir, Vamos Nina, y algunos de los que presentó Trelles para su nuevo disco como Mi loco bandoneón, Bocha, Final de función, son obras que yo las quiero muchísimo porque me reconozco. Reconozco que yo no puedo hacer nada mejor que eso, es mi persona, mi estilo, mi modo y si todo lo que hubiera hecho en la vida es eso, ya estaría muy conforme.

El trabajo con Astor Piazzola nació muy bien y siempre funcionó muy bien a raíz de un gran puente, de un gran lazo que teníamos nosotros, casi yo pienso que de destino. Hasta en cierto parecido físico y un paralelismo en la vida también muy grande de tres factores: principalmente la capacidad de trabajo infatigable, él era un trabajador infatigable y yo también lo soy, un gran orden para trabajar, y una enorme alegría de trabajar, siempre buscando un contagio. Entonces, no hubo normas establecidas para trabajar, pero sí una afinidad que nos permitía adivinarnos y sobre todo sorprendernos, que era una cosa que le gustaba mucho a él y también me gustaba mucho a mí, que yo le llevara una letra y que la música que él componía fuera mucho más linda de lo que yo podía imaginarme.

El oratorio a Carlos Gardel lo escribimos por invitación de la municipalidad del partido del general Perón y yo lo escribí por invitación de Horacio Salgán que vino a mi casa y me dijo: “Yo quiero que usted escriba esto conmigo”. No era fácil encontrar algo original, yo siempre busco la originalidad, es decir, lo que es origen de algo, que sea novedoso, que sea distinto, no repetir nada, no poner carbónico. Y se me ocurrió la idea, a partir de cuando encontré una partida de defunción de Gardel, extendida por un cura colombiano y, se me ocurrió la idea de que estábamos en una capilla en el velatorio de Gardel y aparecía el viento pampero que tiene la ubicuidad de poder estar en Colombia también, y el viento pampero le cuenta a la muerte a quién ha matado. Y después, cuando se cumplieron 50 años de la muerte de Gardel, fuimos invitados para presentarla en el Teatro Colón y 6 años después tuvimos la fortuna de contar con el apoyo del banco de la provincia de Buenos Aires y grabarla con 140 músicos. Que es una grabación realmente fenomenal con los mejores músicos y solistas de la Argentina.” Puede ver Oratorio por Carlos Gardel pinchando aquí.

A lo largo de 1969 producen la serie de tangos llamados baladas, de los cuales “Balada para un loco” constituirá el primero éxito masivo de Piazzolla. Balada para un loco es un autorretrato. “Siempre tuve un espíritu porteño siendo montevidiano. El montevidiano es más razonador ante las circunstancias. El porteño es más tirate un lance, no solo con el amor, con una idea, con un empleo o con un préstamo, pero tirate un lance.

“Un día volviendo de la editorial que me gustaba venir a pie, sentí una cosa rarísima. Sentí una voz tipo Goyeneche que me decía: “Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao”. Sentí la presencia de una especie de amante demencial, amante de la libertad, con una distancia total con el dinero, un viajero del asfalto que era capaz de volar también y una mujer muy aburrida, “lo de siempre, la calle, cuando de repente detrás de un árbol me aparezco yo”. Y yo fui y se lo conté a Piazzola y de repente el loco era él. Y me dijo “pero esto es una belleza, seguime contando, y yo no tenía más para contar. Yo tuve una fe bárbara en que lo mío iba a ser entendido, no por la vía de la inteligencia, sino por las emociones estéticas. Yo tuve montones de gente que me interpretaban las frases de balada para un loco una por una, hay desglose de las frases de balada que están una por una en la comprensión profunda del que oye la obra y por eso la perduración. Balada para un loco es una especie de ícono y de revolución en la canción. Fue la época del mayo francés, de los Beatles, de un cambio profundo en la civilización occidental por lo menos que es lo que conocemos mejor. Habíamos visto una película Rey por inconveniencia o Rey de corazones, de Philippe de Broca que contaba una historia que tiene que ver con balada para un loco. Después nos dimos cuenta. Los internos, la película ocurre en la guerra del 14 al 18 del siglo pasado, se van, como no están los enfermeros, ni los médicos, ni el personal, salen libres y cuando lo ven, lo que hay en el mundo, se vuelven al manicomio. Y había un vals, tipo francés y le digo, mira nos hace falta un final y empezó a ponerle música el maestro y me dijo: “Acá la tenemos” y era una cosa impresionante, y entonces me dice: “Horacio, tenemos un misil entre las manos”.

Fábula para Gardel”, fue recitado por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla.

Chiquilón de bachín es Pablito González. Fue una pintura cuando habíamos tenido un éxito importante con María de Buenos Aires. María es Buenos Aires. Me dijeron algunos amigos cuando yo le leí María de Buenos Aires me dijeron, no te va a entender nadie, y menos con la música de ese. La pusimos operita para que sonara menos pedante que ópera. El personaje es la ciudad misma, el espíritu de la ciudad, el espíritu arrojado y tirate un lance y nocturno, hidalgo de hombres y mujeres. La habíamos estrenado y nos fue muy bien. Al principio sala vacía porque Piazzola era muy resistido hasta que de pronto se inundó de público. El boca a boca funcionó de manera fenomenal. Y Piazzola me dice: “Pensá que hicimos una obra de dos horas y no escribimos una sola canción, a ver qué te parece esto” e hizo así en el piano que tocaba muy bien, aparte del bandoneón y toca, es una belleza eso, y yo le puse la letra retratando a ese chico que después supimos que se llamaban Pablito González y así nació Chiquilín de Bachín.

En realidad, nunca he accedido a componer con alguien que no me gusta como compone. No tengo una sola canción cuya música no me guste, y he hecho muchas y me las sé todas de memoria, eso quiere decir que me gustan y generalmente me aprendo las músicas de memoria, las melodías, compongo sobre las melodías que me gustan más. La mayor parte de las cosas que compuse con Piazzola están compuestas sobre la melodía o mitad mitad.”

El recitado poético aplicado a la canción popular, será una de sus grandes innovaciones en la cultura rioplatense. “Esto de recitar yo lo hice siempre, a mis amigos les gustaba mucho, teníamos una reunión semanal, todos artistas y siempre me decían que recitara. A Pichuco le gustaba mucho también como recitaba porque yo había aprendido en parte a recitar con él. Y después, cuando Piazzola me invitó a hacer María de Buenos Aires, me dijo: “Vos tenés que recitar María de Buenos Aires, nadie la puede recitar como vos y pues hicimos un disco de bandoneón y recitados. Y Salgán también, me dijo: “Verte así es lo que más me gusta. Ustedes son los que más me gustan cómo recitan, tiene que recitarlo. Y a mi me encantan. Lo que ocurre es que yo estudié música y tengo buen oído musical y no sé cantar, es decir, sé como se canta, pero no canto bien, no es que desafine, no tengo voz para cantar, pero sí voz para recitar. Y entonces yo recito en la tonalidad y da la sensación de que cantara, es una trampita.”

“La poesía es como la música, es lo más parecido que hay entre las artes. Entonces el recitado tiene que parecerse a la música, ahí está la música de la poesía, el recitado no puede ir en contra de esa música al contrario tiene que resaltarla. Es una sensación estética sentimental lo que pasa con la poesía y el recitador no tiene que impedir que esa música fluya, tiene que subrayarla sin joder con las rimas. El buen poeta hace un amasijo de métrica, de acentuaciones y de rima. Pero es un paquete emocional fantástico. Uno tiene el pudor de corregir y corregir sin matar la música de la poesía. Hay la música de la música de la música y la música de la poesía.”

Horacio Ferrer y Ruperto Long - Poesia Online
Ruperto Long junto al Maestro Horacio Ferrer.

La poesía de Ferrer fue innovadora, llamativa, fantasiosa, onírica, y hasta surrealista. Su imaginario y su lenguaje distinguen sus letras y su poesía de cualquier otro letrista. Utilizaba palabras inventadas como “bandoneonía”, “misticordia”, “tristería”, “narcótica y bulina”, “verdolagáticos cromos”, “oculto clavecín transmilonguero”, “tangamente” y giros inusuales en el tango. De este modo, Ferrer toma el legado del tango y va más allá escribiendo tangos que invitan “a andar en su ilusión supersport”, o ver a Ray Bradbury bailando en el capó de un colectivo “entre un tumulto de camelias y galaxias”. Demostrando que los tangos pueden hablar de Venusinas, de un Dios en bicicleta que se enredaba la barba en el pedal, de una María de Buenos Aires que aprendió a morir muchas veces, de un semáforo que no es semáforo sino un hombrecito blanco crucificado de pie. Estas producciones de Ferrer son un ejercicio de libertad poética.

“Horacio, yo dormía tranquilo hasta que apareciste vos” le decía Expósito toda vez que se juntaban a torearse amistosamente en versos. 

Horacio Ferrer escribió más de 200 canciones y los siguientes libros de poesía e historia del tango:

  • El tango, su historia y evolución (1959)
  • Discepolín, poeta del hombre de Corrientes y Esmeralda (1964)
  • Historia sonora del tango (1965)
  • Romancero canyengue (poemas. 1967)
  • Fray Milonga (Alfa. 1968)
  • El Libro del Tango. Arte Popular de Buenos Aires (ensayo, 3 tomos, 1970 y edición ampliada en 1980)
  • Loquita mía, (poesía, Galerna, 1978)
  • Existir, (poesía, Corregidor, 1996)
  • El siglo de oro del tango: compendio ilustrado de su historia (ensayo con ilustraciones y CD, Editorial El Mate, 1996)
  • La epopeya del tango cantado (2 tomos, Manrique Zago, 1998)
  • Inventario del tango (2 tomos, en coautoría con Oscar del Priore, Ed. Fondo Nacional de las Artes 1999)
  • 1000 versos a Picasso, (poesía, Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires, 2001)
  • Versos Del Duende (Corregidor. 2003)
  • Enriquito Panza vacía: mascarada discepoliana, en un prólogo y cuatro actos (teatro, Ediciones Cooperativas, 2003)
  • Queréme así piantao…. Agüero Torres; Editor. 1980. 158 p. Libro de bolsillo.

En su vida sentimental Horacio Ferrer estuvo casado con Lulú, “la mujer de la que soy hombre” dice “no es mi mujer porque no la compré en una subasta, yo no puedo decir mi mujer, ella se pertenece a sí misma y me ha, felizmente, hecho el regalo de su vida.”

El poeta Horacio Ferrer recibió del papa Francisco cuando era cardenal el premio Juntos educar.

Fue académico de dos academias, primero de la academia porteña de lunfardo, porque Gobelo le propuso para ocupar el sitial Celedonio Esteban Flores. Y, después fundó la Academia Nacional del Tango, uno de sus placeres consumados, con sede en el Palacio Carlos Gardel en la avenida de mayo, con 24 salones para transmitir conocimientos, formar músicos, presentar artistas, conjuntos y orquestas, que presidió hasta el día de su muerte el 21 de diciembre de 2014 a los 81 años. Sus cenizas fueron esparcidas en el Río de la Plata, entre su Uruguay donde naciera y la Buenos Aires donde viviera sus últimos cuarenta y seis años.

PÁGINAS WEB CONSULTADAS

www.todotango.com

https://www.todotango.com/creadores/biografia/64/Horacio-Ferrer/

https://www.cultura.gob.ar/horacio-ferrer-el-dandy-que-renovo-la-cancion-y-poesia-rioplatense-9069/

www.discepolintango.com.ar

http://kareol.es/obras/mariadebuenosaires/acto1.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Horacio_Ferrer#Residencia_en_Uruguay

ENTREVISTAS EN YOUTUBE

Especial Solo Tango. [Horacio Ferrer y Virgilio Expósito]

Puerto Cultura: Horacio Ferrer.

Cómo hice: Balada para un loco

SELECCIÓN DE POEMAS DE HORACIO FERRER

CIUDADELA

Milonga 1976
Música: Jairo
Letra: Horacio Ferrer
 
A Tuco Paz

Será porque me acuné
en tus pañalitos de humo,
que si te dejo me nublo
y sólo pienso en volver,
treparme al alba y beber
tu corazón de tumulto.

Con la voz de tus aljibes
mimé a mi novia de pibe,
¡ay, ciudad!

Siempre vuelvo a la niñez
en tus tranvías difuntos,
pa’ consultar a los turbios
apóstoles del café,
que allí tu verdad saqué
de las mentiras del truco.

Soy la ropa que tanguea
tendida en tus azoteas.

Por vos, sé lo que es dejarse
las orejas en los bancos
de tus plazas y tus bares
y correr desorejado
sintiendo tus impiedades
en la pleamar del asfalto.
Y si soy triste, ay, ciudad,
yo soy como vos me hiciste,
yo soy como vos me hiciste.

Te canto porque en mi voz
aún gira tu calesita
que me presta una yegüita
de madera, y busco a Dios
como un santo que perdió
su satitidá en las esquinas.

Y escuchando a tus baldíos
yo pude entender los míos,
¡ay, ciudad!

Por tu aire payador,
piloteando mis zapatos,
derramé mi verso alzado
sobre tus pechos de sol
y vos me hiciste el amor
en tu hondo lecho de barro.

De tus chimeneas oscuras
aprendí a morir de altura.

Cuando acabe de morirme
sé que estarán mis compinches
velándome en tus cornisas,
que al finar llevarme quiero
tu crepúsculo en mis huesos,
chiflao de melancolía.

Y si soy triste, ay, ciudad,
yo soy como vos me hiciste,
yo soy como vos me hiciste.

COPLAS DEL VIEJO ALMACÉN

Milonga
Música: Edmundo Rivero
Letra: Horacio Ferrer
 
I
En este viejo almacén
yo tengo un bordón maduro,
donde el pampero resopla
flaco, porteño y oscuro,
-con la ñata contra el muro-
sus misterios como coplas.

Coplas del viejo almacén,
cantata de meta y ponga,
San Telmo sangra milongas
y yo milongas también.

II
En este viejo almacén,
si paga el gasto el destino,
del escote de una moza
sube la voz de Gabino,
y en cada vaso de vino
deja flotando una rosa.

Coplas del viejo almacén,
cantata de meta y ponga,
San Telmo quiere milongas
y yo milongas también.

III
En este viejo almacén
que huele a ron y a centeno,
lo aroman a Buenos Aires
la voz de un jazmín moreno
y un organito con celos
y, en flor, un Gardel del aire…

Coplas del viejo almacén,
cantata de meta y ponga,
San Telmo enciende milongas
y yo milongas también.

IV
En este viejo almacén
tengo un coro de gorriones,
sabios, poetas y chorros
que mezclan por los rincones,
un tango de antiguos sones
y un son de tangos cachorros.

Coplas del viejo almacén,
cantata de meta y ponga,
San Telmo crece en milongas
y yo en milongas también.

V
En este viejo almacén
la sombra gorda de Homero,
me gatilló en la garganta
el arco dulce y cabrero
de un violoncello canero
que al sur de mi llanto canta.

Coplas del viejo almacén
coplitas que son tristongas,
San Telmo llora milongas
y yo milongas también.

(A Muni Rivero)

LA ÚLTIMA GRELA

Tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
 
Del fondo de las cosas y envuelta en una estola
de frío, con el gesto de quien se ha muerto mucho,
vendrá la última grela, fatal, canyengue y sola,
taqueando entre la pampa tiniebla de los puchos.

Con vino y pan del tango tristísimo que Arolas
callara junto al barro cansado de su frente,
le harán su misa rea los fueyes y las violas,
zapando a la sordina, tan misteriosamente.

Despedirán su hastío, su tos, su melodrama,
las pálidas rubionas de un cuento de Tuñón,
y atrás de los portales sin sueño, las madamas
de trágicas melenas dirán su extremaunción.

Y un sordo carraspeo de esplín y de macanas,
tangueándole en el alma le quemará la voz,
y muda y de rodillas se venderá sin ganas,
sin vida, y por dos pesos, a la bondad de Dios.

Traerá el olvido puesto; y allá en los trascartones
del alba el mal, de luto, con cuatro besos pardos,
le hará una cruz de risas y un coro de ladrones
muy viejos sus extrañas novelas en lunfardo.

Qué sola irá la grela, tan última y tan rara,
sus grandes ojos tristes trampeados por la suerte,
serán sobre el tapete raído de su cara,
los dos fúnebres ases cargados de la muerte.

CANCIÓN DE LAS VENUSINAS

Milonga
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
 
Un día las venusinas bajaron en Buenos Aires
con unas sombrillas claras.
De su planeta de hembras llegaban por los espacios,
hermosas, pibas y extrañas.
Las vieron llegar, tan sólo, los que andan de madrugada.
Y nadie se las creyó,
dijeron: “Son de mentira, ¡palomas de propaganda!”

Vivieron, en nuestras calles, cien días con sus cien noches.
Los ojos rojos tenían
y polen en los corpiños y soles en las enaguas,
¡qué lindas las venusinas!
Traían dos corazones invictos en las entrañas.
Ningún varón las amó.
Decían: “Son espejismo, fantasma, ¡puro fantasma!”

Las vieron ir por Retiro, por Once y plaza Lavalle,
absortas y enamoradas.
Tiraban a los muchachos sus besos del otro mundo
y nadie se los besaba.
Se sabe, porque se sabe, que un martes muy de mañana,
solteras de gravedad,
se fueron todas al río, a echar su ternura al agua.

Y un día las venusinas volvieron camino a Venus
con unas sombrillas claras.
Algunas se demoraron y anclaron en Buenos Aires
perdidas de su bandada.
Son esas mujeres hondas, calladas, tristes y raras
que habitan esta ciudad,
y fueron las que inventaron los tangos y la nostalgia.

EL PISITO DE LA CALLE MELO

Tango
Música: Raúl Garello
Letra: Horacio Ferrer
 
En aquel pisito de la calle Melo,
pura coincidencia con la realidad,
las noches duraban como cinco días,
con mate y cariño para despertar.

Porque nos amamos tan intensamente
que no nos cabía ya ni el corazón,
nos bastaba un vino y un disco de Troilo,
¡dos patos alegres de la Bélle Epoque!

Almafuerte y Baudelaire
fue el poético festín
y era el techo del bulín
el mejor televisor,
y era un éxtasis comer
una estrella en el balcón,
nuestro balcón a Puyrredón y el cielo.

La mayor felicidad
viene escrita en Mi menor
y así vimos que el amor
misterioso es al nacer,
misterioso es al morir
y al besarnos, al partir,
ya cerrado nuestro nido nos lloró.

En aquel pisito de la calle Melo
te soltaba el pelo como un lucifer,
soñamos, ardimos y en mimos valseados
eras Ginger Rogers y yo Fred Astaire.

Todo humilde menos nuestra fantasía
que no dio la forma de portarnos bien,
porque a nuestras almas les dimos el gusto
y al cuerpo le dimos el gusto también.

Almafuerte y Baudelaire
fue el poético festín
y era el techo del bulín
el mejor televisor,
y era un éxtasis comer
una estrella en el balcón,
nuestro balcón a Puyrredón y el cielo.

La mayor felicidad
viene escrita en Mi menor
y así vimos que el amor
misterioso es al nacer,
misterioso es al morir
y al besarnos, al partir,
ya cerrado nuestro nido nos lloró.

En aquel pisito de la calle Melo,
los buenos recuerdos se aman por los dos.

EL POLACO

Tango 1990
Música: Leopoldo Federico
Letra: Horacio Ferrer
 
Porteño, flaco y rubio, te dicen El Polaco.
Tal vez fuiste morocho y el alba te peinó
con lágrimas de luna, muy niño, en aquel patio,
dolor que en una orquesta de mirlos debutó.

Del sótano del alma te sobreviene el canto.
El ángel del asfalto florece en tu temblor.
Y cuando el fueye arrea su vendaval de infarto,
el Tango es una curda poética en tu voz.

¡Tu cara de reloj de arena!…
La ropa, ¡que te duele en serio!
Tu gracia de afinar los versos
siempre fiel a la milonga de tus dichas y tus penas.

En éxtasis de amor troileano,
los duendes del Gotán no han muerto;
Roberto, prestales tu misterio:
que vibren, gocen, vuelvan, sufran y amen, che, Polaco,
igual que vos.

Porteño, flaco y rubio, te dicen El Polaco.
Polaco, hermano mío, vení, cantá, ¿no ves?,
que en tu talento sueña la noche fantaseando
un loco valsecito de Expósito y Chopin.

En tanto el telegrama compadre de tus tacos
confiesa: “Si me muero de amor, reviviré…”,
la estética de un beso te sangra entre los labios
y salen las palabras enamorándose.

VIVA EL TANGO

Tango
Música: Raúl Garello
Letra: Horacio Ferrer
 
¿Que el Gotán no le gusta, che?
Siento mucho, peor pa’ usted.
Ya lo batió don Campoamor:
“Todo es según el cristal…”

Tango nuestro como el laurel
que supiéramos conseguir,
pucha ¡qué bien!, qué lindo es
esto que aquí siento yo.

Viva el Tango, ¡viva el Tango!
mezcla brava de pasión y pensamiento,
viva el tango, que se toca
con pudor de carcajada en un entierro.

Viva el Tango, que es un fresco
de madonas, casanovas y cornelios,
comedia humana que a lo malo y a lo bueno,
que a lo lindo y a lo feo
lo escrachó del natural.

¿Ves que va la eternidad
al frasear de un tanguito sensual?:
taria ta tara ta
taria ta tara ta,
música clásica de hoy.

Con la media luz ritual
y las sillas del bar dadas vuelta,
en dos por cuatro beber
lerdamente y salir
fatigando veredas.
Dos, que al desaparecer
por el amanecer
hacen tangos de amor.

¿Que el Gotán no le gusta, che?
que es llorón y es de ayer ¿y qué?
hay que saber si el que penó
no es el que ríe después.

Ni un Gotán supo el sabio aquel
que de tanto saber murió
y pa’l cajón fue sin saber
que su mujer no lo amó.

Viva el Tango, ¡viva el Tango !
con su ritmo de trompadas contra el viento,
viva el Tango que se baila
con el sexo en un poético suspenso.

Viva el Tango, que es compinche
para cada soledad y cada encuentro,
viva el Tango, todo el Tango,
Dios bendiga cada día el Tango nuestro.

Sur, Qué noche, Percal, La Yumba,
Silbando, Adiós Nonino, El choclo,
Divina, El Marne, Uno, El andariego,
Milonguita, Vida mía, A fuego lento,
El motivo, Bahía Blanca, La bordona,
Flores negras, Che papusa, La Tablada,
Mala junta, Suerte loca, La mariposa,
Volver.

Por todo el Tango
va este brindis de mi alma
y con el Río de la Plata
me emborracho de emoción.

Y viva el Tango
y este amor con que lo canto,
porque yo, yo soy el Tango,
¡viva el Tango, y viva yo!

EL GORDO TRISTE

Tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Por su pinta poeta de gorrión con gomina,
por su voz que es un gato sobre ocultos platillos,
los enigmas del vino le acarician los ojos
y un dolor le perfuma la solapa y los astros.

Grita el águila taura que se posa en sus dedos
convocando a los hijos en la cresta del sueño:
¡a llorar como el viento, con las lágrimas altas!,
¡a cantar como el pueblo, por milonga y por llanto!

Del brazo de un arcángel y un malandra
se van con sus anteojos de dos charcos,
a ver por quién se afligen las glicinas,
Pichuco de los puentes en silencio.

Por gracia de morir todas las noches
jamás le viene justa muerte alguna,
jamás le quedan flojas las estrellas,
Pichuco de la misa en los mercados.

¿De qué Shakespeare lunfardo se ha escapado este hombre
que un fósforo ha visto la tormenta crecida,
que camina derecho por atriles torcidos,
que organiza glorietas para perros sin luna?

No habrá nunca un porteño tan baqueano del alba,
con sus árboles tristes que se caen de parado.
¿Quién repite esta raza, esta raza de uno,
pero, quién la repite con trabajos y todo?

Por una aristocracia arrabalera,
tan sólo ha sido flaco con él mismo.
También el tiempo es gordo, y no parece,
Pichuco de las manos como patios.

Y ahora que las aguas van más calmas
y adentro de su fueye cantan pibes,
recuerde y sueñe y viva, gordo lindo,
amado por nosotros. Por nosotros.

FÁBULA PARA GARDEL

Poema evocativo
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Ayer me preguntaste, hijito mío,
por primera vez,
quién es
ese Gardel, ese fantasma
tan arisco,
empecinado
con seguir guardado
en la cueva con asma
de su disco
polvoriento.

Lo que yo sé,
te lo cuento:
algunas veces,
cuando te has dormido,
las noches en que hay pena
llena,
se aparece
ese escondido
duende, medio juglar
y medio loco,
para matear
con tu padre y conversar
un poco.

Ah, si lo pudieras
ver
con su sencilla elegancia fantasmera,
a saber:
en una chalina ligera
de plumas de torcaza sola
sus hombros arrebuja.
El traje es de
cuerdas de guitarras españolas
que
alguna bruja
ñata
y hippie le ha tejido.

La corbata
es de claveles
encendidos,
para abrigar los
cascabeles
de su voz.
Y dos
zapatos, muy de peregrino,
que no son zapatos, sino
que son caminos.

¿Qué en dónde nació?
Hijo mío, ¡qué se yo!
De acuerdo a lo que el mismo me ha contado,
parece que nació trepado
a una veleta
niña
que apuntaba al Sur;
y que un poeta
y un gallito de riña
y un augur
le enseñaron a vivir
y a sonreír.

Será por eso
que salió un poco travieso
¿viste?
como vos
y, como yo,
un cachito triste.

Su sonrisa,
hijo, es una
pícara y honda y rara
raya de tiza
iluminada con luz de la otra cara
de la luna.

Y canta, canta,
canta con su voz de siete gritos,
pero canta, siempre, con ese humilde modo
de quien tiene, por sabio, en la garganta,
dos ojitos
que han visto, ya, del hombre, todo, todo.

Su canto, te diría
que parece
un claro
aljibe
en donde crecen
los tangos pibes
que no se cantaron,
todavía;
y, también, aquellos tangos que ya fueron,
esos que escriben,
en el paragolpes de su camión,
los camioneros
del Cerro y de Constitución.

Después,
el alba ya,
a las cinco en punto,
se me va. Se va.

Y, tal vez,
en su forma melancólica de irse,
se adivina, un cacho,
que ese duende, 
tan muchacho,
entiende
mucho de un asunto
muy sumamente serio, que es morirse.

Ayer me preguntaste, hijito mío, 
por primera vez,
quién es
ese Carlitos, ese fantasma
tan arisco,
empecinado
con seguir guardado
en la cueva con asma
de su disco.

Y entonces te conté
cuanto sabía-

Mas hoy, mirándote,
pensándote,
besándote,
sé un poco más.
Y es que el hijo
del hijo
de tu hijo, un día,
un día de Junio soleado,
frío y seco
que vendrá,
lo mismo que vos
preguntará
por él.

Y una caliente
zafra de ecos,
ecos de la voz de nuestra gente,
ecos de tu voz
chiquito, y de la mía,
inexorablemente,
contestará:
Gardel, Gardel, Gardel.

LA BICICLETA BLANCA

Polca/Tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Lo viste. Seguro que vos también, alguna vez, lo viste: te hablo de ese eterno ciclista solo, tan solo, que repecha las calles por la noche.
Usa las botamangas del pantalón bien metidas en las medias y una boina calzada hasta las orejas, ¿te fijaste? Nadie sabe, no, de dónde cuernos viene, jamás se le conoce a dónde diablos va.
De todos modos, si lo vieras pasar, miralo con mucho Amor: puede que sea, otra vez…

El flaco que tenía la bicicleta blanca;
silbando una polkita cruzaba la ciudad.
Sus ruedas, daban pena: tan chicas y cuadradas
¡que el pobre se enredaba la barba en el pedal!

Llevaba, de manubrio, los cuernos de una cabra.
Atrás, en un carrito, cargaba un pez y un pan.
Jadeando a lo pichicho, trepaba las barrancas,
y él mismo se animaba, gritando al pedalear.

“¡Dale, Dios!… ¡Dale, Dios!…
¡Meté, flaquito corazón!
Vos sabés que ganar
no está en llegar sino en seguir…”

Todos, mientras tanto, en las veredas,
revolcándonos de risa
¡lo aplaudimos a morir!
y él, con unos ojos de novela,
saludaba, agradecía,
y sabía repetir:

“¡Dale, Dios!… ¡Dale, Dios!…
¡Dale con todo, Dale, Dios!…”

Pero cierta noche, su horrible bicicleta con acoplado entró a sembrar una enorme cola fosforescente. ¡Increíble!: los pungas devolvían las billeteras en los colectivos; los poderosos terminaban con el hambre; los ovnis nos revelaban el misterio de la Paz; el Intendente, en persona, rellenaba los pozos de la calle, y hasta yo, pibe, yo que soy las penas, lloré de alegría bailando bajo esa luz la polka del ciclista.

Después, no sé, ¡te juro!, por qué siniestra rabia,
no sé por qué lo hicimos ¡lo hicimos sin querer!,
al flaco, ¡pobre flaco!, de asalto y por la espalda,
su bicicleta blanca le entramos a romper.

Le dimos como en bolsa, sin asco, duro, en grande:
la hicimos mil pedazos… Y, al fin, yo vi que él,
mordiéndose la barba, gritó: “¡Que yo los salve!…”
Miró su bicicleta, sonrió, se fue de a pie.

(Mi viejo Flaco Nuestro que andabas en la Tierra: ¿Cómo te olvidaste que no somos ángeles sino hombres y mujeres?)

Flaco,
no te pongas triste,
todo no fue inútil,
no pierdas la fe…
en un cometa con pedales
¡dale que te dale!
yo sé que has de volver…

SERÁ QUE ESTOY LLORANDO

Tango 1981
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Nieva y nieva
y el desván está vacío.
Sólo queda un cartelito
de “Se vende”
que me duele como el tiempo.

No hay ni un mueble
en esta azul melancolía,
pero ayer tampoco había
más que el cielo
de una cama que era el suelo.

Te subí de tul vestida
con mi traje tan prestado.
Si reír fue la bebida,
se embriagó el amor diez años.

Pero un día
por un chiste mal contado,
los compinches, en dos bandos, desataron
la revancha y la soberbia.

Y este cálido
desván plumón de nido,
me vio vuelto un asesino,
me golpeaste,
nos cubrimos con afrentas.

Y en aquella escribanía
fue un fangal nuestra poesía.
Cada cual fraguó testigos.
Cada amigo fue enemigo.
Cada insulto fue asentado.

Y el desván fue malvendido
y el dinero repartido
y el olvido fue un candado.

Nieva y nieva,
y sin saber por qué he venido,
en los vidrios ateridos
vi tu rostro reflejado,
desolado, blanco y breve.

Debe ser que te he adorado.
O será, tal vez, la nieve.
O será que estoy llorando.

SE RECHIFLÓ EL COLECTIVO

Tango 1978
Música: Osvaldo Tarantino
Letra: Horacio Ferrer

Se rechifló el colectivo que tomé para tu casa
yo vi que el colectivero, por Sandiablo, bocinaba
raros tangos que Alfonsina con Ray Bradbury bailaba
sobre el capó entre un tumulto de camelias y galaxias
y perdió, de tumbo en tumbo, la vergüenza y las frenadas.
Y voló al dintel del sueño donde está mi noche brava.
Se rechifló, pero a muerte, porque al ir para tu casa,
supo que vos me querías con reloj, sueldo y corbata

¡Qué tonta… pero qué tonta!

¡A mí, que un láser de versos me calienta hasta la barba!
y cargo al hombro mi tumba para morir de amor
¡Mañana!…
y Chopín y Alfredo Gobbi pobres como las arañas,
en mi bulín la fortuna de sus penas me regalan.

Se negó a llevarme a vos, colectivo de mi alma,
en las torres de Retiro se embaló por las fachadas
y de un puente de alboroto cayó al Río de la Plata,
cuando mi río es mis tripas y es mi vino y es mi magia.

Se rechifló el colectivo que tomé para tu casa:
y en el techo yo reía y en la gloria te gritaba:
¡Se rechifló… pobre de vos!
¡Se rechifló… gracias a Dios!

EL DIABLO

Año: 1981
Música: Astor Piazzolla  
Letra: Horacio Ferrer 

El Diablo, dueño de la tempestad.  
El Diablo, casi creyéndose Dios,  
por diablo más que por viejo pensó:  
“El circo pide una nueva función.” 
Y el Diablo la gran tragedia soñó.  
Sus faustos uno por uno compró.  
Si el Diablo quiere ser malo, es peor.  
¡Huyamos, que ya levanta el telón!
Fue sabio, mercader, doctor, profeta,  
juez y parte y en su fiesta  
mil papeles encarnó. 
Segó la paz, el beso y la alegría  
y alentó la hipocresía  
la venganza y la traición. 
Fundó una dramaturgia de dementes  
con suicidas y rehenes  
en la cumbre del dolor.
Mezcló el agua bendita y el petróleo  
y anunció con terremotos  
el final de su función,  
tifón bestial de guerra, alcohol y espanto,  
droga, robo, estrés y engaño  
que humilló, cegó y mató.
Maestro de una ética de infierno,  
dio por hecho el mal eterno  
y al infierno se volvió.
El Diablo, dueño de la tempestad.  
El Diablo, casi creyéndose Dios,  
por viejo más que por Diablo pensó :  
“Si quiero, puedo volver a nacer.”
Por diablo, quiso nacer del amor.  
Por malo, se renació en Navidad.  
Entonces, quiso matar y sonrió.  
El Diablo quiso ser niño y perdió. 
Y fue una pavorosa criatura  
que fugó de aquella cuna  
y en tinieblas blasfemó. 
Llamó a sus marionetas amaestradas,  
más siguiendo su enseñanza,  
cada cual lo traicionó. 
Detrás y reclamándole a los gritos  
se arrastraban sus faustitos  
agrediéndolo en montón. 
Y el Diablo, sin poder y cuesta abajo,  
viejo, sucio y medio enano  
de rodillas suplicó. 
Y en quechua y español, inglés y chino,  
siempre, siempre, un gran abismo  
de silencio contestó. 
Dios quiera, lo verás soplando un saxo  
y entre cuatro pobres diablos,  
mendigar por la estación.

SOY UN CIRCO

Tango 1980
Música: Héctor Stamponi
Letra: Horacio Ferrer
 
(Dicho)

(Cantado)
Soy un circo, hermano mío, soy un circo,
secá tu llanto en la melena del león,
después vestite con mi frac de pajaritos
que el Quijote y Buster Keaton
nos esperan en el hall.

Damas y caballeros… ¡Música, maestro!
Soy un payaso que no pintó Picasso
y Sarrasani y el Gran Thiany ¡jamás vieron!
No tengo traje de volados, ni rataplán ni galerita
ni botonazos de fulgurante ni regadera.
Sé sólo un chiste mediocre
y mejor no lo supiera: mi vida. ¡Jú, jú, jú!
Soy un payaso y si hace falta
soy el oso, el tony, el pony,
el acomodador, el director de pista,
el dentista del elefante y el tragafuegos.
¿Por qué soy un circo entero?
Porque vos estás tan triste,
amigo del alma. Oí…

En mi circo todo está color relincho,
colgá en los cuernos de la luna tu rencor,
si un gran bolsillo de payaso es el destino
vos entrá, que yo te pinto
de aspirina el machucón.

También la ternura de un bello fracaso
redime en la tragedia griega de vivir.
Como un revolcón de fiera rota
sufre aquel que más amó
y lo revive el propio amor ¡para insistir!

Qué serio me puse, ¡payaso y plomazo!
Se encienden las luces, vení por aquí,
que ya están sentados nuestros invitados
mientras la bandita los recibe así.

(Dicho)
En aquel palco con pinta fina
pero un poco presumidos,
distingo a tus perdones,
¿usan cornetillas para sordos, no es cierto?,
porque perdonan, pero no olvidan.
Veo a tu soledad en la platea.
Tus culpas no han llegado ¿o no tenés?
Y acaban de llenar los tablones de la popular
tus buenos recuerdos, tus lindos amores,
tal vez les des mejores ubicaciones
para las próximas funciones. Tal vez.

(Cantado)
Soy un circo, hermano mío, soy un circo,
se va la noche con su capa de satén
sembrando un mágico alboroto de cariños
al notar que has sonreído
con un poco de niñez.

Y, al final, cuando mi circo esté vacío
la muerte hará su viejo número sin red,
vos temblarás por el milagro de estar vivo,
con el alma en equilibrio
sobre un lirio de papel.

(Dicho)
Y ahora que estás de esperanza
y arriba del trapecio danza
la aurora niña,
¡nada por aquí, nada por allá!

(Cantado)
De pito y voltereta
mi circo ya se va,
con sueños de poeta
y el canto fraternal.

(Dicho)
Adiós, adiós, hermano mío,
adiós, mi circo ya se va,
mi circo ya se va.
Mi circo ¡ya se fue!

LIBERTANGO

Tango 1990
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
 
Mi libertad me ama y todo el ser le entrego.
Mi libertad destranca la cárcel de mis huesos.
Mi libertad se ofende si soy feliz con miedo.
Mi libertad desnuda me hace el amor perfecto.

Mi libertad me insiste con lo que no me atrevo.
Mi libertad me quiere con lo que llevo puesto.
Mi libertad me absuelve si alguna vez la pierdo
por cosas de la vida que a comprender no acierto.

Mi libertad no cuenta los años que yo tengo,
pastora inclaudicable de mis eternos sueños.
Mi libertad me deja y soy un pobre espectro,
mi libertad me llama y en trajes de alas vuelvo.

Mi libertad comprende que yo me sienta preso
de los errores míos sin arrepentimiento.
Mi libertad quisieran el astro sin asueto
y el átomo cautivo, ser libre ¡qué misterio!

Ser libre. Ya en su vientre mi madre me decía
“ser libre no se compra ni es dádiva o favor”.
Yo vivo del hermoso secreto de esta orgía:
si polvo fui y al polvo iré, soy polvo de alegría
y en leche de alma preño mi libertad en flor.

De niño la adoré, deseándola crecí,
mi libertad, mujer de tiempo y luz,
la quiero hasta el dolor y hasta la soledad.

Mi libertad me sueña con mis amados muertos,
mi libertad adora a los que en vida quiero.
Mi libertad me dice, de cuando en vez, por dentro,
que somos tan felices como deseamos serlo.

Mi libertad conoce al que mató y al cuervo
que ahoga y atormenta la libertad del bueno.
Mi libertad se infarta de hipócritas y necios,
mi libertad trasnocha con santos y bohemios.

Mi libertad es tango de par en par abierto
y es blues y es cueca y choro, danzón y romancero.
Mi libertad es tango, juglar de pueblo en pueblo,
y es murga y sinfonía y es coro en blanco y negro

Mi libertad es tango que baila en diez mil puertos
y es rock, malambo y salmo y es ópera y flamenco.
Mi libertango es libre, poeta y callejero,
tan viejo como el mundo, tan simple como un credo.

De niño la adoré, deseándola crecí,
mi libertad, mujer de tiempo y luz,
la quiero hasta el dolor y hasta la soledad.

MARÍA

Fragmento de María de Buenos Aires
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Yo soy María de Buenos Aires!
De Buenos Aires María ¿no ven quién soy yo? María tango, María del arrabal!
María noche, María pasión fatal!
María del amor! De Buenos Aires soy yo!
Yo soy María de Buenos Aires
si en este barrio la gente pregunta quién soy, pronto muy bien lo sabrán
las hembras que me envidiarán,
y cada macho a mis pies
como un ratón en mi trampa ha de caer!
Yo soy María de Buenos Aires!
Soy la más bruja cantando y amando también!
Si el bandoneón me provoca… Tiará, tatá!
Le muerdo fuerte la boca… Tiará, tatá!
Con diez espasmos en flor que yo tengo en mi ser!
Siempre me digo “Dale María!”
cuando un misterio me viene trepando en la voz!
Y canto un tango que nadie jamás cantó
y sueño un sueño que nadie jamás soñó,
porque el mañana es hoy con el ayer después, che!
Yo soy María de Buenos Aires!
De Buenos Aires María ¡yo soy mi ciudad! María tango, María del arrabal!
María noche, María pasión fatal!
María del amor! De Buenos Aires soy yo!

EL DUENDE

Fragmento de María de Buenos Aires
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Ahora que es la hora y que un rumor de yerba mora trasnocha en tu silencio, por un poro de este asfalto yo habré de conjurar tu voz… Ahora que es la hora.
Ahora que ya has muerto para siempre y van de asalto, por vos, mis brujas rubias a tanguear misas calientes al alba, con sus lerdas putañías de contraltos;
Ahora que tu amor se fue a baraja y, zurdamente, con una extraña arcada canallesca en cada ojera, te ardió una cruz de vino en la tiniebla de la frente;
Ahora que en la sórdida tensión filibustera
de un clave bien trampeado tocan tangos con tus huesos las manos desveladas de un Caín y una trotera.
Ahora que el rencor, con rabia y pólvora de un peso gatilla, en su plegado bandoneón, la hechicería
de un golpe en Ay Menor para el costado de tus besos;
Ahora que ya estas de nunca más, Niña María,
yo mezclaré un puñado de esa voz bandoneonera, que aún quema en tu garganta, con un poco de la mía,
con borra de recuerdos, fiato negro y carraspera tordilla de un bordón. Así, del íntimo extramuro porteño de tu adiós, atravesando las fronteras
sencillas de la muerte, he de traer tu canto oscuro. Tendrá la edad de Dios y dos antiguas mataduras: Un odio a diestra; y, a zurda, una ternura. Y al duro
y dulce son fantasma de sus ecos, las futuras Marías, repechando Santa Fe rumbo a otra aurora, se apurarán temblando sin saber por qué se apuran….
Ahora que es la hora. Humo zaino y yerba mora… Penacho de relente, ya tu voz -maríamente- vendrá con tu memoria, aquí, pequeña y una, ahora.
Ahora que es tu hora: María de Buenos Aires.

CHIQUILÍN DE BACHÍN

Tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

 
Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

BALADA PARA UN LOCO

Tango 1969
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
 
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!… Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…

(Cantado)

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!…
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!

(Recitado)

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: “¡Viva! ¡Viva!”,
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

(Gritado)

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

BALADA PARA MI MUERTE

Canción
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

 
Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,
guardaré mansamente las cosas de vivir,
mi pequeña poesía de adioses y de balas,
mi tabaco, mi tango, mi puñado de esplín.

Me pondré por los hombros, de abrigo, toda el alba,
mi penúltimo whisky quedará sin beber,
llegará, tangamente, mi muerte enamorada,
yo estaré muerto, en punto, cuando sean las seis.

Hoy que Dios me deja de soñar,
a mi olvido iré por Santa Fe,
sé que en nuestra esquina vos ya estás
toda de tristeza, hasta los pies.
Abrazame fuerte que por dentro
me oigo muertes, viejas muertes,
agrediendo lo que amé.
Alma mía, vamos yendo,
llega el día, no llorés.

Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,
que es la hora en que mueren los que saben morir.
Flotará en mi silencio la mufa perfumada
de aquel verso que nunca yo te supe decir.

Andaré tantas cuadras y allá en la plaza Francia,
como sombras fugadas de un cansado ballet,
repitiendo tu nombre por una calle blanca,
se me irán los recuerdos en puntitas de pie.

Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,
guardaré mansamente las cosas de vivir,
mi pequeña poesía de adioses y de balas,
mi tabaco, mi tango, mi puñado de esplín.

Me pondré por los hombros, de abrigo, toda el alba,
mi penúltimo whisky quedará sin beber,
llegará, tangamente, mi muerte enamorada,
yo estaré muerto, en punto, cuando sean las seis,
cuando sean las seis, ¡cuando sean las seis!

VAMOS NINA

Tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
 
No te avergüences, Nina, no,
¿de qué vergüenza entenderá
el mala bestia de ese bar
que te pateó y que te escupió?
Acariciale el piojo al perro
que tenés, y le decís
que entre la mugre te encontraste
un hombro amigo en que morir.

Abrí las cuencas de los ojos,
bien abiertas y arrojá
de un solo vómito brutal
tu soledad y ¡vamonós!
Mirá que linda estás
con tu ternura en pie,
y no estás sola, Nina, no,
yo estoy con vos.

Nina,
no llorés, mordete los ojos,
cachame las manos bien fuerte,
si viene la muerte, mangala:
que pague, de prepo y de a uno
los días felices que debe.

Mi Nina,
con cabezas de paloma
correremos hasta nunca
por la tumba de los pájaros mendigos
que encontraron la salida
y saldremos de la roña
dandos saltos, transparentes,
inmortales, ¡vamos, Nina!

¡Vamos, Nina!,
corramos, mi vieja, corramos.
Si el viento te enreda el harapo,
si el frío te llaga las piernas,
no aflojes ni pares ni vuelvas,
ni esperes, gimas, corre, ¡corré!

No te avergüences Nina, no,
que nadie sabe bien quién es.
Mirá si soy el dios capaz
de hacer mil panes con un pan,
y vos la loca que una vez
roció sus trapos con alcohol,
y se incendió para no ver
los presidentes que se van.

Mirame, hermana, no temblés,
no tengas miedo de morir,
los vivos oyen a sus muertos
y hoy, por fin, nos van a oír.
Mirá qué linda está
tu dignidad en pie,
y no estás sola, Nina, no,
yo estoy con vos.

¡Vamos, Nina!, ¡vamos, Nina!,
no aflojes, ni pares, ni vuelvas,
ni esperes, ni gimas, corré, ¡corré!

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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1 comentario en “186. Poesía más Poesía: Horacio Ferrer”

  1. Un hermoso programa, gracias por regalarnos cultura, que es tan necesaria para vivir de una mejor manera.
    Fue lindo conocer a Horacio Ferrer y su Balada para un loco. Una nunca se imagina que alguien pueda escribir cosas tan lindas. Gracias!

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