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63. Poesía más Poesía: Giuseppe Ungaretti y Miguel Oscar Menassa

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RESEÑA BIOGRÁFICA DE GIUSEPPE UNGARETTI

Giuseppe Ungaretti, de padres italianos, nació el 10 de febrero de 1886 en Alejandría (Egipto) adonde su familia se había trasladado porque su padre trabajaba en la construcción del Canal de Suez, estudió durante dos años en la Sorbona de París y colaboró con Giovanni Papini y Ardengo Soffici en la revista La Serva. En 1914 volvió a Italia y al estallar la primera guerra mundial, se enroló como voluntario por compartir el destino de sus contemporáneos (Apollinaire era uno de ellos).

Giuseppe Ungaretti - Wikiwand

Combatió en el Carzo (provincia de Trieste) y luego en Francia. En 1916 publicó en italiano la colección de poesías EL PUERTO SEPULTO donde refleja sus experiencias en la guerra en la que se ha encontrado con la humanidad más pobre, la del dolor cotidiano.
En 1919 publica una segunda colección titulada ALEGRÍA DE NAÚFRAGOS, en la que muestra una poesía nueva alejada de la retórica y el barroquismo de Gabriele D’Annunzio, él mismo dice en una entrevista que este título es irónico.

En el profundo e iluminador prólogo de LA ALEGRÍA, Sánchez Robaina, deja patente como se produce la forma de la mayor parte de sus versos, de estos brevísimos poemas de iluminación súbita y habla de la admiración del poeta por Mallarmé, de su proximidad a Gerardo Marone, traductor de poesía japonesa,
concepto que Ezra Pound definió proyectar sobre la mente una imagen visual, Ungaretti por su parte escribió: ya no escucharemos la poesía, la palparemos, la miraremos, sus magistrales poemas con todo ofrecen también su música en el espíritu del lector así en el siguiente:

“Con el mar me he hecho un ataúd de frescura”

Durante su estancia en París, Ungaretti, frecuentó la compañía del filósofo Henri Bergson, también se reunió con Apollinaire, Maiakovski, Brad y Picasso, lee a Leopardi, Baudelaire y a Nietzsche. Su obra se conocerá progresivamente en Francia por las traducciones de un amigo con el que tuvo cada vez más trato, el poeta Lee Chacotec. En el año 1921 se estableció en Roma, son los años más felices de su vida.
En 1933 viaja a Argentina invitado a un congreso de escritores. En 1933 publica también “Sentimiento del tiempo“.

Después de la guerra ya colaboró asiduamente con revistas y trabajó luego en un ministerio como profesor de idiomas, sólo obtuvo puesto fijo cuando, a causa de su fama como poeta, fue nombrado en 1942 profesor en la Universidad de Roma, puesto en el que se mantuvo hasta 1958, antes de entonces, entre 1936 y 1942 había sido también profesor de italiano en la Universidad de Sao Paulo (Brasil) periodo en el cual sufrió la pérdida de su hijo de 9 años Antoñeto en 1937, suceso reflejado en su libro “El Dolor“, publicado diez años más tarde.

Su obra junto a la de Eugenio Montale y Salvatore Cuasimodo le convierten en uno de los fundadores y miembro destacado de la Escuela Hermética Italiana. Respecto a su hermetismo, Tomás Segovia comenta en el prólogo del “Sentimiento del Tiempo” y “La Tierra Prometida” que publicó la editorial Galaxia Gutenberg: desde el primer momento la poesía de Ungaretti produjo la impresión de una desnudez y una concisión extremas, para algunos incluso excesivas, estos últimos son los que empezaron a hablar enseguida de hermetismo y de preciosismo. Se comprende mal como una poesía puede ser al mismo tiempo desnuda y hermética, concisa y preciosista, pero éstas son las reacciones que se producen siempre que un poeta se decide a expresarse con el máximo de fidelidad, pero también es cierto que sus mismos defensores insisten, a veces, tanto en la técnica y dan tanta importancia a las palabras que dejan, sin querer, algunas prendas a los que acusan a Ungaretti de oscuro y esteticista, contra esas acusaciones y tal vez también contra estas defensas, el poeta ha sentido que debería reaccionar y ya en la nota que precede al libro “La Alegría” había escrito: Sus poesías (refiriéndose a las suyas) representan pues sus tormentos formales, pero quisiera que se reconociese de una vez que la forma le atormenta solo porque la exige adherente a las variaciones de su ánimo, y si algún progreso ha hecho como artista quisiera que indicase también alguna perfección alcanzada como hombre, y es que Ungaretti al mismo tiempo que se esforzaba hacia esas perfecciones alcanzadas como hombre iba llevando a cabo una verdadera revolución de las formas poéticas italianas. Buscando la máxima expresividad de cada palabra, había llegado a un tipo de poema breve, de una concentración nunca vista en que muchas veces versos de una sola palabra ponían en valor todo el ritmo propio y toda la carga significativa de la palabra, así aislada y señalada y en la que los blancos, los encabalgamientos, el ritmo sincopado, habían adquirido categorías de medios expresivos fundamentales, imprescindibles para la transmisión del sentimiento poético, por ejemplo:

“M’illumino d’immenso”, que expresa la sensación de un amanecer.

O estas tres estrofas finales de otro poema:

“In un canto
di ponte
contemplo
l’illimitato silenzio
di una ragazza tenue”.

Ungaretti+Aurelio+House+ +Web+Page - Poesia Online
Foto de la Familia Ungaretti, abuelos, tíos y padre de Giuseppe.

La evolución artística de Ungaretti sigue un itinerario que va del paisaje a la humanidad, a la revelación religiosa, al impacto del contacto con la poderosa naturaleza brasileña, al dolor por la muerte de su hijo y al retorno a Roma en el momento en que estalla la segunda guerra mundial. Estos dos últimos sucesos son el origen de su libro “El Dolor” publicado en 1947. A través de la desesperación el poeta descubre la responsabilidad humana y la fragilidad de sus ambiciones. Ungaretti, en medio del pesimismo con que contempla la trágica condición humana encuentra un mensaje de esperanza para los hombres.
En “Alegría de náufragos“, la alegría de quien evita la muerte son evidentes las influencias francesas y ciertos ecos crepusculares y futuristas.

El valor esencial de la poesía de Ungaretti no debe buscarse solo en su desarrollo de una nueva métrica y una sintaxis diferente sino también en la búsqueda de un nuevo valor para la palabra, reduciéndola a sus elementos esenciales. El poeta destruye el verso, crea nuevos ritmos buscando la esencia de la palabra aislada. Ungaretti invierte, por lo tanto, la tendencia de los movimientos poéticos de aquel momento, el lenguaje compuesto de los crepusculares y la abdicación estilística de los futuristas.
El poeta tiende a la palabra desnuda, la palabra pegada a la realidad con un estilo libre de las incrustaciones literarias e irónicas de los crepusculares y de la semántica aproximada de los futuristas.
Si bien de los primeros rechaza la ambigüedad de la palabra, le atrae su concepción de la sintaxis, de los futuristas descarta la falta de estilo, pero preserva de ellos la pureza de la palabra y una cierta disposición gráfica de los versos.

La novedad de Ungaretti radica fundamentalmente en la recuperación del sentido de la palabra. Pero si bien en “La Alegría de Náufragos” el ritmo y la métrica no se adaptan a los esquemas tradicionales, en 1929 antes de la publicación del “Sentimiento del tiempo“, el poeta apunta ya a un retorno a la tradición italiana, al endecasílabo.

En su obra están presentes dos constantes: la palabra esencial y la analogía, o sea la relación de comparación entre dos imágenes mediante la simple yuxtaposición, eliminando el nexo comparativo. Ungaretti busca la analogía como sugestión en “Sentimiento del Tiempo” y se vuelve hacia la tradición métrica y rítmica italiana, pero manteniéndose intensamente analógico. El poeta busca la palabra clara y directa que haga emerger el sentimiento tejiendo un discurso que se continúa de poema en poema. El adjetivo se presenta rico de resonancias y la analogía no resta pujanza a su discurso. Para Ungaretti, por ejemplo, el Sena es el río de la conciencia del Mundo, el Serchio, un río de la Toscana, el de la memoria y el Nilo el de formación y la primera intuición de la vida. En este libro surgen los temas mitológicos e incluso el sentir religioso como hemos leído en el poema “La Piedad“. Por otra parte, a medida que el poeta evoluciona, su breve intensidad se despliega y, aunque conserva una melodía esencial, su construcción es más cerrada y, en ocasiones, ofrecería dificultad si no la iluminaran con sus destellos, las palabras. Él dice: siempre he diferenciado entre vocablo y palabra, encontrar una palabra significa penetrar en la abisal oscuridad de sí, sin turbar ni lograr descubrir el secreto. María Zambrano, dijo por su parte: el secreto se le muestra al escritor, pero no se le hace explicable. Éste es el presupuesto gozoso de la poesía, lo que sin duda no es ajeno al título “La Alegría“, libro escrito prácticamente durante la guerra, pues si encierra algo de ironía contiene aún más saber, se trata de exhalar el instante de vida en plenitud, es decir, de ensalzar lo opuesto a la muerte, presente siempre como un hito del horizonte humano, y es éste un instante que aparece como inagotable debido a su enigma, al igual que el de la vida misma, no se puede descifrar. En 1950 Ungaretti publica “La Tierra Prometida“.

300px Montale Quasimodo Ungaretti Mondadori Tofanelli Messina Guttuso archivi Mondadori AA205859 - Poesia Online
Montale Quasimodo Ungaretti Mondadori Tofanelli Messina Guttuso

Del prólogo de Rodolfo Alonso la primera edición de 100 poemas elegidos de Giuseppe Ungaretti, que selecciona y traduce el mismo Alonso extractamos, como prólogo a la traducción francesa de toda la obra, Ungaretti añadió algunas consideraciones sobre su poesía:

Técnica, sensación, lógica, sueño e imaginación y sentimiento, todas esas cosas no tienen ningún sentido para nosotros si simultáneamente ellas no reciben de un poeta una vida objetiva en palabras que canten.

El poeta de hoy ha participado y participa en los acontecimientos más terribles de la historia, ha sentido y siente muy de cerca el horror y la verdad de la muerte ha comprendido eso que en el instante en el cual solo cuenta el instinto. Hoy que la poesía se desespera por tornar visible y hace arder sobre ella misma, en un relámpago, toda la memoria humana ¿Podrá encontrar nunca una forma tan sintética que pueda responder a las impaciencias de tanta brevedad?

300px Giuseppe Ungaretti e Arnoldo Mondadori archivi Mondadori AA205209 - Poesia Online
Giuseppe Ungaretti (izquierda) con el editor Arnoldo Mondadori (centro) en la entrada de la sede de Mondadori en Milán


El arte de hoy sangra de una herida que no es otra que su injusta impotencia.
Mi poesía ha nacido, en realidad, en la trinchera, imprevistamente la guerra me revela el lenguaje. Yo debía decir rápidamente, porque el tiempo podía faltar, y en el modo más trágico lo que sentía y por lo tanto, lo que debía decir con pocas palabras lo debía decir con palabras que tuvieran una extraordinaria intendidad de significado. En 1960 publica “Cuadernos del viejo“.

Dice Alonso: “Mi primera intuición de los textos escritos por Ungaretti con respecto a su eventual lectura oral por el autor fue la de imaginar los dichos como secretos, hacia adentro, susurrados, casi íntimos, pero a partir de sus primeras grabaciones de su poesía que pude escucharle y luego en 1967 al recibirlo en mi casa durante su nueva visita a Buenos Aires pude comprobar que en realidad él decía sus poemas como un grito que me hizo una dolorosa, tensa, trágica imprecación contra los cielos desde tierras desiertas como nuestra auténtica baguala escuchada en plena cuna, en trance, a solas, sin mediación posible de espectáculo alguno.”

ELABORATO D'ESAME by giacomofiandino on Genially


Ungaretti tradujo a Mallarmé y a Góngora, fue el primer traductor de Góngora al italiano y tradujo también sonetos de Shakespeare. La gran poesía de Ungaretti se sabía viva, no congelada, no concluida. Tras una vida entera destinada a no caer en la servidumbre de las palabras está todavía abierta, disponible, ofrecida para cada uno de nosotros, temblorosa y latente. Si somos dignos de ella, si estamos a su altura, porque sigue realmente encarnada en sus magníficos poemas, la posibilidad de conducir las palabras, como él quería, como él supo, a la atención que las colme de su significado.

Los últimos 25 años de su vida representan un examen crítico del pasado y traslucen una fuerte ansia de renovación. Sus obras completas 1914-1960 aparecen bajo el título “Vida de un hombre“. Y hablando de su poesía afirmó que no tenía otra ambición que la dejar una hermosa biografía, murió en Milán el 2 de junio de 1970.

5 poemas de Giuseppe Ungaretti - Zenda

SELECCIÓN DE POEMAS DE GIUSEPPE UNGARETTI

EL PUERTO SEPULTO

Aquí llega el poeta
y después vuelve a la luz con sus cantos
y los dispersa

De esta poesía
me queda
esa nada
de inagotable secreto.

SAN MARTINO DEL CARSO

De estas casas
sólo ha quedado algún
fragmento de muro.
De tantos
que me rodeaban
ni si quiera eso
ha quedado.
Pero en el corazón
ninguna cruz me falta.
Es mi corazón
el país más devastado.

AGONÍA

Morir como las alondras sedientas
sobre un espejismo.
O lo mismo que la codorniz
tras cruzar el mar
junto a las primeras matas
porque ya no tiene ganas de volar.
Pero no vivir solamente de lamentos
Como un jilguero cegado.

ALEGRÍA DE NAÚFRAGOS

Y de inmediato retoma
el viaje
como
tras el naufragio
un lobo de mar
sobreviviente.

POR QUÉ

Necesitas reposo
mi lóbrego corazón
disperso
En las cavidades
fangosas de los guijarros
como una hierba
de esta región
quiere temblar
despacio a la luz
Pero yo no soy
en la onda del tiempo
más que la escama
de los guijarros carcomidos
del improvisado
camino de guerra.
Desde que ha mirado
la cara inmortal del mundo
este loco
ha querido saber
cayendo en el laberinto
de su corazón afligido.
Se ha aplastado como un riel
mi corazón que escuchaba
pero se descubría siguiendo
como una estela
una navegación desaparecida.
Miro el horizonte
que se salpica de cráteres.
Como esta noche
mi corazón
quiere iluminarse al menos
con surtidores
de cohetes.
Sostengo mi corazón
que se retrae
y explota y atruena
como un proyectil
en la llanura
que no me deja
ni siquiera
un signo de vuelo.
Mi pobre corazón
atemorizado
de no saber.

EN MEMORIA

Se llamaba
Mohammed Sceab

Descendiente
de emires de nómadas
suicida
porque ya no tenía
Patria

Amó a Francia
y cambió de nombre

Fue Marcel
pero no era francés
y ya no sabía
vivir
en la tienda de los suyos
donde se escucha la cantilena
del Corán
saboreando un café

Y no sabía
entonar
el canto
de su abandono.

Lo acompañé
junto con la dueña del hotel
donde residíamos
en París
en el número 5 de la rue des Carmes
marchita calleja en bajada.

Descansa
en el camposanto de Ivry
suburbio que parece
estar siempre
en el día
de una
destartalada feria.

Y quizá sólo yo
sé aún
que vivió.

LA PIEDAD

1
Soy un hombre herido.
Y me quisiera ir
Y finalmente llegar,
Piedad, donde se escucha
El hombre que está solo consigo.
No tengo más que soberbia y bondad.
Y me siento exilado entre los hombres.
Pero por ellos sufro.
¿No seré digno de volver a mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿Hice pedazos corazón y mente
Para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.
Ah hojas secas,
Alma llevada aquí y allá…
No, odio el viento y su voz
De bestia inmemorable.
Dios. ¡aquellos que te imploran
No te conocen ya más que de nombre?
Me has expulsado de la vida.
¿Me has expulsado de la muerte?
Quizás el hombre también es indigno de esperar.
¿Está seca también la fuente del remordimiento?
Que importa el pecado,
Si ya no conduce a la pureza.
La carne recuerda apenas
Que ha sido fuerte alguna vez.
Dios, mira nuestra debilidad.
Queremos una certeza.
¿Ya ni siquiera ríes de nosotros?
Y compadécenos entonces, crueldad.
No puedo ya más estar amurallado
En el deseo sin amor.
Muéstranos un vestigio de justicia.
¿Cual es tu ley?
Fulmina mis pobres emociones.
Libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.


2
Melancólica carne
Donde brotó la alegría alguna vez,
Ojos entreabiertos en el cansado despertar.
¿Tu ves, alma demasiado madura,
El que seré, caído en tierra?
Está en los vivos el camino de los muertos.
Somos nosotros el torrente de sombras,
Son ellas el grano que nos estalla en sueño,
Suya es la lejanía que nos queda,
Y suya es la sombra que da peso a los nombres.
¿La esperanza de un montón de sombra
y no otra cosa es nuestra suerte?
¿Y tú Dios, sólo serás un sueño?
Al menos a un sueño, temerarios,
Queremos que te parezcas.
Es fruto de la demencia más clara.
No tiembla en nubes de ramas
Como pájaros de mañana
Al filo de los párpados.
En nosotros está y languidece, llega misteriosa.


3
La luz nos hiere
Es un filo cada vez más sutil.
¿No deslumbras tú, si no matas?
Dame esta alegría suprema.


4
El hombre, monótono universo,
Cree extender sus bienes
Y de sus manos febriles
No salen más que límites sin fin.
Unido sobre el vacío
A su hilo de araña,
No teme y no seduce
Sino el propio grito.
Repara lo gastado alzando tumbas,
Y para pensarte, Eterno,
No tiene más que las blasfemias.

HIMNO A LA MUERTE

( De “Sentimiento de tiempo” 1933)

Amor, mi joven emblema,
Regresado para dorar la tierra,
Difuso en el día rupestre,
Es la última vez que contemplo
(Al pie del barranco, de impetuosas
aguas suntuoso, de antros
Funesto) la estela de luz
Que como la tórtola quejosa
Sobre la hierba feliz se turba.

Amor, salud luciente,
Me pesan los años futuros.

Abandonado el báculo fiel,
Me deslizaré en el agua oscura
Sin nostalgia.

Muerte, árido río…

Desmemoriada hermana, muerte,
Me harás el igual del sueño
Besándome.

Tendré tu paso.
Andaré sin dejar huella.

Me darás el corazón inmóvil
De un dios, seré inocente,
No tendré pensamientos ni bondad.

Con la mente amurallada,
Los ojos caídos en olvido,
Haré de guía a la felicidad.

EL SECRETO DEL POETA

(De LaTierra Prometida)

Sólo la noche es mi amiga.
Podré siempre transcurrir con ella
momento tras momento, no horas vanas;
sino tiempo al que transmito mi latido
Como me agrada, sin desviarme nunca.

Ocurre cuando siento,
mientras continúa librándose de sombras,
la esperanza inmutable
que fuego en mí descubre nuevamente
y en el silencio va restituyendo,
a tus gestos terrenos
tan amados que inmortales perecieron,
Luz.

POR SIEMPRE

Sin ninguna impaciencia soñaré,
me inclinaré al trabajo
que no termina nunca,
y poco a poco, en lo alto
de renacidos brazos
se reabrirán manos auxiliadoras,
en sus concavidades ojos se reabrirán,
con luz de nuevo,
y, de improviso intacta
habrás surgido.
Me hará de guía
nuevamente tu voz,
por siempre vuelvo a verte.

EL DOLOR (1947)

Ninguno, madre, ha llegado a sufrir tanto
y el rostro ya desaparecido,
pero vivos aún los ojos,
de la almohada
volvía hacia la ventana
y llenabas el cuarto de gorriones
hacia aquellas migajas,
esparcidas por el padre,
para distraer a su niño.

Ahora, podré besar
solo en el sueño
las confiadas manos
y discurro, trabajo,
apenas si he cambiado,
temo, fumo
¿Como es posible
que rija tanta noche?
Me traerán los años
quizás otros horrores
pero estando conmigo
me habrías consolado.

Nunca, no sabréis nunca
cómo me ilumina la sombra,
que, a mi lado,
tímida, se pone,
cuando ya nada espero
Ahora, ¿Dónde está?
¿Dónde está
la voz ingenua
que al correr resonando
por los cuartos
aliviaba la aflicción
de un hombre fatigado?
La tierra la ha desecho
y la protege
un pasado de fábula.
Toda otra voz es un eco que se pierde
ahora que una me llama
desde las cimas inmortales.

Busco en el cielo tu rostro feliz
y que mis ojos en mi
no vean otra cosa
cuando a ellos también quiera
cerrarlos Dios.
Y te amo, te amo
y es un continuo dolor.

Enfurecida tierra
un mar cruel me separa
del sitio de la tumba
donde ahora se dispersa
el martirizado cuerpo.
No importa, escucho,
cada vez más clara,
aquella voz de alma
que no supo abajo defender.
Me aísla, siempre más alegre
y amiga de minuto en minuto
en su secreto simple.

He vuelto a las colinas
a los pinos amados
y del ritmo del aire
el patrio acento
que no iré ya contigo
me quiebra a cada soplo.

La golondrina pasa y con ella
el verano, y yo también me digo
pasaré, pero qué haré del amor
que me desgarra
como única huella
un breve empañamiento
si desde el infierno
llego a alguna calma.

Bajo el acero,
la rama ya sin fe
cayendo se lamenta,
apenas menos que la hoja,
al roce de la brisa
y fue la furia que abatió
la tierna forma y la presurosa
caridad de una voz me consume.

Ya no me trae furores el verano
ni la primavera sus presentimientos.
Puedes declinar, otoño,
con tus tontas glorias
para un deseo despojado,
invierno, despliega
la estación más clemente.

Ya ha bajado a mis huesos
la sequedad otoñal
pero prolongado por las sombras
sobreviene infinito
un demente fulgor,
la tortura secreta
del crepúsculo abismado.
Evocare siempre sin remordimiento
una deliciosa agonía de los sentidos.
Escucha, sigo,
ha partido un alma
todavía ilesa
del castigo común.
Me abatirá menos
no volver a oír los gritos
vivos de su pureza
que sentir extinto, casi en mí,
el temblor pavoroso de la culpa.

A los deslumbramientos
que suenan en los vidrios
recorta un reflejo
en el mantel la sombra.
Vuelven al lustre caduco
de una tinaja
vanas hortensias del arriate.
Un vencejo ebrio
el rascacielos en llamas de las nubes
sobre el árbol
los saltos de un pequeño.
Inagotable fragor de olas
puede que llegue ahora
hasta el cuarto y en la firmeza
inquieta de una línea, azul
toda pared se diluye.

Hace buen tiempo
y quizá pase aquí cerca diciendo
que este sol y tal espacio
que calmen, en el puro viento,
puedes oír al tiempo caminar
y mi voz he recogido en mi
poco a poco y encerrar
el arrojo mudo de tu esperanza.
Soy para ti la aurora
y el día intacto.

MIGUEL OSCAR MENASSA

Miguel Oscar Menassa, poeta del tango. Sus producciones, que abarcan más de 60 libros publicados de poesía, psicoanálisis y relatos, revistas, cuadros, psicoanalistas y poetas en formación, le colocan a la vanguardia del pensamiento contemporáneo. Es uno de los pocos poetas que ha creado escuela donde se han producido y siguen produciéndose innumerables poetas y a partir del año 2020, también cantores de tango.

LA LETRA TAL VEZ: LOS INOCENTES MIGUEL OSCAR MENASSA Del libro "Yo  pecador", 1975

DEL LIBRO CANTO A NOSOTROS MISMOS, TAMBIÉN SOMOS AMÉRICA:

 DEDICATORIA

Dedico este poema,
                            en general,
                                            A Todos.
A Latino-América,
                          porque amo,
                                           su futura explosión
A la famosa América del norte,
                                             porque mi poesía, 
canta también,
                     a todo lo que muere.
                                                  A la vieja Europa, 
y también,
               a la Europa segunda,
                                              porque temo, 
por el futuro en general,
                                 del Hombre.
A mis amigos,
                    a mis bellas mujeres, 
y a los sobrevivientes de cualquier matanza.
A los mugrientos,
                          en general
                                         a los extranjeros,
a los que todavía,
                         no tienen,
                                       lugar para vivir.
A los conquistadores,
a la famosa reina,
                         cristiana y masculina,
nuestra amada Isabel,
                                 y a su Fernando,
                                                          amado,
su gran amor,
                     su cálculo perfecto,
y a cuanto delincuente,
                                 haya pisado,
-sólo por el afán de la conquista-
nuestra pequeña y grande,
                                       desorbitada América.
A mis hijos:
                 Cecilia,
                            Antonio,
                                         Alejandra,
                                                        y Pablo,
y del acorazado potemkim,
                                        a sus marineros.
A las cálidas madres de mis hijos,
                                                  a todas las madres,
por haber soportado,
                                durante 5000 años,
                                                             la misma tarea.
A las mujeres del amor y de la rabia,
                                                       y digan lo que digan,
se lo dedico también a la mujer,
                                               que tuvo,
la alegría,
              para no morir.
                                   La Pasionaria,
para quien,
                cuarenta años,
                                     de errores y ráfagas heladas,
no bastaron.
                   Y a Evita,

porque murió,
                    de un cáncer inmortal,
 quiero decir,
                    de la ambición suprema,
                                                        comerse a sí misma.
A todos los malditos,
                               por una especie de amor, 
por lo inútil,
                 de sus gritos al aire,
                                              sin destino.
por las tremendas llagas
                                    y los sublimes estallidos, 
de sus infernales,
                         pobres locuras.
A mis amigos,
                    los únicos poetas de este siglo,
 una especial dedicatoria,
                                     Amigos,
                                                 NO VA MAS,
se trata
          simplemente de escribir, 
un verso más que ellos.
                                  El Ultimo,
que diga,
             así debe ser,
                               todo lo contrario.
Dedico este libro,
                          para desprenderme de ellos;
a los surrealistas,
                         y a su pálida sexualidad,
acontecida,
                  después de la guerra, 
                                                  y rodeada,
de amados familiares,
                                porque la cuestión,
                                                            era,
no llegar al fondo.
                          En definitiva,
                                             tocar 
                                                     y partir.
Partan por los caminos,
                                   idiotas,
nunca protejan,
                       su propio pan,
y amen,
con una especie de rabia,
                                      mezcla,
de unos pocos demonios
                                     y tontas drogas,
a la increíble puta,
                           la virgen loca.
Y con un dejo de paternal tristeza,
                                                   amen,
a Nadia,
            la piojosa,
                            la sucia pordiosera.
                                                         Y vociferen, 
por las dudas,
                     que tan poca mierda entre las flores, 
no tenga,
             su verdadero olor.
Reservo,
              mis últimas dedicatorias,
                                                  para hablar de la muerte.
Yo fui Pichón Riviere,
                                 nuestro amado, 
el inventor de la locura grupal,
                                             y pido,
al quedarme sin voz,
                              que no se diga nada.
                                                            Sepan,
no puedo responder.
Yo fui mis queridos muchachos, 
los de los ojos desmesurados,
                                             abiertos al futuro, 
los de los grandes ojos ciegos,
                                              LOS AMETRALLADOS,
 y pedimos,
                  para no morir,
                                       banderas,
                                                     millones de banderas,
y de la poesía,
                     todo su fuego eterno.
Yo fui los célebres muertos, 
los que murieron,
                          sin nada que perder,
                                                        los desposeídos;
los del pan,
                  sólo en algunos y fugaces atardeceres, 
y sin embargo,
de pocas palabras,
                            y por el miedo secular a la muerte, 
seremos,
             si todo va bien,
                                    los Esclavos Modernos.
Y para nosotros
                        no pedimos clemencia.
Cadenas contra cadenas,
                                      rozándonos infinitamente,
a causa,
            de la gran cercanía entre los hermanos,
lo prometemos:
no detendremos la muerte,
                                       pero el ruido,
                                                           será ensordecedor.
Fui la poesía muerta,
 y desde entonces,
                           habitan con nosotros,
                                                           los mejores.
Para ellos,
                el funeral último.
                                        la cremación definitiva
                                                                         y a volar,
porque ya escribimos:
                                 que nuestras palabras inunden,
-con el sólo objetivo de inundar-
                                                 las poblaciones vecinas.
Que todo sirva,
                       no nos dejemos convencer,
porque si se trata de ser,
                                     fuimos también,
 la muerte de la muerte,
el tenebroso viaje por el submundo de los cementerios,
y entre las tumbas de los próceres,
                                                    fuimos,
                                                              el salvaje erotismo.
Las más pesadas lápidas y sus violentas inscripciones:
Aquí yace el cantor
                             y próxima a su tumba,
yace,
        su enamorada,
                              y todo,
puede ser un ardid,
                            una negra maniobra.
Era el cantor de los cantores,
                                           vivió,
                                                   cinco mil años.
Fui todo lo que murió,
                                 con la gran bomba.
Los enjambres de sueños,
                                       acribillados por las partículas,
-horrores de las metálicas transformaciones-
y la espléndida y portentosa
                                          escupidera atómica.
                                                                       La cagada final.

Soy por último,
y esta vez,
                pido perdón por la violencia,
 el muerto que habla.
                               Un milagro de la poesía.
Una feroz combinación,
                                   de todo contra todo,
                                                                  El Mutante,
el diabólico experimento de la locura,
contra el final atómico del siglo:
en una sola voz,
                        todas las palabras.
Y ahora puedo decir,
que a la bomba feroz,
                                y a sus consecuencias,
                                                                 soy inmune.
Una especie de salvaje indomable,
                                                    bárbaro del estilo.
El imbatible,
                  bólido parlante.

INTRODUCCIÓN

Vivo,
        -desde hace un año-
                                      en un lejano país,
al sur de Europa.
                          Vivo,
                                  por costumbre,
                                                         en su propio centro.
Al sur de la ciudad,
                            donde la ciudad,
                                                    es ella y su fin.
El vacío,
             donde aterrizan los desagües,
                                                         el propio límite,
entre la libertad y la locura.
                                        Quiero decir,
                                                           que buenos aires,
no ha muerto,
                    porque vivir,
                                       vivo en sus suburbios.
Y sin embargo,
                      -por el viejo vicio del misterio- 
nadie sospecha.
                       Parado en la vereda de mi casa, 
ladeado,
             con las piernas cruzadas
                                                 y la derecha para atrás,
 contra el novedoso semáforo,
                                             apoyada,
                                                           y el cigarrillo,
colgado,
             de la boca como si fuera un guapo,
Y sin embargo,
                       piensan que soy,
                                              un malentendido,
un pasto salvaje,
                         crecido inesperadamente,
                                                               fuera de estación.
Crezco con dificultades,
                                    bajo la mirada atenta,
de los sorprendidos agricultores.
                                                Tanta belleza,
para el final de siglo,
                               no había sido calculada.
Y por eso, 
                por haber violado la ley,
                                                    de las apariciones,
se cierne sobre mi, 
                            el opaco murmullo de la calumnia,
el peligro,
              de un destino de locos.
                                                La desaparición.

CANTO PRIMERO

YY si quieren buscar
                            busquen en el tango.
Cantando y bailando,
descansando su cuerpo en las quebradas, 
encontré,
             todo lo necesario.
Escenarios dantescos donde la sangre, 
era el alimento de los desposeídos,
                                                    una mancha de rubor 
entre los ojos de la puta,
las manos del ladrón,
los versos del que dice,
                                   amores extraviados,
                                                                crímenes perfectos.  
¡Oh las locuras juveniles y los versos de Carriego!
 toda la calle Florida lo vió,
con sus polainas,
                         galera
                                   y bastón.
Nuestro tango aconseja,
                                    dejarse caer,
 morir alguna vez,
                           y la vida
                                       sin titubear,
                                                         jugaría.
La mujer,
               ni se toma, ni se cede,
ella en el tango hace lo que quiere,
                                                    es la madre.
Si quiere puta,
                     puta,
si quiere virgen,
                       virgen,
                                 El cantor,
                                               cantará,
el cantor no dejará de cantar.
Y si ella no acepta,
                             todavía,
                                        toda su libertad,
se la mata
               y si es necesario,
                                        se mata a sus amantes,
a la policía
                y al ejército mismo,
                                             si es necesario.
El tango,
             os digo,
                         es,
                             verdaderamente subversivo.

CANTO SEGUNDO

Y ahora,
             conocerán lo que se dice,
 la verdadera historia de dios.
De como, de una delicada agonía,
                                                   se salta,
                                                               para caer, 
en los estruendos de la gloria.
                                            La poesía hecha carne.
              ¡Viva el Poeta!
Yo vi
con qué desesperación hacía los versos.
Yo vi
como el poeta comía,
                                mierda para saber,
 y de su sexo,
                     chupaba el pus 
                                            los últimos escándalos, para que ella,
                     viviera un día más.

CANTO TERCERO

Amar,
         amábamos a Evita.
Le pusimos
                 en medio del pecho 
                                               un sol de guerra,
cálido,
          pájaro del atlántico,
                                       entretejiendo
las palabras de la liberación.
Volveré,
             seré millones.

CANTO CUARTO

Estúpida alondra,
morir en nuestros brazos
                                     y como final,
 para la pantalla,
                        para el gran mundo,
un corazón pintado entre tus nalgas,
                                                     y a viva voz,
para los grandes canales,
                                     las palabras del fin: 
muero por amor.

CANTO QUINTO

La ciudad sigue gris
cuando escribo lentamente mis versos.

La época del sol,
                          era en antaño,
                                               recuerdo sus fulgores, 
ácidos amarillos contra los ojos ciegos.
Ahora en la ciudad,
                             del gris intenso, 
escribir lentamente mis versos,
                                             ya no alcanza.
El escritor,
                altera sus sentidos,
 el escritor,
                 sabe que fueron necesarios,
 un siglo entero de mujeres,
                                         cinco siglos de dios, 
para que el poeta se deje llevar,
                                                para que vuele.

CANTO SEXTO

    la ideología, siempre trata de la vida

Cuando todo parece a mi favor,
                                                todo crece,
                                                                 mentira.
Poco a poco,
                    me iré rindiendo a la evidencia,
 haré:
        todo lo necesario para ser.
                                               Soy
una familia numerosa,
un médico maduro y todavía,
                                           a la espera,
 de un brillante,
                      estúpido futuro.
Poeta porque soy,
                           un médico moderno.
Escribo versos fundamentales,
                                             soy un decidor.
                                                                   Obrero del verbo.
De la guerra me preocupa,
                                        su relatividad,
del tango,
              su cadencia.
                               No me dejes morir,
                                                            Gardel,
                                                                       cantá.
Soy,
lo que se dice, un pura sangre,
y quiero ser,
                   el padrino del siglo,
el hombre de los mil rostros,
                                          titiritero de los bajos fondos,
el médico del alma en general
                                            y quiero ser,
una especie de padre fin de siglo
                                                y sin embargo,
la libertad,
               no existe.

CANTO SÉPTIMO

Y ahora,
             luchar por el poder
                                          y hacer de eso, 
un entretenimiento.
El primer paso tendrá que ver,
                                             con la recolección,
de basura,
               Será preciso juntar,
                                            toda la mugre.
 Con nosotros,
la antigua fragancia de la mugre vieja
 y el cálido y juvenil aroma,
 de la pequeña mugre,
                                 la mugre de los niños
Iremos todos juntos,
                              siempre,
                                          y viviremos cada vez,
de mal,
           en peor.
                      Lentamente dominaremos el mundo.
Lo sabemos,
                  ninguno de nosotros,
                                                 tomará,
                                                            la buena senda,
El hombre morirá de rodillas o no morirá.
Esclavo,
            de su propia; locura,
                                           de su rápida,
                                                              mortal estupidez.
El poeta,
             quiere gobernar,
toda esa tontería
                         y puede.
Releyendo mis escritos,
                                   se notará que soy,
un gran conductor,
                            un alma sin destino,
                                                        un pobre hombre.
Tener,
         lo tuve todo,
el pálido saber de los idiotas,
la ronca alegría de los moribundos,
                                                     mis pobres muchachos,

mis pobres angelitos negros,
mis célebres mugrientos,
                                    mis mártires.

CANTO OCTAVO

Reducir,
             todo tiempo
                               a un solo tiempo.
El de los estallidos.
                            El resto,
hacerse el estúpido,
                             el problematizado.
La neurosis,
                  está bien vista.
Cuerpo y palabra
                          flotando libremente,
temprano o tarde
                          ocurrirá,
                                      la fisión atómica.

No hay humanidad sin estallidos.
                                                Esperar,
el tiempo,
               siempre sobra.

CANTO NOVENO

Preocupado,
                   sigo preocupado,
                                             por el bienestar general

El cielo,
una atmósfera de litio enrarecida,
 un canto de mal agüero
sobre la tibia llanura del pasado.

Ella y su rostro,
                       ahora,
                                contra el cielo.
Empobreciendo el sentido del universo,
acortando las distancias,
                                    para saltar,
 la muralla infranqueable. 
Ella, 
quiere cometer su pecado,
                                        tener,
su crimen propio.
                         El nombre de su padre,
                                                           no le alcanza,
desea para ella,
                       junto a nosotros,
                                               un porvenir,
ardiente,
            ardiente y loco
                                  y mortal-porvenir..
Se trata,
             de la historia de siempre,
una historia de hambre.
                                  Un,
                                       quiero más,
                                                        infinito.
Un permanente y rebuscado dolor.

Me dejó de querer
                             por una tontería,
a causa, 
            de un arrebato de mi inteligencia
una mordaz inspiración.

CANTO DÉCIMO

Antes de morir,
                       es preciso,
                                      enfermar del todo.
Conocer el último mal.

Tener hijos,
                 trabajo,
                            ideales,
                                       algo porque luchar.
Una fiebre intensa en el estómago,
                                                   contra todo.
Después,
              morir tranquilamente.
                                             Conocer el mal a fondo, dejarnos sorprender por el amanecer,
 por una rabia,
                      de los sentidos,
                                             contra la pulcritud.
Conocer,
              bien amada,
                                quiero conocer,
                                                        la virtud del mal.
 La furibunda corona de rosas embalsamadas
 y la pálida,
                 nostálgica puta,
                                        imperdonable,
                                                             loca de amor.

No temas,
los asesinos,
                  siempre que hablamos,
                                                    hablamos del pasado.
Ocurrir,
           ocurrió,
                      fue
                          en tu propia mirada.
Ella y el
            agonizaron en mis brazos
                                                  y vos,
eras feliz.

CANTO UNDÉCIMO o CANTO FINAL

Esclavos,
              y sin embargo,
                                    soy un escritor.
Sólo quiero,
                   sus hambrientas miradas sobre mí.
Sólo quiero,
-para el último poeta de occidente-
 un verdadero lujo:
                            Testigos,
billones de testigos, para el canto final.
Y el atrevimiento,
                           es insospechable
                                                    porque ahora,
debo escribir,
                     nuestro canto final.
Famosos rugidos,
                           quiero,
                                     salvajes voces,
para que el poeta,
                          pueda lo imposible:
cagar en el baño,
comer en el comedor,
 morir en una cama,
                              y un diploma de algo,
                                                             no le vendría mal. La impunidad es necesaria
La bestia,
              que descanse tranquila,
                                                 que muera en paz.
El circo,
sólo necesita
                   su pasado.
Ya lo sé señores,
                          la libertad,
                                         no existe.
Lo dije yo mismo,
                           pero el poeta,
                                               ama la libertad.
La lujuria,
               un beso en las sombras,
 y entre las sombras,
                              el arcoiris,
y en medio del arcoiris,
                                   Picaso,
                                             tu paloma,
tu blanca paloma de la paz
                                        y su tierna mierdita, 
sus celestiales cagaditas,
                                    exactamente, 
sobre nuestros ojos.
                              Y para que se entienda,
 lo digo claramente:
                             Amo la libertad.
                                                    Basta de muertes.
Tampoco por la patria.
De mirarnos largamente en los espejos,
 y del amor,
                  y de la muerte,
                                        ya estamos podridos.
Sabemos,
                que el aire libre,
                                       el sol,
 también tienen sus víctimas.
                                          Sus locos amantes,
 sus empollados místicos,
 los dispuestos a todo por el sol,
                                                 la rica gente.
los que debajo de las llagas,
                                          gozan,
buena salud,
                   una salud profunda,
                                                individual,
                                                               a solas.
Las llagas y el olor a podrido,
                                            dicen,
                                                     sólo una moda,
 simplemente una crisis del sistema,
                                                    un amor de verano,
 una rápida y finita fulguración.
Pero el otoño volverá
                                y caerá
                                           quien tenga que caer.

Lo único perenne,
                           nos dicen,
                                          la frondosa telaraña,
las mallas imperceptibles,
                                      oblicuas,
                                                   donde el hombre,
pierde,
          sus sentidos.
Tienen razón señores,
                                el poder es vuestro,
 pero al poeta,
                      nada le importa,
                                              el poeta,
                                                           ama la libertad,
 La belleza de nuestro viejo trigo americano,
 creciendo por doquier,
                                   el pan amable de los incas.
 Los sexos multicolores de nuestras tierras vírgenes
 y nuestros famosos indios sin dios,
                                                     los tercos guaraníes,
 los que entregaron todo mansamente,
 para seguir,
                  hablando de la libertad,
                                                     Reyes del verbo.
Y se arrodillaron frente a la cruz,
 porque bajo ese cielo,
                                  daba lo mismo
hablar del hombre o de los dioses.
                                                   Después,
 murieron todos.

                           Cristo crecía, 
-entre las duras piedras de los andes-
sellando el increíble
                             destino americano.
Oscuros cañones,
                           armas sofisticadas,
 las más feroces radiaciones atómicas
                                                        y todo,
 contra el preciso órgano de la verdad,
 contra nuestras propias
                                   y amadas,
                                                  cuerdas vocales

Era necesario,
                     acallar,
                                lo estrictamente humano.
Murieron todos .
                        La sangre,
                                       dio sus frutos
                                                           y fue,
el viscoso alimento
                            de las pequeñas criaturas,
 y de los campos.
                          Crecieron,
salvajes plantas,
una tercera fuerza incontenible.
                                              Una raza de fieras.
Sin ningún territorio para vivir
                                            y por eso,
amantes de la libertad,
                                 de la palabra inalcanzable,
de la terca
                y violenta creencia,
                                            que todo cambiará

El odio
          fue necesario para vivir,
la vida alegre,
                     una esperanza.
Nos obligaron a tener pudor,
nos inventaron extravagantes ropajes,
para ocultar nuestra belleza.
Ella,
       se dice,
                   era insoportable,
                                            una belleza humana,
un ansia por vivir,
                          una pasión irremediable.

Opusieron
al canto de nuestros sexos al aire libre,
 las marchas nupciales,
                                  el bautismo,
                                                el sórdido ruido de metralla,
y sin embargo,
                      el poeta,
                                  ama la libertad.
Quiere volar,
                   quiere,
                             decirlo todo.
Inventaron para la libertad del poeta,
los espacios reducidos,
 las cárceles,
                   un lugar en la cultura.
Lo destruyeron todo
                               y sin embargo,
                                                     el poeta,
ama la libertad.

El ronco murmullo de las palabras hasta el paroxismo.

El poeta,
             sólo quiere cantar
                                        y América,
canta en el poeta.
                          Pedimos,
un sitio para vivir,
un espacio para nuestros gritos,
                                               mansamente,
pedimos el poder,
                           Somos,
                                      los desposeídos,
los que fuimos privados,
                                    despojados,
de nuestra historia y de los frutos.
Invento de la modernidad,
                                       fuimos,
                                                  el nuevo mundo,
el manantial ardiente
                              y los misteriosos
                                                      y salvajes néctares, 
para que los señores gocen eternamente.
                                                            Y todavía,
 el poeta, ama la libertad.
Un acuerdo definitivo entre nosotros:
cortar los flujos,
                        para que el enemigo, 
                                                      muera de vejez.

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