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268. POESÍA MÁS POESÍA: MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA

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BIOGRAFÍA DE LA POETA MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA

[…] A más de todo esto, mamá no me quiere / pues me está reprimiendo todito el día / que, por Dios, no haga versos, que eso es muy malo / que me quedo soltera, seguramente, si hago poesía […] Mas yo encuentro sin duda que es preferible / a una dicha pequeña ya realizada / una inmensa ventura, que nunca llega, / pero cuya esperanza mantiene el alma siempre
encantada.»
«MONÓLOGO», 1893.

Maria Eugenia Vaz Ferreir 1877 - Poesia Online

María Eugenia Vaz Ferreira nació en 1875 en Montevideo (Uruguay) y fallece en 1924 en el mismo lugar. Hija de un comerciante portugués, Manuel Vaz Ferreira y de una descendiente de asturianos y portugueses, Belén Ribeiro, maestra de profesión. Era una familia culta y acomodada de Montevideo. María Eugenia fue la menor de tres hermanos, el segundo de ellos fallecido al nacer. Su hermano, Carlos Vaz Ferreira, fue escritor y pensador, abogado de profesión, rector de la universidad y decano de la Facultad de Humanidades pero sin embargo, mantuvo ocultos muchos de los poemas de su hermana. Maria Eugenia Vaz Ferreira fue una poetisa uruguaya que, pese a haber dejado una preciosa colección de poemas, se considera uno de los secretos mejor guardados de su tierra. No existen antologías donde se recoja su obra y son pocas las personas que recuerdan a este personaje tan imprescindible de las letras charrúas (pueblo nativo americano ubicado en el siglo XVI entre los ríos Paraná y Uruguay).

Carlos Vaz Ferreira importante filosofo uruguayo. Hermano de la poetisa Maria Eugenia Vaz Ferreira - Poesia Online
Carlos Vaz Ferreira, importante filósofo uruguayo. Hermano de la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira,

Sus creaciones estuvieron guardadas en el olvido por más de treinta años, pocos fueron sus poemas publicados en vida, y pocos más los que su hermano, Carlos Vaz Ferreira, permitió que vieran la luz; por lo que, recién cuando él hubo fallecido, el resto de poemas fueron publicados, permitiendo que el mundo entero conociera a una de las poetisas más deslumbrantes de esta tierra, que podría ubicarse cerca de nombres como Juana de Ibarborou.

La época en que vivió María Eugenia (finales del Siglo XIX y principios del XX) fue una época de cambios. Se pasó de una excesiva libertad a la represión en la expresión de sentimientos, la vestimenta recatada y la sexualidad vivida con culpa. El Estado impuso la ética, el trabajo, la educación y, sobre todo, la virtud. La vida de los niños y las mujeres se redujeron al ambiente familiar.

Belen Ribeiro Madre de Maria Eugenia - Poesia Online
Belén Ribeiro Madre de María Eugenia

Por lo que puede desprenderse de su poesía, se puede decir que María Eugenia era una mujer extravagante, segura de sí misma y, por sobre todas las cosas, con un talento especial para la literatura, sobre todo para el género lírico.

De niña, María Eugenia, como tantas mujeres de su época, no asistió a escuelas públicas ni a colegios particulares. La enseñanza que recibió fue en el hogar y algún tiempo con profesores particulares. Aprendió alemán, inglés, francés, y piano. Estudió piano con su tío, el músico León Ribeiro. Realizó composiciones de sus músicos más admirados: Chopin y Wagner y llegó a sorprender con composiciones musicales. Fue pianista de cierta fama e intervino en actos públicos como concertista entre 1895 y 1910. La mayoría de sus composiciones se han perdido y sólo quedan dos o tres de las de menor importancia.

También tomó estudios pictóricos con su tío Julio Freire, pintor formado con artistas florentinos, resultando ser una excelente dibujante y retratista.

En 1884 su padre se trasladó a Brasil por cuestiones económicas. Falleció años más tarde en circunstancias extrañas, lo que obligó a su hermano Carlos a salir a trabajar para sostener a la familia. María Eugenia se quedó al cuidado de su madre, “enferma de los nervios”, con quien no se llevaba bien.

 

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En literatura tuvo influencias de Lamartine, Bécquer, Heine… Su primera presentación pública fue la lectura de un monólogo en un festival del Club Católico en Montevideo, con su poema Monólogo, cuando recién tenía dieciocho años. En él se denotaba su rebeldía, planteando las dificultades de ser poeta y mujer Sus primeros versos aparecieron publicados en diversas revistas de la época como Rojo y Blanco, la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales y La Revista, dirigida por Julio Herrera y Reissig.

Parte de su producción inicial fue recogida por Víctor Arreguine en Colección de poesías uruguayas (1895) y por Raúl Montero Bustamante en El Parnaso Oriental (1905). Parra del Riego incluyó doce de sus poesías en Antología de poetisas americanas (1923).

Hizo una selección de 41 poemas que pensó primero en publicar con el título de Fuego y Mármol o Las Islas de Oro, que luego se definió como la Isla de los Cánticos, pero no pudo culminar la edición antes de morir. Ya enferma, se lo encargó a su hermano Carlos Vaz Ferreira la publicación de La isla de los cánticos, que apareció en 1925 . Su hermanó diría:

“Mi hermana—dijo en tal ocasión Carlos Vaz Ferreira — proyectaba desde muy joven publicar en libro sus poesías; pero no se decidió nunca a hacerlo; en parte, por su temperamento, al que era más grato lo imaginado que lo realizado; en parte, porque le repugnaban ciertos aspectos de la publicidad.

1903. En quinta de la calle Buchental - Poesia Online
1903. En quinta de la calle Buchental.

 

Lo que hacía fácilmente era dar copias de sus composiciones a personas amigas, o a quienes se las solicitaban para publicarlas en periódicos o revistas. Así fueron conocidas desde el principio, y ejercieron su influencia.

Últimamente, sin embargo, había llevado más adelante su proyecto: había hecho preparar la composición de un folleto con una selección de poesías, y aun había empezado la corrección de las pruebas, que tuvo que interrumpir por la agravación de su enfermedad. Entonces convinimos en que yo la ayudaría para la parte material de esa corrección, si mejoraba; y, para el caso de su muerte, me pidió que yo publicara el libro. Es el presente.

Las poesías que contiene son exactamente las que ella había elegido (si bien no estoy tan seguro en cuanto al orden)”.

Tras el fallecimiento de Carlos Vaz Ferreira, en 1959, salieron a la luz gran parte de la obra de María Eugenia Vaz Ferreria. La otra Isla de los Cánticos fue publicada con manuscritos inéditos. También escribió tres obras teatrales. Estrenadas en el Teatro Solís : “La piedra filosofal” en 1908, “Los peregrinos” en 1909 y “Resurrexit” en 1913.  En 1912, la Orquesta Nacional dirigida por Luis Sambucetti estrenó en el Teatro Urquiza el poema sinfónico Dulce Misiva con texto y música de la poeta.

Su poemario Fuego y mármol, permaneció inédito hasta su publicación póstuma en Obras completas, en 1966. En él expresa la fuerza del impulso erótico contrapuesto a la pureza, que le parece un sinónimo o disfraz de la frialdad e indiferencia sexual que se exige a la mujer honesta, idea recurrente y esencial en la poética de María Eugenia Vaz Ferreira.

Cuando se creó en Montevideo la Universidad de Mujeres, ella aceptó los cargos de, primero secretaria, en 1912 y, posteriormente, en 1915, de Profesora de Literatura. La labor administrativa le pareció rutinaria y desagradable, pero la de profesora la desempeñó con mucha dedicación. Era una clase de enseñanza secundaria, pero ella la dictaba como una clase de la Facultad, a base de explicaciones propias y previa lectura personal y directa de todos los autores.

En 1903 la poeta Delmira Agustini le había dedicado un poema en la revista Alborada, por su inédita forma de tratar el amor y sus versos, que habían despertado interés y polémicas en el ambiente intelectual del siglo XX. Ambas mantuvieron una cordial amistad.

María Eugenia compuso obras dramáticas como La Piedra Filosofal y Los Peregrinos, estrenadas en los años 1908 y 1909.

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El 2 de febrero de 1914, en el festival aeronáutico del Centro Nacional de Aviación, se transforma en la primera uruguaya en subir a un avión y sobrevuela los alrededores del Hipódromo de Maroñas, en Montevideo.

María Eugenia obtiene un gran éxito en los salones burgueses no solo por su poesía, sino también por sus composiciones musicales. La describen como melancólica, rara, ingeniosa e irresistible por su inteligencia, y hay quien la compara con Oscar Wilde por su capacidad de invención y agilidad en las respuestas. Bohemia e irreverente, pese a que está mal visto que una mujer salga sola a la calle, ella lo hace, se divierte y se siente libre. No le interesa «el qué dirán»; a menudo sale sin sombrero, gesto impensable en una «mujer de bien», y en una fiesta llega a aparecerse con un zapato de cada color, afirmando ante el asombro de los testigos que «yo no soy un pajarito, no debo mover mis dos pies al mismo tiempo».

Cuando se disponía a hacer una selección de sus mejores poemas, con vistas a una edición, María Eugenia cayó gravemente enferma y tuvo que abandonar el proyecto. Su estado de salud la obligó a abandonar la Universidad en 1922, acogiéndose a la Ley de Jubilaciones.

La isla de los cánticos, escrito en 1924 refleja la singularidad de la autora: una síntesis del romanticismo tardío de Heine y Gustavo Adolfo Bécquer.

Fue integrante de la generación del 900 y participó del apogeo del modernismo. La poeta Gabriela Mistral la proclamó “la maestra de todas nosotras”.

Testimonios y leyendas hablan de Maria Eugenia Vaz Ferreira que la describen como una persona anticonvencional, transgresora, bohemia, extravagante y desaliñada. Era también una persona sociable, que concurría en el Club Uruguay y estaba en contacto con intelectuales del país y en el exterior.

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Señalan que padecía de una enfermedad nerviosa, que fue maniaco- depresiva en los últimos años de su vida, pero no le impidieron escribir. Fue ingresada en un centro de salud mental de Montevideo y la medicación le provocó un fallo renal. Falleció el 20 de mayo de 1924 en Montevideo. Ella tenía cuarenta y ocho años.

A un mes de su fallecimiento tuvo lugar un homenaje multitudinario en el Salón de Actos Públicos de la Universidad (hoy Paraninfo), en el que entre muchos otros participaron Emilio Frugoni, Francisco Schinca y Juan Zorrilla de San Martín. Ese mismo año, la revista Pegaso (Año VIII, N°72) publicó una edición homenaje con poemas inéditos; participaron Osvaldo Crispo Acosta (Lauxar), Pedro Miguel Obligado, Emilio Frugoni, Guzmán Papini, Carlos Sabat Ercasty, entre otros.

La isla de los cánticos se reeditó en 1956 en la Colección Clásicos uruguayos (Biblioteca Artigas), Vol.20, con prólogo de Esther de Cáceres (quien fuera su alumna). La casi totalidad de su obra no se conoció hasta 1959. En ese año, su amigo Emilio Oribe reunió y prologó las páginas que María Eugenia había desechado al estructurar la edición de 1925, bajo el nombre La otra isla de los cánticos, con un total de 71 poemas.  La Biblioteca Nacional, con la dirección de Arturo Sergio Visca, realizó una exposición homenaje al cumplirse 100 años de su nacimiento. En 1986, Hugo Verani publicó las Poesías completas con textos hasta entonces inéditos.

La obra de María Eugenia Vaz Ferreira ha sido musicalizada posteriormente por varios autores y autoras y el sillón de de María Eugenia es uno de los diecinueve sillones en la Academia Nacional de Letras del Uruguay.

Fue la primera mujer en Uruguay que cantó sus deseos y sus angustias sin exageraciones, abriendo camino en castellano a la poesía femenina. A través de su obra desafió la dominación masculina y fue libre de expresar el dolor de la soledad y las restricciones que se imponían a la condición de mujer ante una sociedad patriarcal

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Eugenia_Vaz_Ferreira
http://www.academiadeletras.gub.uy/innovaportal/v/128915/46/mecweb/Mar%C3%ADa%20_Eugenia%20_Vaz%20_Ferreira
http://www.autoresdeluruguay.uy/biblioteca/Maria_Eugenia_Vaz_Ferreira/lib/exe/fetch.php?media=catalogo_expo_maria_eugenia_vaz_ferreira.pdf

https://letras-uruguay.espaciolatino.com/zum_felde_alberto/maria_eugenia_vaz_ferreira.htm

http://www.academiadeletras.gub.uy/innovaportal/v/128915/46/mecweb/Mar%C3%ADa%20_Eugenia%20_Vaz%20_Ferreira

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9211889.pdf

expotransgresoras.org/language/es/maria-eugenia-vaz-ferreira-ribeiro-2/

https://letras-uruguay.espaciolatino.com/zum_felde_alberto/maria_eugenia_vaz_ferreira.htm

https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/69401

 

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA

ÚNICO POEMA

Mar sin nombre y sin orillas
Soñé con un mar inmenso,
Que era infinito y arcano
Como el espacio y los tiempos.

Daba máquina a sus olas,
Vieja madre de la vida,
La muelle, y ellas cesaban
A la vez que renacían.

Cuánto nacer y morir
Dentro la muerte inmortal!
Jugando a cunas y tumbas
Estaba la Soledad.. .

De pronto un pájaro errante
Cruzó la extensión marina;
«Chojé.. . Chojé…» repitiendo
Su quejosa mancha iba.

Sepultóse en lontananza
Goteando «Chojé… Chojé…»
Desperté y sobre las olas
Me eché a volar otra vez.

 

CANTO VERBAL

A ti, palabra mi suprema dea,
tiende sus alas la esperanza mía
águila errante del desierto humano
sin altas cumbres donde reposar
el tedio de las rutas infinitas…
Tiende sus alas como a excelsa fuente
pródiga de belleza y de armonía;
quiere beber en tu copa de oro,
quiere bañarse en el agua sonante,
mudable en sus ritmos, diversa en sus glosas
y cuyo oleaje ya
sacudido por vértigos fecundos
o melodioso de serenidad…
A ti, palabra que tienes la magia
de sabiamente transmutar tu forma
y ajustarla a la loca trashumancia
de la maravillosa ánima viva….
Oh profunda, variante y fugaz,
que floreces en vetas luminosas
perfumadas de esencia espiritual…
Ánfora
de caudalosas perlas en murmurio,
de blancas nieves y de rojas flamas.
Ánfora
de tempestades y constelaciones,
de suaves lluvias y silbantes rachas…
Ánfora
de sonoras cadencias,
de crujiente espuma, cascabel marino,
de místicas hostias y de miel pagana…
No hay un tesoro que supere al tuyo
en abundancia de oportunas galas
para quimeras y revelaciones,
grandes historias y leyendas magnas
no hay un tesoro que supere al tuyo,
vertiginoso para la elocuencia,
inagotable para la ilusión,
lírico para el numen romancesco
y musical para el divino amor…
Por tu vocero el invisible espíritu
se glorifica en vividas ofrendas,
su lira tañen las carnales fibras
y el corazón henchido se desborda
en sublimes poemas…
Por ti
sobre el bronce triunfal de los escudos
brotaron rosas trágicas,
cuyo fragante olor de sangre noble
blasonó las estirpes y las razas.
Por ti
en las verdes pupilas de las fieras
las sombras de los ímpetus salvajes
se trocaron en. húmedas estrellas.
Por ti se abrió de muchas rocas duras
el regazo feraz
en el dulce licor de sus vertientes
se confortó la esperanza mortal.
Yo no sé en qué fantástica materia
al escultor de la progenie humana
le plugo modelar la estatua mía,
que no ablanda la luz de las auroras
ni el oscuro crepúsculo marchita;
pero si alguna vez mi corazón
abre a la vida su raudal interno,
sí se doran mis áridas llanuras
y se pueblan de esquifes mis océanos,
si se viste de estelas fulgurantes
la. nebulosa noche de mis piélagos
y las alas sin sol de mis pendones
en raudas ondas flotan a los vientos,
si gorjean mis pájaros será
cuando en la entraña de un sacro silencio
sobre la losa de mi tumba viva
choque su llama tu rayo de fuego.

 

ELEGÍA CREPUSCULAR

Viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
anónimo pasajero
fugaz en todas las patrias,
en las misteriosas selvas
y en las grutas oceánicas,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas…
Tu roce sobre mi frente
tiene la misma eficacia
de la luna entre las ruinas,
de los óleos en las llagas
y de las claves que aflojan
el cordaje de las arpas…
Tu fresco soplo serena
la exaltación de mi alma
fosca de llamar sin nombre
y esperar sin esperanza
por haber nacido póstuma
dentro de su propia lápida…
Viento suave del crepúsculo
que cruzas sin decir nada
el transitorio paréntesis
suspenso en la sombra vaga,
cuando enmudecen las cosas
o todavía no cantan,
cuando de los rojos soles
palidecieron las flamas
y las nocturnas estrellas
están todavía pálidas…
Si yo supiera estar triste
yo me desharía en lágrimas
para que así me bebieran
las caricias de tus ráfagas
¡Qué lindo renunciamiento!
¡Qué liberación beata!
Viento suave del crepúsculo
si tus brisas me acabaran,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas.

 

HEROICA

Yo quiero un vencedor de toda cosa,
invulnerable, universal, sapiente,
inaccesible y único.

En cuya grácil mano
se quebrante el acero,
el oro se diluya
y el bronce en que se funden las corazas,
el sólido granito de los muros,
las rocas y las piedras
los troncos y los mármoles
como la arcilla modelables sean,
A cuyo pie sin valla y sin obstáculo
las murallas amengüen,
se nivelen los pozos,
las columnas se trunquen
y se abran de par en par los pórticos.

Que posea la copa de sus labios
el licor de la vida,
el virus de la muerte,
la miel de la esperanza,
las beatas obleas del olvido,
y del divino amor las hostias sacras.

Que al erótico influjo de sus ojos
se empañen los cristales,
la nieve se calcine,
se combustione el seno
virginal de las selvas
y se empenache con ardientes ascuas
el corazón de la rebelde fémina.

Que al rayar de su testa iluminada
resbalen de las frentes
las más bellas coronas,
los lábaros se borren,
repliegue sus insignias
la faz del estandarte
y vacilen los símbolos ilustres
sobre sus pedestales.

Yo quiero un vencedor de toda cosa,
domador de serpientes, encendedor de astros
transponedor de abismos…

Y que rompa una cósmica fonía
como el derrumbe de una inmensa torre
con sus cien mil almenas de cristales
quebrados en la bóveda infinita,
cuando el gran vencedor doble y deponga
cabe mi planta sus rodillas ínclitas.

 

HACIA LA NOCHE

Oh noche, yo tendría
una palma futura, desplegada
sobre el gran desierto,
si tú me das por una sola noche
tu corazón de terciopelo negro,
y yo, al compás de su morena sangre,
canto con las ondas beatas el sacro silencio.

Mi canto será vivo
sólo por el deseo
de serenar la cotidiana angustia…

Oh noche, yo te quiero
sin el fulgor de luminosos astros,
sin marinos clamores
y sin la voz que finge
en los cráneos sonoros el rumor de los vientos.

Oh dulce noche mía, oh dulce noche!
Aunque el glorioso pájaro del alba.
rompa después mi lapidario ensueño,
un polvo de inquietud arda en mis ojos,
y me seas de nuevo
sólo una palma antigua, replegada
sobre el gran desierto.

 

LAS QUIMERAS

Sangre bullente de las bocas rojas,
sangre que brilla
y en recónditos vasos se retrae
cuando fervientes labios se avecinan…

Paladar calcinado,
lengua de fuego
que lleva el peregrino
bajo el sol meridiano del desierto
y cuya sed no aplacan
el límpido raudal de los oasis
y el dulce jugo de los cocoteros…

Collares desatados,
lacias guirnaldas de los brazos quietos,
ceñidores de amor nunca prendidos
para estrechar los cuellos ofrendarios
y los torsos solícitos…

Cuencas de las pupilas
curiosas de figuras,
ebrias de perspectivas deslumbrantes,
conturbadas por blondos espejismos
adonde fácilmente
se borran los mirajes
como en el mar la curva de las olas
y la fugaz estela de las naves…

Placa de oro para el son propicia,
fibras de acústica sonora
por donde ruedan todas las palabras
sin imprimir sus líricas rapsodias…

Campanas mudas de los corazones,
cosas rebeldes,
también como a vosotros
más de una vez las manos me tendieron
más de una vez riéronme los labios
y se deshizo en cálidos aromas
la brasa de sus rojos incensarios…..

También como a vosotros
miráronme gozosas las pupilas,
que rayaron en tórridos incendios
con brillo de fulgentes pedrerías…

Mas seguí torvamente y tristemente
porque también me ungieron en mal hora
con sedes y ambiciones sobrehumanas,
con deseos profundos e imposibles,
y voy como vosotros
también inaccesible e impotente,
cargando con la cruz de la quimera,
ajustada a la sien ardua corona,
sin poder claudicar
y sin tocar la carne de la vida
jamás, jamás, jamás.

 

INVOCACIÓN

Oh noche embriagadora
hecha de soledad y de desesperanza,
que brindas en tu copa de azabache y de estrellas
sobre la tierra ardiente en quietud derramada.

Noche de las delicias mudas y negativas
de que gozan los muertos vivos como fantasmas,
abrochando en la sombra su carnal vestidura
marchita de enflorar la fiesta meridiana.

Noche, noche infinita, rincón de los olvidos,
perdón de penitentes que nunca hicieron nada
más que cargar a solas el pesado madero
sobre la ligereza cautiva de sus alas…

Te espero día a día
para esconder mis horas en la paz de tu lápida,
cuando las ondas vivas su vibración aquietan
bajo la fuerza ignota de atávicos nirvanas,

y en invisibles soplos
el numen secular su inspiración levanta
del fondo de los tiempos para siempre extinguidos,
aunque la rueda cósmica traiga sus añoranzas.

Yo no sé lo que dice tu boca abierta y muda
al que doró su tienda con oro de esperanza,
pero yo sé que sabes con amorosa ciencia
tenderte suavemente sobre el alma cansada!

Tu voz dice en silencio tu eternidad futura;
la rúbrica del «Fin» está en tu obscura mancha,
aunque a besarte vengan en sus carros sonoros
con sus aureolas rubias las doncellas del alba.

Todavía los mundos
relucen en la bóveda de tu urna sagrada;
un viejo tesorero se ha dormido en los tiempos
y ha olvidado en tu fondo sus últimas alhajas…

Dale a los benditos que todavía sueñan,
tus áureas lentejuelas y tu hostia de plata,
y a mí, que te deseo inextinguible y única,
dame la eternidad de tu silencio, oh Hermana.

 

LA RIMA VACUA

Grito de sapo
llega hasta mí de las nocturnas charcas…
la tierra está borrosa y las estrellas
me han vuelto las espaldas.

Grito de sapo, mueca
de la armonía, sin tono, sin eco,
llega hasta mí de las nocturnas charcas…

La vaciedad de mi profundo hastío
rima con él el dúo de la nada.

 

LA ESTRELLA MISTERIOSA

Yo no sé dónde está, pero su luz me llama,
¡oh misteriosa estrella de un inmutable sino!…
Me nombra con el eco de un silencio divino
y el luminar oculto de una invisible llama.
Si alguna vez acaso me aparto del camino,
con una fuerza ignota de nuevo me reclama:
gloria, quimera, fénix, fantástico oriflama
o un imposible amor extraño y peregrino…

Y sigo eternamente por la desierta vía
tras la fatal estrella cuya atracción me guía,
mas nunca, nunca, nunca a revelarse llega!
Pero su luz me llama, su silencio me nombra,
mientras mis torpes brazos rastrean en la sombra
con la desolación de una esperanza ciega…

 

HISTORIA PÓSTUMA

Todo me lo diste, todo:
el ritmo azul de las cunas
en cuentos maravillosos
glosados de suaves músicas…

Las palabras melodiosas
divinas como el silencio,
las rosas de nieve y oro
perfumadas de secretos…

Las albas anunciadoras
de los venturosos días
henchidos de primaveras
refulgentes de sonrisas…

Las pálidas nebulosas
de los cielos taciturnos,
la soledad, el olvido
y la paz de los sepulcros.

 

HOLOCAUSTO

Quebrantaré en tu honra mi vieja rebeldía
si sabe combatirme la ciencia de tu mano,
si tienes la grandeza de un templo soberano
ofrendaré mi sangre para tu idolatría.
Naufragará en tus brazos la prepotencia mía
si tienes la profunda fruición del oceáno,
y si sabes el ritmo de un canto sobrehumano
silenciarán mis arpas su eterna melodía.

Me volveré paloma si tu soberbia siente
la garra vencedora del águila potente;
si sabes ser fecundo seré tu floración,
y brotaré una selva de cósmicas entrañas,
cuyas salvajes frondas románticas y hurañas
conquistará tu imperio si sabes ser león.

 

REGRESO

He de volver a ti, propicia tierra
como una vez surgí de tus entrañas;
con un sacro dolor de carne viva
y la pasividad de las estatuas.
He de volver a ti gloriosamente,
triste de orgullos arduos e infecundos
con la ofrenda vital inmaculada.
No sé, cuando labraste el signo mío,
el crisol armonioso de tus gestas
dónde estaba…
dónde la proporción de tus designios…
Tú me brotaste fantásticamente
con la quietud de la serena sombra
y el trágico fulgor de las borrascas…
Tú me brotaste caprichosamente
alguna vez en que se confundieron
tus potencias en una sola ráfaga…:
Y no tengo camino;
mis pasos van por la salvaje selva
en un perpetuo afán contradictorio,
la voluntad incierta se deshace
para tornasolar la fantasía;
con luz y sombra, con silencio y canto
el miraje interior dora sus prismas;
mientras que siento desgranarse afuera
con llanto musical los surtidores,
siento crujir los extendidos brazos
que hacia el materno tronco se repliegan,
temor, fatiga. solitaria angustia,
y en un perpetuo afán contradictorio
mis pasos van por la salvaje selva.
Ah, si pudiera desatar un día
la unidad integral que me aprisiona.
Tirar los ojos con los astros quietos
de un lago azul en la nocturna onda…
Tirar la boca muda entre los cálices
cuyo ferviente aroma sin destino
disipa el viento en sus alas flotantes.
Darle el último adiós
al insondable enigma del deseo,
cerrar el pensamiento atormentado
y dejarlo dormir un largo sueño
sin clave y sin fulgor de redenciones.
Alguna vez me llamarás de nuevo,
y he de volver a ti, tierra propicia,
con la ofrenda vital inmaculada,
en su sayal mortuorio toda envuelta
como en una bandera libertaria.

 

TU ROSA Y MI CORAZÓN

Antes que entre tus labios y mi oído
el ciprés del silencio, largo y mudo,
alce su quieta cima,
de tu palabra en el cristal sonoro
dame una roja rosa, que será
por tu lirismo y tu carne fragante
rosa de amor humano y rosa mística.

La prenderé en mi pecho
sobre la palpitante rosa mía,
y del perpetuo beso el tibio roce
esparcirá sus perfumadas ondas…

Hoy,
ebria de aroma me será brindada
la belleza infinita…
y en mi larva fugaz cuando se apaguen
los armoniosos éxtasis
me envolverán las perfumadas ondas
en su mortaja amante y siempreviva.

Dame una rosa, antes
que el ciprés largo y mudo, entre nosotros
alce su quieta cima…

 

VASO FURTIVO

Por todo lo breve y frágil,
superficial, fugitivo,
por lo que no tiene bases,
argumentos ni principios;
por todo lo que es liviano,
veloz, mudable y finito;
por las volutas del humo,
por las rosas de los tirsos,
por la espuma de las olas
y las brumas del olvido…
por lo que les carga poco
a los pobres peregrinos
de esta trashumante tierra
grave y lunática, brindo
con palabras transitorias
y con vaporosos vinos
de burbujas centelleantes
en cristales quebradizos…

 

VOZ DEL RETORNO

Nada le queda al náufrago; ya nada: ni siquiera
la dulce remembranza de un viejo sueño vano,
ni la marchita y frágil ala de una quimera
que al estrecharse deja su polvo entre la mano.
La media noche es tarde y el alba fue temprano,
y el orgulloso día le dijo al sol: “Espera”;
quien sin besarla aspira la flor de Primavera,
pasa como una sombra por el jardín humano.

Violetas de los prados en el solar fragante,
rosas de los pensiles rojas y perfumadas
que al pasajero abrieron su misterioso broche;
el náufrago retorna como una sombra errante,
sin una sola estrella de flámulas doradas
con que alumbrar el fondo de su infinita noche.

 

AVE MALDITA

Dos nidos con mis cabellos
tejí en mis sienes y en ellos
se vino a posar un día
de tu boca el ave roja,
pérfida madre alegría
de mi incurable congoja.

Y en vano olvidar quisiera
lo que fue mi vida entera.
Que tus besos maldecidos
como vampiros sedientos,
a mis sienes suspendidos
me chupan los pensamientos.

 

OJOS DE MARIPOSA

¡Cómo baten! Cómo baten sin cesar sus negras alas
De tus grandes ojos bellos las inquietas mariposas.
Mientras brillan encendidas sobre el jaspe de sus galas
¡tus nostalgias infinitas y tus ansias pesarosas!

Quisieran para posarse la efigie de tus quimeras
y tras ella vanamente zigzaguean intranquilas:
en el espacio que abarcan semejan dos prisioneras
que sujeta el luminoso prendedor de tus pupilas.

Nací en una selva exótica; de mieles rico tesoro,
soy la flor maravillosa, soy la flor que tanto ansías.
Los libadores extraños de fino pico de oro,
se embriagan con el pomo de mis raras ambrosías.

Ven con tus dos mariposas al jardín donde te espera
para la sabrosa fiesta mi cáliz de labios rojos;
bébeme gota por gota la esencia, y haz que me muera
¡ Bajo una gloria tejida con las alas de tus ojos!

 

BARCAROLA DE UN ESCÉTICO

Alma mía
que tornas al viejo lar
con la red seca y vacía
de las orillas del mar,
con la red seca y vacía
que en la plenitud del día
no te atreviste a arrojar.

Yo he visto los pescadores
pescando gloria y amores
que disiparon después.
Unos llevan cosas muertas;
otros las llevan desiertas:
lo mismo es.

Alma mía,
que la red seca y vacía
no te atreviste a arrojar.
Entre la arena y las olas
existen dos cosas solas:
morir o matar.
Alma mía
que traes la red vacía
de las orillas del mar …

 

XXIX

Al azar, el destino
me pone en el camino
sus pupilas serenas,
y entonces, de mis penas
lo miro, placentero
seguir su vía dichosa,
el silencioso bando …
Tal el sepulturero:
deja el muerto en la fosa,
y se aleja, cantando …

 

EMOCION PANTEÍSTA

Señor, te diré que la sabrosa belleza
de esa tu carne pálida, me hace llorar de amor;
lloro por la magnolia de tu cara, por esa
cara que está desnuda sobre su tallo en flor.
Laureando con tu gracia mi gloriosa tristeza,
con hojas de tus ojos de cambiante verdor,
vas hasta el fondo arcano de mi naturaleza
por todos mis jardines y siempre vencedor.
Señor, quizá tú eres suavemente fuerte,
quizá tu cáliz dona consolación de muerte
a tiempo que florece tu espléndido fervor;
también yo soy ambigua, por eso es que te siento
y lloran, cuando abres bajo mi pensamiento,
mi aurora y mi crepúsculo su rocío de amor.

 

CUANDO ESPERABA DE MI

Cuando esperaba de mí
el tíempo se iba ligero;
hoy, que no puedo esperar,
no me voy nunca del tiempo.

 

VERSOS

Pides que vuele mi numen
sobre tu página blanca. . .*
Me volveré mariposa
para unirme a tu esperanza!
1
Y aunque el afán de esta noche,
en ti se extinga mañana…
Hacia el infinito, estrechos,
irán en la misma ráfaga,

1
el soplo gris de tu olvido
y el polvo azul de mis a l a s . ..

 

YO QUISIERA SABER LO QUE PASA POR TU MENTE

Yo quisiera saber lo que pasa por tu mente
cuando cruza el tropel de los raros hcchizos,
el que agita y alumbra la pálida frente,
coronada de negros e indómitos rizos ;

cuando enciéndese y brota la chispa febea,
con que sella su imagen tu anhelo gigante;
cuando nace y profunda germina la idea,
ta que vence y sacude la sien palpitante;

cuando miro en tu rostro la huella que imprime
con sus ansias secretas un alma que piensa,
y el aliento febril de tas labios reprime,
ta palabra que miare en ta boca suspensa ;

y te yergues y pliegas el ceño altanero,
al influjo pujante y anda: de los bríos,
que desatan al aire, cual flechas de acero,
de tus cejas viriles los arcos bravíos.

Cuando viene el ensueño fantástico y hondo,
a verter en las sombras un rayo potente,
y despierta la aurora que duerme en su fondo,
como el sol en la cuna triunfal del Oriente,

yo quisiera mirar al destello radiante
de ese extraño fulgor que en tus ojos oscila,
impregnarme de luzy vibrar un instante
en el brillo inmortal de tu negra pupila.

 

ODA A LA BELLEZA

Oh Belleza, que tú seas bendita,
ya que eres absolutamente pura,
ya que eres inviolada,
límpida, firme, sana e impoluta.
Fuente de la divina complacencia,
Oasis infinito
que prodigas los éxtasis beatos
y las románticas contemplaciones…

Adonde quiera que tu signo luzca,
adonde quiera que la esencia encarnes,
emerge de tu gaya fantasía
una gloria serena y luminosa
una fruición profunda e inefable…

Eres el cauce pródigo
surtidor de armonía,
crisol de místicas depuraciones,
la veta que colora y que sublima
el eterno miraje;
eres la gema augusta
prendida sobre el arca
fértil del universo.

Aunque el ciego te ignore,
el profano te niegue
y el infiel te repudie,
eres eternamente triunfadora
sobre la indiferencia de los necios
y la conjuración de los apóstatas…
Aunque los pecadores
te inculpen sus pecados,
y te acusen los réprobos
de atributos malditos,
eres inmaculada e inocente;
no te corrompes con la hiel del odio
ni la ponzoña del amor sacrílego.

Eres inaccesible,
Eres pasiva y sola,
sencilla y sobrehumana;
no inspiras, no padeces
el dominio imperial de la materia
ni la sensible turbación del alma…

Entre todos los acontecimientos
evoluciones, mitos y teorías,
entre la suficiencia que te alaba
y la diversidad que te interroga,
tú te levantas religiosamente
dentro la urna dúctil de tu forma
como en la alada prez del incensario
la inmunidad de la sagrada hostia.

Oh Belleza, que tú seas bendita,
más la sabia legión de tus apóstoles,
la entraña que te crea,
el sol que te ilumina,
el prisma que te agranda,
la plancha que te copia,
el áureo pedestal que te enaltece
y el soberano lis que te corona.

Por eso sobre el plinto de tu imagen,
sobre la majestad de tu hermosura,
sobre el fulgor joyante de tus iris,
sobre la egregia línea de tus curvas
pongo la rendición del canto mío…
a tu gracia inmortal loa fecunda.

 

LA TEMPESTAD

El diablo que me sopla harto frecuentemente
caprichos, incoherencias, raras genialidades,
me llevó por tu lado con aire indiferente
como entre sus vasallos cruzan las potestades.
Regresé en el crepúsculo y te vi de repente
entrar, grande y sonoro como las tempestades.
Relámpagos y truenos poblaron el ambiente
con cánticos de muerte y aciagas claridades …
Más tarde la armonía de las conciliaciones
unificó de nuevo nuestros dos corazones;
en el quedo silencio de la desierta sala
se fueron apagando las fórmulas postreras,
sólo tu voz quedóse diciendo «Mala … mala»,
como queda el monótono ritmo de las goteras.

 

CORAZON, CORAZON, AURORA MIA

Corazón, corazón, aurora mía,
amanecida en mi frente,
hostia de amor que en mi noche sombría
tu disco asomas milagrosamente;
ya que en la onda muda de mi ambiente
palpitó tu recóndita armonía
y planeó sobr& mi melancolía
la púrpura de tu sangre.
Ya que tienes en mí potencia suma,
detén frente a mi banco solitario
la antorcha de tu lírico esplendor;
y haré que mi existencia se consuma
de rodillas al pie de tu incensario
en una eterna comunión de amor.

 

EL CENTINELA

Es de junio la media noche impía
y volvemos en ronda de alegría
a la dorada claridad del cielo,
despertando las calles silenciosas
con nuestras risas de sonantes glosas
bajo las togas de albo terciopelo.
Y riendo y cantando a la ventura
nos cruzamos con una mancha oscura
que azota sin cesar el crudo viento;
es la silueta del guardián nocturno
que nos mira con ojo taciturno
como la sombra del remordimiento.

 

EL ATAÚD FLOTANTE

Mí esperanza, yo sé que tú estás muerta.
No tienes de los vivos
más que la instable fluctuación perpetua;
no sé si un tiempo vigorosa fuiste,
ahora, estás muerta.
Te han roído quién sabe
qué larvas metafísicas que hicieron
entre tu dulce carne su cosecha.
En vano
el mágico abanico de tus alas
con irisadas ráfagas me orea
soltando al aire turbadoras chispas.
Yo sé que tú eres de esas
que vuelven redivivas en la noche
a decir otra vez su última verba…
Ya te he visto venir
blanca y piadosa como un santo espíritu
sobre el vaivén de las marinas ondas;
te he visto en el fulgor de las estrellas,
y hasta  los bordes de mi quieta planta
danzan tus llamas en festivas rondas.
Pero si al interior vuelvo los ojos
Veo la sombra de tu mancha negra,
miro tu nebulosa en el vacío
dar poco a poco su visión suspensa;
sin el miraje de los fueros fatuos
veo la sombra de tu mancha negra.
No llores porque sé los ojos míos
saben vivir en lontananzas huecas;
míralos secos y tranquilos; márchate
y el flotante ataúd reposar deja
hasta que junto a ti también tendida
nos abracemos como hermanas buenas
y otra vez enlazadas nos durmamos
en el sepulcro vivo de la tierra.

 

PARA SIEMPRE

Aunque los agudos dardos
me claves de tus desdenes
de tu luz seré la sombra
para siempre, dueño mío, para siempre

Y aunque una herida me abras
a cada paso que sigo.
Mi vida irá con la tuya
para siempre, para siempre dueño mío.

Ve, no más, como un fantasma
tras el supremo deleite
del amor y de la gloria
para siempre, dueño mío, para siempre.

Que después que hayas muerto
yo me volveré al olvido.
Y te guardarán mis brazos
para siempre, para siempre dueño mío.

 

FLOR DE PENA

Flor de sepulcros, hija de sombras, madre de penas,
Dame esa sangre, savia de muerte que hay en tus venas,
Yo de mi frente, cuna sin lumbre, sin alegrías,
Te daré en cambio las insondables melancolías.
No hay sol que encienda sus explosiones en mis miradas,
Ni con tus mieles las mariposas celebran fiesta;
No vierten riego para tu cáliz las alboradas,
Ni dan perfume las pasionarias de mi floresta.
Dentro la copa, bruñido nácar que el tallo esmalta.
Tienes la vaga, lánguida esencia que a mi me falta;
Yo, cual de fértil, rica vertiente, gata de oro,
Para tu cáliz en mis pupilas tengo un tesoro.
Y así, en las horas crepusculares de nuestro invierno,
Llenas de duelo, llenas de sombras, llenas de frío,
Tu y yo seremos en nuestro dulce consorcio eterno,
Llanto y consuelo, tu mi perfume, yo tu rocío.

 

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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